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Amianto, la cuestión silenciosa y silenciada

Ananar es una asociación que agrupa a víctimas del amianto de Navarra, primera causa de mortalidad en el trabajo. Se prevén picos en 2020-25

Nerea Mazkiaran - Domingo, 31 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Nerea Azcona, Joseba Azpiroz, Mª Asun Fernández y Eider Azcona, socios de Ananar, junto a la entrada de su oficina en la calle Estafeta.

Nerea Azcona, Joseba Azpiroz, Mª Asun Fernández y Eider Azcona, socios de Ananar, junto a la entrada de su oficina en la calle Estafeta. (NEREA MAZKIARAN)

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Nerea Azcona, Joseba Azpiroz, Mª Asun Fernández y Eider Azcona, socios de Ananar, junto a la entrada de su oficina en la calle Estafeta.

“Un médico nos dijo que el amianto estaba en el ambiente de algunas empresas”

pamplona- Recién jubilado, con muchas ganas de disfrutar de esta nueva etapa de la vida con su compañera de viaje, a Txema Esteban le diagnosticaron en mayo de 2016 mesotelioma pleural, más conocido como cáncer de pleura, una enfermedad vinculada al amianto. Los médicos les dijeron que era cuestión de meses. “Nos encontramos solos. No sabíamos dónde ir y miramos en internet. Nos asustamos mucho”, recuerda su viuda, Mª Asun Fernández. Aunque Txema Esteban luchó hasta el final, falleció el pasado 19 de noviembre tras año y medio. Antes fundó junto con su mujer Ananar, una asociación de víctimas del amianto para acompañar a otras personas en ese duro camino y también para recabar fondos para la investigación que se está llevando a cabo en el Instituto Pasteur. “Aunque por ahora es una enfermedad incurable, han desarrollo un fármaco que ha conseguida pararla en animales”, observa la presidenta de la asociación.

Su marido trabajó durante 14 años en Superser, en Cordovilla, de los 19 a los 33. “Un médico nos dijo que el amianto estaba en el ambiente”, apunta Mª Asun Fernández. También trabajó unos años en esta fábrica de electrodomésticos absorbida por BSH Ángela Martínez, que falleció un mes antes, el 19 de octubre, transcurridos dos meses y medio desde el diagnóstico. “Mi madre nos contaba que almorzaban encima del amianto”, apuntan sus hijas Nerea y Eider Azcona, al tiempo que destacan que las enfermedades derivadas del amianto se detectan entre 35 y 60 años después de la primera exposición a este mineral.

Así, son enfermedades silenciosas y también silenciadas, según destaca la presidenta de Ananar. “Hay mucho miedo”, asegura. Además, no siempre es fácil que pueda ser reconocida como una enfermedad profesional. “Son muy importantes los informes médicos y depende mucho de los jueces”, apunta Mª Asun Fernández. “A la hora de indemnizar no hay baremos propios y se sigue el de los de accidentes de tráfico”, señalan con dolor las hermanas Azcona. Y es que la pérdida de sus seres queridos está todavía muy reciente, una tristeza que se mezcla con la rabia de una muerte que se podía haber evitado de no haber primado los beneficios económicos frente a la salud de los trabajadores.

“La Organización Mundial de la Salud ya advirtió en los años 40 que el amianto podía provocar graves problemas respiratorios. A pesar de ello, se omitió y no se tomó ninguna medida de seguridad”, se lamentan. Lo corrobora Joseba Azpiroz, quién trabajó de 1965 a 1975 en Sunsundegui en la reparación de vagones, cuyas estructuras estaban recubiertas de placas de amianto que manipulaban sin ningún tipo de protección. A este altsasuarra le diagnosticaron cáncer hace tres años. Desde entonces está peleando, con sesiones de quimioterapia que alterna con terapias naturales. “Cada enfermo es diferente. Cada cuerpo reacciona diferente y no saben cómo tratarlos. Van a voleo”, apunta Mª Asun Fernánez, quién alerta de que el amianto “está por todos los lados”.

Y es que este mineral fibroso era barato y de excelentes cualidades por su fortaleza, flexibilidad y resistencia al calor y a los ácidos. Lo cierto es que también es conocido por asbesto, su nombre en griego, que significa imperecedero. En el Estado su uso se extendió sobre todo entre los años 60 y 90, tanto en la industria como en la construcción. Se utilizó en numerosas aplicaciones, sobre todo en el aislamiento de edificios, maquinaria, embarcaciones, ferrocarriles o automóviles.

Si bien ya es la primera causa de mortalidad en el trabajo, se prevé que la máxima incidencia de enfermedades vinculadas a la exposición al amianto se dé entre 2020-2025. Prohibido en España en 2002, durante el pasado siglo se importaron más de 2,5 millones de toneladas. Además, cualquier exposición es insegura, según la OMS y se han dado casos de mujeres fallecidas por lavar la ropa de trabajo de sus maridos, reconocidos por el Tribunal Supremo.

“Animamos a las personas que han trabajado en fábricas como Superser o Agni en Estella o en otras empresas que se trabajaba con amianto, en la construcción a que vengan a la asociación, en la calle Estafeta número 60 y se informen. Estamos para ayudar y aconsejar”, apunta la presidenta de Ananar. Al respecto, señala que un bufete americano se ha puesto en contacto con la asociación para ofrecer sus servicios en caso de interponer demandas a un fondo de composición que existe en Estados Unidos. Asimismo, recuerda que Ananar participa en la recogida de firmas para presentar un proyecto de ley en el Congreso para la creación de un fondo para la investigación del cáncer de pleura producido por amianto.

EN NAVARRA El departamento de Salud del Gobierno de Navarra controla a 2.858 personas por su exposición al amianto, el 78% jubiladas, según datos aportados en septiembre. Al respecto, Mª Asun Fernández recuerda que su marido no estaba en esta lista. Si figuraba la madre de Nerea y Eider Azcona. “Le llamaron por primera en 2001 para hacer una revisión y no le volvieron a citar hasta 2016”, recuerdan. Asimismo, destacan la importancia de crear una unidad propia relacionada con el amianto, con un programa de detección de patologías relacionadas y su tratamiento.