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El farolito

Píos propósitos

Por F.L. Chivite - Miércoles, 3 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:10h

Hay que cambiar. Y voy a hacerlo. A mejor. Sé que a esta edad es difícil pero lo voy a intentar. No se cambia, se empeora, dice el diablo (que, a diferencia de otros, siempre aparece cuando se le invoca). Pero quién sabe, puede que mienta (al fin y al cabo es el diablo). Yo lo que quiero, sin más, es reírme un poco: trasnochar, ver películas, leer hasta muy tarde. He decidido jubilarme lo antes posible, aunque sea cobrando menos. Y voy a pasear mucho. Voy a andar por los sitios a deshoras. Voy a plantar un par de esquejes de la hierba del desapego en una macetita. Para consumo propio. Terapéutico, por supuesto. Quiero librarme de los dolores de cabeza. Y de las últimas certezas que me quedan. Quiero librarme del ibuprofeno. Y quiero rejuvenecer (en el mal sentido): ser menos concienzudo, más irreverente. También voy a escribir una novela pornonaif. De hecho, quiero inventar el pornonaif y convertirme en el rey del subgénero. Y voy a ser más como John Berger. El otro día vi un documental sobre Berger (que ya murió) y pensé: tengo que aprender a mirar mejor. Ni siquiera estoy muy seguro de lo que quiero decir con eso, pero lo intuyo. Me gustó mucho su pelo blanco (el de Berger) y cómo se ponía las dos manos sobre la cara para pensar antes de soltar sus bonitas frases. Decía no sé qué del abismo. Otro propósito piadoso que tengo es empezar a añadir especias raras a los platos. Jengibre, por ejemplo. Hacer arroz con turrón de yema tostada y jengibre, como hice el otro día (estaba bueno). Investigar mezclas así. Con picante. También voy a hacerme coctelero, voy a crear mis propios cócteles. Y otra cosa que siempre me ha encantado y nunca he hecho es dibujar. O pintar. Sobre todo caras. Rostros humanos. Así que voy a mirar más los rostros de la gente. Está decidido. Esos sí que son abismos fascinantes. Siempre lo digo: no hay espectáculo como el rostro humano. Todo está ahí. Y no me lo quiero perder.

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