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Republicanismo

Ese cozcor

Por Santiago Cervera - Domingo, 31 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

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El propósito navideño consiste en no citar nombres, que luego algunos dicen que es el resentimiento el que dicta estos artículos. Nada de eso. Pero si algo ha de contener el comentario de lo que pasa es la referencia a lo que pasó. Resulta que el actual Gobierno de Navarra, sin prisa y sin pausa, ha acordado con el de España el nuevo sistema de cálculo de la aportación, y hete aquí que se han podido regularizar asuntos pendientes con saldo notablemente fructuoso para la Comunidad Foral. Imposible no recordar ese periodo pasado en el que los que se decían auténticos especialistas en Navarra -un supremacismo como otro cualquiera- dejaron pasar el tiempo sin llamar a la puerta de Madrid, no vaya a ser que nos tomen por egocéntricos, se lo cuenten a cualquier tertuliano, y nos lo afeen en algún medio. Tiempo en el que no sólo no se aplicó el cálculo real del impuesto de hidrocarburos, sino en el que se perdieron oportunidades de correr a la calle Alcalá a reclamar la aplicación inmediata para Navarra de tantas nuevas modalidades tributarias como iban surgiendo. Por ejemplo, el impuesto por loterías, ese 20% de voracidad adicional sobre determinados premios que por mor de la incuria de aquellos especialistas cobraba el Estado incluso a los que se habían comprado el décimo en la Plaza del Castillo. Hubo una época en la que los técnicos de la Hacienda foral alertaban ante cualquier cambio normativo tributario en el régimen común, e inmediatamente se solicitaba la negociación de la contrapartida. Eso quedó arrumbado en el momento en el que a alguien le empezó a importar más su imagen en la Villa y Corte que cumplir con lo que no sólo era tradicional, sino rotundamente correspondiente con el modelo de corresponsabilidad fiscal de Navarra en el conjunto de España. Cabe ponderar, calculadora mediante, lo que esa actitud ha costado a las arcas forales, cuánta deuda hay remansada que podría haberse minorado en origen si aquellos consejeros de Hacienda -el tan pagado de sí mismo y la que se limitó a ocupar su despacho después- hubieran sabido ejercer en concordancia con el compromiso adquirido el día de su toma de posesión, impregnados de ese cozcor foralista con el que hay que tratar las cosas de la aportación y el Convenio. Incapaces de trazar un rumbo en tiempos de crisis, lo fueron también de entender mínimamente su función al servicio de los navarros. Clarísimos especialistas en Navarra.

Los beneficios para el actual Gobierno de Navarra de la firma de esta semana no serán tanto el poder disponer de algo más de presupuesto -el respiro acordado irá a reducir deuda, es decir, a abonar lo que ya se había gastado-, sino los derivados de haber demostrado entender cuál es su papel y cuáles los instrumentos institucionales para ejercerlo. La posición en la que queda UPN es ciertamente penosa, cuando ellos y quienes les acunan en lo económico y lo mediático quisieron hacer del modelo foral no tanto una singularidad idiosincráticamente navarra, sino una propiedad del navarrismo. Si algo articuló doctrinalmente al regionalismo acantonado que mora en Príncipe de Viana fue aquello de que Navarra sólo será viable políticamente si lo es económicamente. Pues a falta de dieciocho meses para las elecciones, tenemos que la parte más claramente exitosa de la ejecutoria del actual Gobierno es la de haber zanjado la progresión de la deuda, mejorado la financiación del gasto y aplicado la lógica de la estabilización como reclamo de autoridad hacia la economía real. A un cuatripartito es inútil pedirle que baje impuestos, y yo sigo sin entender qué hace el dinero público en Davalor, pero el plano de responsabilidad más general, el que se refiere a la mejora de la solvencia económica de Navarra como comunidad política, está mejor entendido por estos que por sus precedentes. Por añadidura, no se ve mucha capacidad de recomponer el discurso en quienes hicieron de todo esto un mantra, íntimamente asociado al de lo benéfica que resultaba la labor política a efectos de trasiego de cemento, dígase Canal o TAV. Resucitan, incluso, personajes del pasado hablando de lo mismo de siempre, de ese supuesto futuro de Navarra consistente en la economía del hormigón y la promiscuidad entre sus partidarios. En efecto, quedan dieciocho meses para las elecciones, aunque se sigan escuchando, y viendo, a los mismos espectros de hace dieciocho años.