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Vender miedo es lo que más clientela ahuyenta

Por Eneko Astigarraga - Domingo, 31 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Los representantes de las Asociaciones de Comerciantes del Casco Antiguo y del Ensanche de Pamplona se han lanzado en una campaña mediática para expresar su desacuerdo con las medidas tomadas por el Ayuntamiento en relación con las restricciones de acceso, circulación y aparcamiento que han implantado a partir de septiembre y que buscan reducir el impacto nocivo del tráfico motorizado y del aparcamiento en superficie en esas zonas.

Así, además de las sucesivas apariciones en prensa, han presentado recientemente un

informe que viene a demostrar cómo estas medidas están sirviendo para desincentivar las compras en sus establecimientos asociados, del orden de un 10 a un 20% comparadas con las correspondientes a los mismos meses de hace un año. Sus datos proceden de las cifras desagregadas e interpretadas de los Institutos Navarro y Nacional de Estadística y de unas encuestas anónimas que han realizado entre sus asociados.

No vamos a cuestionar la veracidad ni el sesgo de dichos datos y la interpretación que de

ellos hacen estas asociaciones, lo que nos preocupa a la gente que estamos presenciando todo este proceso en primera fila es el talante y la finalidad de estas quejas, expresadas con semejante contundencia e insistencia.

La defensa de los intereses de los comerciantes asociados es legítima, sin duda, aunque

haya que mostrar cautela respecto a su alarmismo, porque ni ha dado tiempo suficiente de ver qué pasa efectivamente con las medidas tomadas por este Ayuntamiento, ni valoran otro tipo de factores como la propia vitalidad del comercio en dichas zonas o la tendencia de los últimos años.

Lo que no parece tan razonable es que este alarmismo sea el canal más adecuado para

impulsar dichas áreas comerciales, máxime cuando los responsables de las distintas áreas del Ayuntamiento han dado suficientes muestras no solo de ser accesibles y razonables en sus interlocuciones, presentaciones y procesos de participación, sino que han demostrado que van a seguir adelante con dichas medidas sin ningún tipo de dudas.

Sé que puede sonar conformista pero, dado que la cosa a corto plazo pinta irreversible, ¿de qué vale empecinarnos y mostrar nuestra oposición rotunda a este proceso? ¿Va esta resistencia a cambiar algo a corto plazo? Y lo que es más importante, ¿va a salvar la situación desesperada de esos comercios que dicen haberse visto afectados hasta tal punto de poner en juego su viabilidad o los puestos de trabajo que emplean?

¿No será más perjudicial para esos comercios y para toda la zona, desde un punto de vista comercial, seguir demostrando que es una zona en depresión y que lo que no es más que un simple control de accesos y una regulación del aparcamiento en unas zonas que ofrecían escasas oportunidades reales de hacerlo es lo que ha provocado el fracaso de esos negocios y va a abocar a todo ese área de Pamplona a un declive irreversible?

¿De verdad creemos o creen los representantes de los comerciantes asociados que su

actitud está beneficiando los intereses comerciales de la zona? ¿No están levantando una fabulosa cortina de miedo alrededor de todo este proceso que el único mensaje que está difundiendo es que lo Viejo y el centro están en declive, en depresión y que son inaccesibles? ¿Es eso lo que se busca? Porque sin duda es lo que se está consiguiendo, más allá de las reivindicaciones y negociaciones sectoriales.

La clientela, la supuesta, la real y la potencial, está siendo bombardeada por un mensaje unívoco de sus comerciantes asociados que, por pura repetición, les está calando y está sirviendo, en el mejor de los casos, para buscar apoyos testimoniales o compras compasivas, pero, en el peor, para que se cuestionen si les merece la pena seguir comprando en sus establecimientos de estas zonas o salir huyendo a la periferia o al ciberespacio, ahuyentados por sus propios comerciantes. Esto es lo verdaderamente preocupante y esto es lo verdaderamente cuestionable de la acciones que están protagonizando las asociaciones de comerciantes.

Si en vez de iniciar esta resistencia y protagonizar toda esa batería de ataques frontales al proceso de amabilización del centro, se hubieran esforzado en entender y dar a entender cuáles son los beneficios del nuevo escenario planteado por el Ayuntamiento y empujar para que dichas medidas, la principal de las cuales es la simple puesta en valor de las condiciones de peatonalización que promovieron esos mismos comerciantes hace más de una década, sirven para mejorar la calidad de dichas zonas, tanto en habitabilidad, en contaminación como en seguridad y aprovechamiento del espacio, la cosa seguro que pintaría mucho más halagüeña y favorable.

Esperemos que estas asociaciones recapaciten sobre el verdadero efecto de sus acciones y se pongan a trabajar para que las cosas cambien para mejor, proponiendo acciones de promoción y reinvención del comercio en el centro, en vez de tratar de mantener unas condiciones insostenibles, que además no van a volver. Y no hablamos de acceder mejor o peor en coche, el análisis debe ser mucho más profundo, más consecuente, más ambicioso y con más perspectiva de ciudad y de espacio urbano.

El autor es trabajador de Oraintxe y miembro de la Asociación de Comerciantes del Casco Antiguo

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