Los txikis de Altsasu llaman a los de Oriente con sus cencerros

Izaro Ramos fue la elegida por la suerte como reina de los cencerreros, al frente de un ruidoso batallón de niños y niñas

Nerea Mazkiaran - Sábado, 6 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:15h

Ayer se repartieron 300 bollos, uno de los cuales guardaba en su interior una figura.

Ayer se repartieron 300 bollos, uno de los cuales guardaba en su interior una figura.

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Ayer se repartieron 300 bollos, uno de los cuales guardaba en su interior una figura.Izaro Ramos con Isidro Asurabarrena, Jon Navarro y Ainhoa Ramirez de Alda.

altsasu- Como manda la tradición, los txikis de Altsasu guiaron a Melchor, Gaspar y Baltasar por las calles de la villa haciendo sonar sus cencerros. Y es que sus Majestades de Oriente tienen un recibimiento especial y ruidoso en la villa. Al frente iba otra monarca, la reina de los cencerreros, título que viene marcado por la suerte. El azar quiso que tal honor recayese ayer en Izaro Ramos. Y es que esta niña de 9 años fue la afortunada con el bollo que ocultaba en su interior una pequeña figura.

El reparto se celebró al caer la noche. Para anunciarlo y también para entrar en calor, la chavalería realizó una primera carrera por el Caso Viejo haciendo sonar sus cencerros, sonidos purificadores habituales en las celebraciones del solsticio de invierno. Lo cierto es que funcionó como conjuro y las anunciadas lluvias se quedaron en xiri miri.

De vuelta en la plaza, con muchos nervios entre los txikis, hubo que poner orden para facilitar la tarea. De ello se encargaron Ainhoa Ramirez de Alda, Aroia Berastegi, Isidro Asurabarrena y Juan Mari Lopez de Goikoetxea, juventud y veteranía en la renovación de esta vieja costumbre. Se repartieron 300 bollos y pronto se supo quién era la nueva reina, que fue recibida entre gran alborozo y señales de júbilo. “Estoy muy contenta. Cuando me lo han dado y lo he tocado, ya me ha parecido que había algo”, señaló Izaro Ramos, que estudia 4º de Primaria en Zelandi.

Con el Himno de Navarracomo banda sonora para dar solemnidad a la investidura, recibió de su predecesor Jon Navarro, el narru o piel de oveja que cubría su cuerpo. Iba sujeto por un cinturón con 12 ezkilak o pequeños cencerros, uno por cada mes del año de este peculiar reinado. Una txapela y una makilao vara de mando completaban el atuendo. De recuerdo de este día, recibió un pequeño cencerro de plato. Proclamado el rey, fue el momento de echar a correr en busca del heraldo de sus Majestades de Oriente para mostrarle el camino al portal. Pronto dieron con él.

Esta secuencia se repite año tras año desde 1976, cuando Enrike Zelaia y Luis Mari Lopez de Goikoetxea recuperaron la tradición de los niños y niñas de Altsasu de llamar a Melchor, Gaspar y Baltasar por las calles y montes con cencerros. Precisamente, la llegada de los Reyes Magos con la cabalgata hizo que se perdiese en los años 50. Dos décadas después fue recuperada con nuevos aires, integrándose en esta fiesta como acto de bienvenida a sus Majestades de Oriente. Para su puesta en escena Zelaia se inspiró en el rey de la Faba. Más de cuatro décadas después de andadura, se ha convertido en parte fundamental en las celebraciones de la víspera de Reyes, envolviendo de más magia aún si cabe la noche de la ilusión.