Mar de fondo

El malo anónimo

Por Xabi Larrañaga - Sábado, 30 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

dos jóvenes que volvían a casa tras celebrar Santo Tomás en Bilbao, con perdón, fueron golpeados, robados y uno de ellos quizás pierda un ojo. Aún no ha abierto ninguno. En bares y foros se opinaba que los salvajes serían chavales moros. ¿Por qué? Porque casi todo festero allí ha sido robado o conoce a quien ha sido robado por ellos. En una discusión abstracta hago esta pregunta concreta: ¿quienes trataron de mangarte la cartera, acaso eran chinos? ¿Y quienes levantaron el móvil a tu novia, senegaleses? No, pero…

¿Significa eso que todos los chavales moros roban? No, salvo que uno quiera entenderlo así para cerrar el debate. Mis vecinos, ya que estamos, son libios. Pero, de igual modo que cuando mataban concejales el asesino solía ser un paisano, y había razones objetivas para pensarlo, por desgracia ahora las hay para pensar que ese tipo de ladrón violento, en la noche bilbaína, suele ser quien es. Pronto las evidencias se hicieron virales, y el augurio se cumplió. Casualidad, supongo.

La Policía pidió colaboración ciudadana, y los medios colaboraron en la ocultación. Ni airearon el obvio origen de los agresores ni publicaron lo que media ciudad ya había visto. Así cae su prestigio hasta el ridículo. Y es que hoy ya se sabe que el malo es foráneo precisamente cuando se nos niega esa información. Si es el Prenda o un neonazi, no hay duda en mostrar su Instagram. Claro que, al parecer, lo grave no es que la población sospeche y acierte, sino que sospeche, aunque acierte. Y digo yo que para arreglar un problema lo primero será aceptarlo. En fin, que la verdad para la elite, ya que el pueblo la malinterpreta. Seguid mudos, y gritará la ultraderecha.