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Los bomberos realizan un promedio de 15 búsquedas y rescates acuáticos al año

La mayoría son desaparecidos que se han precipitado a ríos o embalses

Los miembros del GRA también colaboran en investigaciones policiales para recuperar pruebas, como armas

Jesús Morales | Patxi Cascante - Domingo, 31 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Miembros de Grupo de Rescate Acuático de Bomberos (GRA), durante una práctica en la balsa de La Morea, en Beriáin.

Miembros de Grupo de Rescate Acuático de Bomberos (GRA), durante una práctica en la balsa de La Morea, en Beriáin. (PATXI CASCANTE)

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Miembros de Grupo de Rescate Acuático de Bomberos (GRA), durante una práctica en la balsa de La Morea, en Beriáin.

sonda y detector

HERRAMIENTAS TECNOLÓGICAS

Una ayuda en el fondo. Las búsquedas y rescates acuáticos no son ajenas al empleo de tecnología, “aunque las herramientas existentes no son la panacea”, señala el responsable del GRA, Alberto Garde. Los bomberos disponen de una sonda que realiza “un perfil del fondo, con datos sobre la temperatura del agua, la profundidad, la orografía... Es como una ecografía. Además detecta muy bien los objetos que están a dos aguas, es decir, en suspensión, pero detecta bastante mal los objetos que están en el fondo. Eso sí, necesita trabajar con una determinada profundidad”. El detector de metales es la otra herramienta tecnológica que emplean los bomberos para realizar búsquedas subacuáticas. “Es como el instrumento que podemos ver a gente usando en la playa, formado por un mango y un plato, con la única diferencia que se puede sumergir. Un submarinista va barriendo el fondo con él y cuando pita, el otro submarinista comprueba el objeto”.

PAMPLONA- Saben que su trabajo consiste, la mayoría de las veces, en cerrar historias de la peor manera posible, pero toda historia necesita un final. El Grupo de Rescate Acuático (GRA) del Servicio de Bomberos del Gobierno de Navarra realiza cada año un promedio de quince búsquedas y rescates, principalmente de personas desaparecidas precipitadas a ríos o embalses, aunque también colaboran en investigaciones policiales buscando pruebas. En algunos casos, las dos casuísticas confluyen, como ocurrió a principios de diciembre en el asesinato del joven Wilman Paul Cabrera en Caparroso o a principios del año 2017 con la vecina de Burlada que fue estrangulada por su pareja y arrojada al río en Arre.

Actualmente, el grupo de submarinistas de los Bomberos está compuesto por 17 efectivos, todos ellos habilitados con el título de buzo profesional, según explica uno de sus dos responsables, el sargento de Bomberos Alberto Garde, quien señala que están “capacitados para realizar cualquier rescate acuático en Navarra”. Además, disponen de la titulación correspondiente para manejar embarcaciones con motores fuerabordas de cualquier potencia (sin titulación solo se pueden manejar motores de hasta 15 caballos de potencia).

Antes que submarinistas, sin embargo, estos profesionales distribuidos por todos los parques de Navarra son bomberos, es decir, realizan el trabajo que cualquier otro efectivo del servicio realiza habitualmente, en los mismos puestos que el resto de la plantilla (extinción de incendios, rescate en accidentes de tráfico, etc.), con la única excepción de que si existe una emergencia en el medio acuático son ellos los que intervienen. “Todos los días tenemos tres submarinistas disponibles para actuar ante cualquier contingencia, bien en el turno de trabajo o localizados por teléfono”, indica Garde. En los casos en los que es necesario bucear, se moviliza un cuarto miembro del GRA, ya que la legislación impone que los equipos estén formados por un mínimo de cuatro personas (dos en superficie y dos en el agua).

PERSONAS DESAPARECIDASLos submarinistas de los Bomberos se movilizan a petición de SOS Navarra, la mayoría de las veces para realizar búsquedas de personas desaparecidas que han podido precipitarse a un río. También pueden ser movilizados a solicitud de la Policía Foral para colaborar en investigaciones. “El promedio de búsquedas y rescates acuáticos que hacemos al año ronda la quincena, mayormente de personas”, señala Garde, que admite que “pasados cinco minutos de caer a un río, ya es casi imposible rescatar a la persona viva. Aunque para las familias es un momento duro, encontrar a su ser querido supone un descanso”.

Cada uno de los buzos de los Bomberos realizan nueve maniobras al año. Son jornadas de prácticas en el agua: ríos, embalses, cañones, canales... cualquier medio acuático donde se les puede requerir para hacer un rescate. “Hacemos maniobras en la balsa de La Morea de Beriáin, en el pantano de Alloz, en el pantano de Yesa, en el pantano de Itoiz, en la foz de Arbaiun, en la foz de Lumbier, en todas las zonas catalogadas por el Gobierno de Navarra como zonas de baño... Procuramos hacer las prácticas en lugares donde puede haber un siniestro, sitios que tienen complicaciones a los que acude gente”. Durante los ejercicios simulan búsquedas de objetos -“desde el más pequeño que te puedas imaginar hasta el más grande. Hemos tenido que buscar desde una cartera o una navaja, hasta un coche”- y personas, prácticas para las que emplean muñecos.

