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La declaración de Trump sobre Jerusalén

Por Lidón Soriano - Viernes, 5 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:15h

El reconocimiento del presidente norteamericano Donald Trump a Jerusalén como capital de Israel ha supuesto una vuelta de tuerca más a la asfixia socioeconómica, política y territorial que sufre el pueblo palestino, y cuyo inicio podríamos ubicar en la declaración Balfour.

En 1917, hace exactamente 100 años, el Gobierno británico, a instancias de la Federación Sionista, el movimiento nacionalista que inventó el concepto de un estado judío, declaró su apoyo a la creación de un hogar nacional judío en la tierra de Palestina.

Desde ese momento, las principales ramas del sionismo movilizaron sus fuerzas para ir apoderándose de Palestina, entonces ocupado por el imperio británico:

-El sionismo político comprando voluntades y ganando votaciones entre gobiernos y en la Sociedad de Naciones (precursora de la actual Organización de las Naciones Unidas) para ir adquiriendo poder político en el territorio palestino.

-El sionismo práctico comprando y ocupando tierras palestinas para la creación de colonias y kibutz, verdaderas puntas de lanza de la ocupación israelí.

-El sionismo revisionista empleando la violencia para deshacerse de la población local, ya que su presencia impedía la creación de un estado judío.

Todas estas acciones fueron generando una situación de confrontación creciente con la población autóctona: cristiana, musulmana y personas judías que no aceptaban los principios del sionismo.

El 14 de mayo de 1948 el sionismo aprueba en Tel Aviv su declaración unilateral de independencia, amparándose en la aprobación de la resolución 181 de la Asamblea General de la ONU que proponía la partición del territorio para la creación de un futuro Estado palestino y otro israelí.

Ante semejante declaración, al día siguiente un ejercito conformado por palestinos y milicianos de diferentes países árabes declara la guerra al recién autoproclamado Estado de Israel. Tras 8 meses de guerra, Israel se apodera del 78% de toda la Palestina histórica y expulsa a la diáspora al 80% de la población palestina. Al Naqba (la catástrofe) es el término árabe para definir el significado de la creación del Estado de Israel sobre la Palestina histórica.

Posteriormente tuvo lugar Al Naqsa, la guerra de los 6 días, en junio de 1967. En ella Israel ocupó militarmente el 22% de la Palestina histórica que no había podido ocupar en la guerra del 48 y además la península del Sinaí en Egipto, los altos del Golán en Siria y las granjas de Shebaa en Líbano.

No hay que olvidar que el verdadero objetivo sionista no es colonizar la Palestina histórica, sino, como diría David Ben Gurión, primer líder del Estado de Israel: “El actual mapa de Palestina fue diseñado por el mandato británico, pero el pueblo judío tiene otro mapa que nuestra juventud y nuestros adultos deben conseguir dibujar: del Nilo al Eúfrates”.

Estos han sido los grandes hitos de la ocupación sionista de Palestina. Sus políticas son unas veces más visibles y violentas como los asesinatos casi a diario de civiles palestinos, los bombardeos, el muro… Otras veces, la mayoría, son políticas más sutiles e invisibles. Entre ellas, la negación de residencia a los ciudadanos de Jerusalén, la no concesión de permisos para la construcción o rehabilitación de casas palestinas, las detenciones administrativas (sin cargos ni juicio), la destrucción de cultivos y de casas, la expropiación de tierras, los impedimentos a la libre movilidad incluso dentro de Cisjordania y Jerusalén, la prohibición de ir a Israel, la imposición de toques de queda por parte del ejército israelí, el encarcelamiento de niños y niñas por encima de 12 años y un largo etcétera tan cruel como silencioso.

El sionismo pervive en todas sus formas, y una clara consecuencia ha sido la declaración de Trump sobre el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, hito máximo ansiado por el sionismo que viola la legalidad internacional que estableció una parte de la ciudad como judía y otra como palestina.

Es interesante recordar que el sionismo fue declarado por una amplia mayoría como una forma de racismo por la Resolución 3379 del 10 de noviembre de 1975 de la Asamblea General de la ONU, que la equiparaba al sistema del apartheid sudafricano.

Esa similitud es la que llevó al movimiento social palestino a emular la lucha de la población negra en Sudáfrica diseñando la campaña de boicot, sanciones y desinversiones (BDS) a Israel hasta que cumpla con la legalidad internacional vigente. Esta campaña civil no violenta está siendo atacada por el sionismo, intentando que en los diferentes países se persiga como si fuera un delito, intentando equiparar el antisionismo al antisemitismo.

Esta relación es fácilmente desmontable teniendo en cuenta que hay varios grupos de personas judías dentro de Israel y fuera de sus fronteras, como Boicot from Within (Israel), la International Jewish Anti Zionist Network (IJAN) o el movimiento religioso Neturei Karta que se declaran antisionista.

Hoy, más que nunca, es necesaria nuestra presencia en las calles en solidaridad con el pueblo palestino y con su lucha por la justicia y los derechos humanos, recordando la frase del premio Nobel de la Paz Nelson Mandela: “Sin la paz en Palestina, la nuestra siempre será incompleta”.

Internazionalistak Auzolanean

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