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Y tiro porque me toca

Y en esta situación...

Por Miguel Sánchez-Ostiz - Domingo, 31 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

“Y en esta situación terminó el año”, así concluían las antiguas hojas de servicio militares, el recuento de lo hecho durante el año y los destinos. Esta no lo es, no somos militares, no estamos de servicio, pero el año termina en una situación a la que merece la pena referirse.

Falleció la hija del dictador Franco, antipático personaje, por sí misma y por ser hija de quien era, y haber hecho fortuna por ello y no por otra cosa. Eso ha motivado en las redes sociales comentarios acerbos, vitriólicos, acerca de sus andanzas o de la combativa presidencia de una fundación que ensalza la figura del dictador y con él la dictadura, algo que se acomoda mal a la Ley de Memoria Histórica, pero que recibe una cuantiosa subvención del Gobierno. Todo muy normal, muy coherente sobre todo con un clima social y político que no ha hecho más que afianzarse en los últimos años. Pero los comentarios más tristes son los que han recordado que mientras los grandes medios de comunicación hablan de la fallecida como una personalidad relevante en la vida nacional, más de cien mil españoles esperan muchas veces en balde y en lugares desconocidos ser rescatados de la fosa en la que yacen, a causa, precisamente, del golpe militar del general Franco y de la represión generalizada que se desató.

Pero es ese aluvión de comentarios (y de fundados temores a hacerlo de manera libre y espontánea) lo que me interesa, no por sí mismos y su ocasional brutalidad, sino porque prueban que el franquismo y su herencia no están en modo alguno liquidados. Hoy, la hija se lleva las burlas y pellas que no se llevó el padre. Por qué, conviene preguntárselo en un año caracterizado por la represión de la libertad de expresión, que no ha perjudicado a todos por igual. Y para mí la respuesta no es otra que porque una buena parte nada desdeñable del país, se diga lo que se diga, tiene cuentas pendientes con el pasado, azuzadas me temo con el presente. La nuestra no es una verdadera reconciliación. Nos puede lo que nos gustaría que fuera sobre lo que es. Si el presente no fuera el que es o el que amenaza con seguir siendo, las cosas podrían ser distintas.

Año Mordaza dicen, y el PP quiere acabar con el anonimato de las redes, algo que le beneficiaría, no para reprimir ataques personales a sus miembros o adheridos, sino para limitar mucho la capacidad de denuncia pública de sus desmanes, corrupciones y abusos. Anonimato y persecución de hecho ya por parte de la policía en las redes y seguimos sin saber quién es M. Rajoy, beneficiario de pagos de origen fraudulento en el ámbito del partido que gobierna porque a una magistratura cómplice no le da la gana de que lo sepamos.

Resulta bochornoso que la grave situación catalana haya provocado no ya una respuesta política de estado, sino chanzas, burlas e insultos, como si el país no fuera capaz de salir de la majeza y resolviera sus asuntos más graves con maneras goyescas, a los majos y majas me refiero, porque de sus negritudes ya vamos servidos. Resulta lamentable. El Gobierno es manifiestamente incapaz de gestionar esa crisis de Estado de otra manera que no sea por la fuerza y de encarar que la mayoría parlamentaria catalana es, de nuevo, independentista. Y el legítimo recurso a unas ideas jacobinas me parece que ahora mismo es insuficiente. Enrocarse en posturas enfrentadas no es la solución. Reconstruir lo que no fue de verdad construido, y no me refiero solo a las cuestiones territoriales, sino también a las educacionales y emocionales de arraigo y desarraigo, de instrucción pública -porque los últimos meses han sido pródigos en muestras de que aquí no es que falte cultura, sino instrucción-, de una legalidad que no funcione como una recortada, de aprovechamiento y redistribución de riquezas y recursos, es un mal papel, y un reto por el que resulta difícil apostar. Y cuanto más se tarde en entrar en un periodo constituyente, peor.

En esta situación pues termina el año, al margen de los propósitos de la enmienda, porque mañana, ¿verdad?, lo dejamos todo, seremos otros, vidas serenas las nuestras o rebeldemente aventureras por arte de birlibirloque. Mañana, otro día, y si no el mismo día uno muy parecido y con resaca hasta de nosotros mismos.

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