Herriko Plaza

Y también una naranja

Lander Santamaría - Martes, 2 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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El 29 de diciembre y en la sección de Cartas al Director, Naiara Ardanaz nos conmovía con su Cuestaciones y cantos navideños, y nos recordaba unos usos y costumbres que hasta hace nada estaban plenamente vigentes en el que decimos medio rural. El obispillo de San Nicolás, cuestaciones infantiles y de mozos (¡era tan poco lo que había!), el rito del agua, cencerradas orientando a los Magos y otras que se nos van arrastradas sin remedio por el tsunami del tiempo. “La vida es un continuo fluir”, decía un monje lejos del mundo y de la nueva e imparable colonización que se nos inyecta (Día de la marmota, Black Friday, Thanksgiving Day, Halloween, Blue Monday) contra nuestros autóctonos de siempre. Un padre joven decía días atrás que a los regalos de costumbre añadiría una naranja, que era fruto exótico, emblemático y simbólico, un lujo en las cuestaciones de nuestra niñez: “Para que recuerden que la vida no es fácil”. Una humilde naranja, símbolo esférico del mundo.