Palestina/Israel

Por Dr. Mahmoud M. Rabbani - Viernes, 29 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Donald Trump pone de actualidad el conflicto palestino-israelí con su decisión de reconocer Jerusalén como capital de Israel, evitando cuidadosamente citar Jerusalén Este como capital de un futuro Estado palestino, despreciando el derecho internacional, las resoluciones del Consejo de Seguridad y de la Asamblea General de la ONU al respecto. Todos los miembros del Consejo de Seguridad han rechazado esta provocativa decisión, excepto por supuesto la delegación de Trump, en sus reuniones de los días 8 y 18 de diciembre, y lo mismo ocurrió en la reunión de la Asamblea General de la ONU del pasado día 21 de diciembre, con 128 votos frente a 9 votos, a pesar de la amenaza/chantaje de Trump de recortar ayudas a los que votaran en contra de su decisión.

Este año de 2017 fue de conmemoraciones remarcables para fechas significativas en el conflicto palestino-israelí. El 2 de noviembre se conmemoró el centenario de la declaración de Balfour de 1917 con el fin de crear un hogar nacional judío en Palestina, y origen del conflicto. El 5 de junio fue el cincuenta aniversario de la conocida como la guerra de los seis días de 1967, que dio como resultado la ocupación israelí y colonización ilegal en Cisjordania y Gaza. El 29 de noviembre fue el setenta aniversario de la Resolución 181 (II) de la ONU de partición de Palestina en un estado judío y otro árabe palestino. Y el próximo 15 de mayo tendremos el setenta aniversario de la Nakba palestina en 1948 con una amplia limpieza étnica de no judíos.

En 1917 había 60.000 judíos palestinos/europeos y 700.000 palestinos, cristianos y musulmanes. A pesar de ello, esta declaración de Balfour, racista y no democrática, negaba el derecho a tener un Estado para todos los habitantes en Palestina, sino exclusivamente judío, permitiendo que los indígenas y dueños del país fueran objeto de expulsión.

Gran Bretaña, siguiendo al pie de la letra esta declaración, ha hecho uso de su gran potencia, teniendo el mandato sobre Palestina después de la Primera Guerra Mundial, para dar todo el apoyo con leyes y logístico necesario al movimiento sionista con el fin de ir acaparando recursos fundamentales de agua, terreno e infraestructuras, y aumentar la población judía mediante emigraciones masivas, con la idea de crear un Estado judío, sacrificando los derechos, bienes y propiedades de los indígenas. Con ello, Gran Bretaña ha incumplido los artículos 1.2 y 55 de la carta de Naciones Unidas de 1945, al no permitir al pueblo palestino, bajo el colonialismo, ejercer su derecho a la libre determinación.

El 29 de noviembre de 1947, y bajo presiones, la Asamblea General de la ONU aprobó la resolución 181 (II) en contra de las aspiraciones del pueblo palestino por un Estado democrático para todos. Dicha resolución aprobaba la partición de Palestina en dos estados: uno judío (sobre el 56% del total del territorio) y otro árabe palestino (sobre el 43% del territorio). En cuanto a la población, el Estado judío debía comprender 498.000 judíos y 497.000 árabes;el Estado árabe debía comprender 725.000 árabes y 10.000 judíos. El resto de árabes y judíos en “la zona internacional de Jerusalén”.

Lo paradójico es que el artículo 10 de la resolución 181 decía: “la constitución de cada estado debe ser democrática y contener la provisión 10.d”, que garantizaba a todas las personas los mismos derechos y no discriminatorios

Sin embargo, la resolución hablaba de un Estado judío en Palestina. Una pregunta objetiva es: ¿cómo es posible que un Estado, que quiere ser judío, pueda garantizar los derechos de la mitad de su población que no lo es? El objetivo de un Estado judío es contradictorio con la provisión 10.d. Lo lógico hubiese sido, tal como pedían los palestinos desde el principio, un único Estado democrático, y no dos estados en toda Palestina, donde todos los ciudadanos, independientemente de su raza o religión, tengan los mismos derechos. Es una solución ética y de justicia tanto para judíos como palestinos no judíos. Los acontecimientos certificaron lo que temían: Israel se adueñó del 77,4% de Palestina (7,23% pertenecía legalmente a israelíes) a finales de 1948. Aún peor, la expulsión/huida bajo el terror de 750.000 palestinos a manos de las milicias del movimiento sionista, de sus hogares, y pérdida de sus propiedades, destruyendo 500 localidades palestinas y la sociedad palestina en el Israel de hoy. Los historiadores israelíes Ilan Pappé y Benni Morris, entre otros, lo consideran como limpieza étnica planificada por David Ben Gurión y objetivo desde siempre por el movimiento sionista.

Actualmente, el camino marcado por las resoluciones de la ONU y la legalidad internacional para la solución del conflicto palestino-israelí pasa por la creación de un Estado palestino en los territorios palestinos ocupados en 1967 con Jerusalén Este como capital, donde viven 5 millones de palestinos, y la aplicación de la resolución 194 sobre el derecho al retorno de los refugiados palestinos.

Israel sigue poniendo obstáculos a esta solución con su política de asentamientos en Cisjordania y Jerusalén con más de 600.000 nuevos colonos judíos. Es la estrategia territorial sionista desde hace 100 años del movimiento sionista de encerrar, hacer la vida imposible y obligar a los indígenas palestinos a marcharse. Actualmente más del 60% de Cisjordania está fuera del control de la Autoridad Nacional Palestina. Esto hace más difícil la creación de un Estado palestino continuo y viable. Parece ser el objetivo final de la política actual del Gobierno israelí, dominado por derechistas y extremistas, buscando el control de lo que ellos llaman Judea. Esto convierte a Israel en un Estado con un sistema de apartheid, peor aún que el sufrido por Sudáfrica. La comunidad internacional, como decía John Kerry, exsecretario de Estado de Estados Unidos con Obama, difícilmente podría aceptar un nuevo sistema deapartheid en el siglo XXI, esta vez en Palestina. A los palestinos no les quedará otra alternativa que seguir las movilizaciones populares, diplomáticas y de boicot contra esta política de ocupación/colonización y de gueto/discriminación para conseguir la paz con libertad y sin ocupación.

El autor es cofundador de Paz en Palestina (1991)