Proteger la salud

Por Julen Rekondo - Martes, 2 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

se ha publicado un estudio científico elaborado por la Universidad de Navarra sobre la contaminación y la movilidad en Pamplona que aboga de forma concluyente por un cambio en el modelo que prime el uso de los medios sostenibles como solución a los problemas generados en el aire de la ciudad. Una de las conclusiones más relevantes del citado estudio es que la población de Pamplona se ve expuesta con relativa frecuencia a niveles de contaminación superiores a lo permitido y que la causa principal proviene del tráfico motorizado. Esta exposición a las emisiones contaminantes provoca 120 ingresos hospitalarios al año en Pamplona.

El estudio ofrece datos de sobra que avalan la necesidad de un cambio en la movilidad en Pamplona hacia parámetros más sostenibles de los que ofrece el modelo actual, y el mensaje inequívoco que trasladaron los responsables del equipo que ha elaborado el estudio es que “hay que sacar los coches de la ciudad y potenciar el transporte público y la bicicleta”.

Sin duda, hoy en día casi nadie pone en cuestión que uno de los desafíos más importantes que tenemos en el presente siglo en nuestras ciudades es la movilidad urbana. Recogiendo algunos datos de los informes realizados últimamente en Europa sobre los impactos que genera la movilidad urbana, destacaría los siguientes. Uno de ellos es el producido sobre la salud urbana y el vínculo con la polución del aire, y especialmente, con las partículas finas relacionadas con el tráfico automotor. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha creado a escala mundial una base de datos de la contaminación atmosférica urbana, comparando los niveles de pequeñas y finas partículas (PM10 y PM2,5) en 795 ciudades de 77 países en un período de cinco años (2010-2015). Con la actualización de 2016, la OMS apunta que la contaminación del aire en áreas urbanas continúa progresando a un paso alarmante, con efectos devastadores sobre la salud humana. Más del 80% de la población que vive en zonas urbanas, donde la polución del aire se vigila, están expuestos a niveles de calidad del aire que no respetan los límites establecidos. Por su parte, la Agencia Europea de Medio Ambiente apunta al tráfico rodado como “uno de los mayores emisores de contaminantes atmosféricos en Europa”. Otro tema importante es que la movilidad urbana supone el 40% de todas las emisiones de dióxido de carbono (CO2), principal causante del cambio climático. Un tercer impacto es que el actual modelo de movilidad urbana no solo causa muertes, sino también mucho dinero. La Comisión Europea estima que la congestión del tráfico en nuestras ciudades, contabilizando diversas variables como el tiempo perdido, el combustible desperdiciado, etcétera, asciende a 100 mil millones de euros, lo que representa un 1% del PIB cada año en la Unión Europea.

Las soluciones puestas en marcha en algunas capitales europeas donde se han tomado más en serio el peligro -es el caso de ciudades como París, Berlín, Hamburgo, Helsinki, Oslo y otras- que supone la contaminación atmosférica proveniente de los vehículos motorizados pasa por un cambio progresivo del modelo de transporte existente en la actualidad. Se trata de impulsar los desplazamientos a pie, en bicicleta o en transporte público, para lo cual hace falta más concienciación y sensibilización en el conjunto de la sociedad. Pero también es necesario arbitrar medidas que reduzcan el tráfico, aunque en un primer momento sean antipopulares. El primer deber de los poderes públicos es garantizar la salud de las ciudadanas y los ciudadanos y es evidente que el grado de suciedad del aire, causado principalmente en las ciudades por las emisiones de los motores de combustión, atacan la salubridad general de la población.

Respirar aire limpio es un derecho fundamental que debería estar por encima del “derecho” al uso indiscriminado e irracional del vehículo privado. Lo que es verdaderamente inconcebible es que haya gente que empeore de forma importante su salud por el hecho de que otras personas se desplacen por la ciudad para realizar recorridos muy cortos o por absoluta comodidad. Es totalmente necesario que el Ayuntamiento de Pamplona, como lo está haciendo en la actualidad con la adopción de diversas medidas en favor de una movilidad sostenible, tengan en cuenta que la respuesta para que la suciedad del aire urbano no tienda a convertirse en un mal crónico es aumentar el transporte público;coordinarse con otras administraciones públicas para la modernización del parque automovilístico y sustituirlo progresivamente, pero de forma firme por uno totalmente eléctrico basado en las energías renovables;apostar de forma decidida por las alternativas más sostenibles como es la bicicleta para nuestros desplazamientos urbanos;y hacer realidad la inevitable reducción del tráfico en la ciudad. No hay más que mirar las cifras y ver como el dióxido de nitrógeno (NO2), asociado al tráfico, está provocando en torno a 78.000 muertes prematuras al año en la Unión Europea.

El autor es experto en temas ambientales y Premio Nacional de Medio Ambiente