Hasta siempre, don Miguel. Luto en el periodismo: nos deja Miguel Urabayen

Por Jesús Tanco Lerga - Jueves, 4 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:15h

Cumplo el grato deber de hacer una semblanza de quien fuera mi profesor en la facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de Navarra, Miguel Urabayen, fallecido hace apenas unas horas, el 3 de enero del recién estrenado año, en la ciudad de Pamplona que le vio nacer un 12 de marzo de 1926, año del vuelo Plus Ultra y que en cierto modo lo marcó: promovió el aeroclub y aeropuerto, también promocionó el golf en nuestra tierra, miró el Derecho, carrera en que se doctoró, y el Periodismo en que fue maestro, con perspectiva y altura de miras, no exentas de un profundo realismo, que además ejerció en muchas facetas de su vida. Miguel fue hijo de Leoncio Urabayen Guindo (Erroz 1888-Pamplona, 1968) y Rosario Cascante a quien perdió Miguel con apenas diez años de edad. Leoncio fue empleado de la Diputación Foral, maestro nacional, profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Pamplona, profesor por oposición de la Escuela de Magisterio de Burgos y después de 1918 de la de Pamplona, de la que sería director entre 1934 y 1936. El archivo de Leoncio Urabayen por deseo de su hijo, fue depositado en la Universidad Pública de Navarra. Resalto los datos de su padre, geógrafo pionero de Navarra con obras todavía hoy de referencia, porque su hijo Miguel fue ante todo un incansable trabajador al que ni la edad, ni las limitaciones acústicas, ni ambientes contrarios de cualquier matiz impidió tener una vida intensa y en muchos casos pionera. Sobrino carnal, además, del también profesor de Escuela Normal y escritor notable, entre Toledo y Pamplona, Félix Urabayen (1883-1843) de quien se ocupó en varios trabajos sobre su figura, quien ahora lloramos su muerte.

Comenzó su relación periodística en El Pensamiento Navarro, haciendo crítica de cine desde 1953 hasta 1960. Yo lo conocí ya vinculado a Diario de Navarra -en cuya empresa dirigió el semanario Norte Deportivo desde 1971 hasta 1978- en la primera mitad de a década de los setenta y al ser elevados los estudios de Periodismo al rango de facultad, en la Universidad de Navarra donde me dio clase de Estructura de la Información. A Miguel como a otros profesores de la época, dotados de una capacidad intelectual sobresaliente y de una experiencia profesional en campos de la comunicación y opinión pública, tocó sistematizar conocimientos en tratados que fueron en su especialidad prácticamente iniciadores de campos de investigación que transformaron el mundo informativo. Tal es el caso de Vida privada e información (1977), con libro que puso en alerta muchos aspectos que resultaron premonitorios. Su asignatura de Estructura de la Información era para nosotros, un compendio de cultura universal, de periodismo comparado donde no había fronteras nacionales, de un sentido de la estética informativa que llamaba la atención. Después de ganar por oposición plaza en la Complutense en 1974 volvió a Navarra, y escribió manuales que sirvieron de texto en la facultad sobre Estructura de la Información, recuerdo el publicado por Mitre, además de publicaciones en Eunsa, en la revista Nuestro Tiempo, y otras editoriales.

Su labor de crítico de cine que ha ejercido hasta pocas semanas antes de fallecer, le valió además de distintas condecoraciones y reconocimientos, para tener una visión de la imagen también de los productos periodísticos. Así hizo de la infografía un campo de especialidad profesional que le valió ser asesor, junto a otros profesores, de publicaciones de primer rango en países europeos y americanos. En la facultad puso en marcha los premios Malofiej que gozan de un prestigio universal. El diseño periodístico que tanto influye en la penetración social de los medios, en lo que podríamos llamar el periodismo visual que entra por los ojos, Miguel Urabayen ha sido un auténtico primer espada. Los que hemos disfrutado de su ciencia, de su cultura y arte, tenemos el deber de agradecimiento que hago presente por estas líneas.

las claves

E·pasado 19 de diciembre hablé por teléfono con don Miguel. Habíamos quedado en su casa, como las últimas veces, pero no pude acudir por un imprevisto familiar. Quería contarme la idea que le rondaba la cabeza para escribir un artículo para el próximo volumen de los Premios Malofiej, referencia de infografistas y periodistas visuales de todo el mundo. Incansable. Ya lo había hecho en numerosas ocasiones. Mapas bélicos, mapas comparativos, infografía y aviación, el centenario del hundimiento del Titanic… han sido algunos de los ejemplos que nos ha puesto delante don Miguel. Le apasionaban conocer siempre un poco más, explorar nuevas formas. Con la infografía, el cine y los aviones -sus grandes pasiones- conseguía llegar más allá de los límites. Admiraba a los grandes cartógrafos de las revistas ilustradas de mediados del siglo XX, como Richard Edes Harrison o Robert M. Chapin, y los maestros de la infografía moderna como Nigel Holmes o John Grimwade, con los que coincidió en Pamplona como jurado de los Premios Internacionales de Infografía.

Se fijaba hasta el último detalle. Riguroso, minucioso, exacto. Como un buen reloj suizo. Así era la curiosidad de don Miguel, que no conocía límites. Quería conocer, aprender, empaparse del tema que tuviera delante. Esa necesidad de entender aplicaba a los gráficos. Debían tener voluntad de explicar. Por eso, también fue un gran profesor, un maestro. De esos que despiertan la curiosidad de los mejores alumnos, buenos universitarios que buscan la verdad más allá del conocimiento. No tuve la suerte de disfrutar con sus clases en la Universidad de Navarra, sólo alguna conferencia. Y su pasión se me quedó grabada. Y su persistencia. Y su búsqueda por la excelencia, por el trabajo bien hecho. En su cabeza todas las piezas debían encajar.

“Que no sea nada”, se despidió hace unos días. No fue nada grave, pero me quedo con la curiosidad de saber más. Y me quedo con la chispa de su mirada minuciosa. Y con ese apretón de manos exacto, agradecido. Y con sus palabras rigurosas, impresas en papel como le gustaba. Gracias, don Miguel.

Miembro del equipo organizador de los Premios Malofiej