Garde reconoce que las búsquedas reales que realizan se refieren, “en el 99% de los casos a personas fallecidas. Solo guardo el recuerdo de un hecho que no fue así, el de un rescate en Isaba, en la Cueva del Ibón, en el año 2000. Una pareja quedó atrapada al llenarse el sifón que formaba la cueva debido a una tormenta. Tuvimos que bucear el sifón y encontramos a la pareja helada, sin luz. Les llevamos equipo de buceo para sacarlos de uno en uno. Pero habitualmente nos llaman porque alguna persona se ha caído al río o se ha lanzado”, admite el responsable del GRA. “Por muy rápido que te movilices, no hay posibilidades de supervivencia”.

Las búsquedas, que se realizan al tacto y siempre en pareja, son “muy difíciles” por la falta de visibilidad, que depende del río, de la época del año (“en invierno se ve un poco más”), o del embalse. “En Yesa dejas de ver nada más sumergirte. Se ve una luz marrón, pero no se ve. Nos acercamos los instrumentos de medida que llevamos al ojo y no es posible verlos. Si usamos una linterna, se produce el mismo efecto que cuando enciendes los faros del coche en la niebla. Conforme vas bajando, la luz marrón se va convirtiendo en negra. Yo abro y cierro los ojos y no noto la diferencia. En Alloz, sin embargo, hay más visibilidad. A una profundidad de 4 o 5 metros se ve a 20 centímetros”, indica Garde.

Otro de los handicaps de las búsquedas acuáticas es la comunicación entre los dos buceadores, que se realiza mediante signos. “Es una forma muy limitada de comunicarnos: estás bien, para, subimos o poco más. Hemos estado utilizando un equipo de comunicación subacuática y estamos en proceso de adquirir otro. Está compuesto por un auricular y un micrófono que te permite comunicarte con el otro buzo y con la superficie, con el personal que está en la barca. Aparte de dar mucha tranquilidad, facilita mucho los trabajos”.

FONDEOS Y BOYAS DE REFERENCIAGarde compara las búsquedas subacuáticas con el juego de la gallinita ciega. “Bajar al fondo del río es como si te vendan los ojos y te dan unas vueltas en una habitación. Cuando te sumerges, al no haber visibilidad, no sabes exactamente cuál es tu posición”. Para solventar este inconveniente, los submarinistas emplean fondeos o pesos, unidos a boyas, la primera de las cuales se coloca en el punto de referencia de la desaparición de una persona o un objeto.

A partir de ahí, indica Garde, según sea el medio, los submarinistas realizan “búsquedas lineales, en cuadrícula, en semicírculo... En los ríos hacemos habitualmente búsquedas longitudinales a favor de la corriente, desde una orilla hasta la otra. Para ello usamos cuerdas lastradas, con alma de plomo, de 25 o 50 metros de longitud, que se disponen según el cauce del río atadas a dos fondos, que caen hasta el fondo. Una pareja de submarinistas se sumerge y, agarrado uno de ellos a la cuerda por un lado, y el otro a la muñeca de su compañero, recorren la cuerda realizando la búsqueda al tacto”.

Los tiempos de búsqueda dependen de la temperatura del agua y del esfuerzo que requiera la búsqueda, y están marcados por la cantidad de aire de las botellas. “Con los equipos bibotella que tenemos ahora, que admite 3.600 litros de aire, un buzo debe salir a la superficie con 1.200 litros. En una intervención normal, si no es a mucha profundidad, los submarinistas pueden estar trabajando entre 40 minutos y una hora”, explica el responsable del GRA de Bomberos, que indica que el jefe del equipo organiza los turnos de buceo con el personal disponible y los parámetros técnicos de la inmersión, que quedan almacenados en el ordenador de buceo de cada submarinista.

BÚSQUEDAS DESTACADAS

Julio de 2009, crimen de María Puy Pérez Ezpeleta. Los bomberos localizaron las armas de fuego y otras que José María Morentin Duarte, el autor del asesinato de la estella María Puy Pérez Ezpeleta, había arrojado al río Ebro en Lodosa para intentar encubrir el crimen.

Febrero de 2010, caída en Pamplona. Los bomberos encontraron el cuerpo del joven Rubén Abadiano García, vecino de Burlada, que dos días antes se había precipitado al río Arga cuando cruzaba las pasarelas del Club Natación de Pamplona. Se encontraba sumergido a unos 450 metros de distancia, cerca del puente de la Magdalena.

Enero de 2017, crimen de Burlada. Cinco días después de que fuera estrangulada y arrojada al río Ultzama en Arre por su pareja sentimental, los bomberos hallaron en el río Arga a su paso por el barrio de la Rochapea el cuerpo de Blanca Esther Marqués Andrés.

Diciembre de 2017, crimen de Caparroso. Después de varios días de búsqueda y de rastrear el fondo de más de medio kilómetro del río Aragón, los bomberos localizaron el cuerpo de Wilman Paul Cabrera sumergido a dos aguas, es decir, sin estar en el fondo. El cadáver acreditó la comisión de un asesinato.