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La UE, obligada a esprintar en 2018

Los Veintisiete afrontan un año trascendental en el que deberán afrontar las cruciales reformas aplazadas hasta el momento, el ‘brexit’ y la brecha este-oeste

Domingo, 7 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:15h

Dos empleados comunitarios pasan junto al lugar donde se celebran las ruedas de prensa en Bruselas sobre el ‘brexit’.

Dos empleados comunitarios pasan junto al lugar donde se celebran las ruedas de prensa en Bruselas sobre el ‘brexit’. (Foto: Efe)

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  • Dos empleados comunitarios pasan junto al lugar donde se celebran las ruedas de prensa en Bruselas sobre el ‘brexit’.

La Unión Europea comienza el nuevo año 2018 entre el moderado optimismo y la inquietud. Tras años de malas noticias, el proyecto de integración europeo tiene algunos motivos para la alegría: fin de la recesión económica, unidad de los Veintisiete ante el portazo británico y derrota en las urnas de la extrema derecha en Francia y Holanda. Como gran figura emergente, la del nuevo inquilino del Elíseo, un líder joven con ambición de marcar el paso en la UE y restablecer una entente cordial con Angela Merkel tras años de tensiones entre los dos miembros del motor francoalemán.

Pero este panorama halagüeño no puede hacer olvidar los peligros que se ciernen a su alrededor. Los Veintiocho - ya Veintisiete de facto- deben enfrentarse los próximos doce meses a una ardua lucha contra el tiempo.

El Ejecutivo comunitario atraviesa ya el ecuador de la legislatura y se da por supuesto que los meses previos a las elecciones europeas de junio de 2019 ya será demasiado tarde para cualquier cambio de rumbo en el timón. Los próximos doce meses serán vitales para que la Unión Europea -aprovechando los buena dirección del viento- consiga hacer frente a los desafíos cuya solución lleva postergando durante la última década.

El principal motivo de preocupación tiene sabor alemán. Las dificultades de Angela Merkel para formar coalición de gobierno (los contactos con el partido socialista comienzan hoy tras las vacaciones navideñas) han condenado durante los últimos tres meses al retraso de cualquier reforma de alcance en la zona euro. El ejecutivo comunitario ha movido ficha con la propuesta de un Fondo Monetario Europeo, un superministro de Finanzas y un presupuesto para los países de la divisa común (esta última iniciativa sin cifras y con una ambición muy limitada). Emmanuel Macron, consciente quizás de que a Merkel no le gusta que le apremien, si bien no ha abandonado sus pretensiones reformistas, se ha centrado en esperar e intentar ganarse la confianza de la canciller. Rotas las negociaciones entre Merkel y los liberales, la gran esperanza para que Macron puede hacer frente a sus propuestas reside en la vuelta de la Gran Coalición entre socialistas y populares. Un regreso con aires nuevos. Martin Schulz, antiguo presidente de la Eurocámara, cuyo puesto utilizó como trampolín político, pretende aprovechar la debilidad de la canciller para imponer reformas de calado en la zona euro y convertirse en el gran aliado del presidente francés. Pero quizás no sea tan fácil.

problemas en berlínEn Berlín también se abre la puerta a un ejecutivo en minoría, una opción barajada por el exministro de finanzas Wolfgang Schaüble que abocaría a la Unión Europea a un vació de poder difícil de asumir en solitario por París.

La debilidad de Merkel estos meses ya ha comenzado a notarse. En la última cumbre del mes de diciembre, el presidente permanente del Consejo, Donald Tusk, en su carta previa a los líderes europeos abogó por dar carpetazo a una de las grandes iniciativas de la canciller: la reforma del sistema de asilo europeo para crear un reparto permanente de refugiados en forma de cuotas que reproduzca el esquema planteado de manera temporal en el año 2015 ante al crisis siria. Una propuesta boicoteada sin descanso por los países del Este y cuestionada en muchos aspectos por el resto de las capitales europea. La posibilidad de llegar a un acuerdo esta primavera para blindar a la Unión Europea ante las crisis migratorias parece remota.

Dentro de la fractura Este-Oeste auspiciada por la crisis de refugiados, Polonia se convierte en el principal dolor de cabeza de las cancillerías europeas. En un gesto de inusitada firmeza, la Comisión Europea decidió el pasado 21 de diciembre abrir un expediente a Varsovia ante su deriva autoritaria. El conocido en Bruselas como botón nuclear y -nunca activado hasta la fecha- podría conllevar que Polonia perdiera su derecho de voto en las decisiones del Consejo si las aguas no llegan a su cauce. Bruselas confía en que esta amenaza sirva para que Varsovia se retracte en su reforma del Tribunal Supremo y ofrece diálogo. La primera cita con el nuevo primer ministro polaco Mateusz Morawiecki se producirá este próximo martes. De momento, Polonia no da muestras de arrepentimiento y sigue contando como gran aliado a Hungría. Las heridas Este-Oeste pueden volver a abrirse.

peligro inminente

eL populismo no ha desaparecido

Avance ultra. Las elecciones en Alemania han demostrado que el monstruo de la ultraderecha sigue vivo en la UE (tercera fuerza en el Bundestag), aunque en Francia y Holanda haya sufrido una importante derrota. Como muestra también, la entrada en el nuevo Gobierno austriaco con importantes carteras. Precisamente Viena deberá coger el timón de los Ventiocho en la presidencia rotatoria semestral en la segunda mitad de este año. Como nuevo foco de inquietud en las cancillerías europeas, las elecciones el 4 de marzo en Italia en las que el partido eurófobo de Beppe Grillo, que aboga por la salida del euro, podría convertirse en la fuerza más votada e incluso formar alianza con la ultra derecha de la Liga Norte para formar gobierno, aunque esta última fuerza podría acabar respaldando a la Forza Italia de Silvio Berlusconi. En el Gobierno o en la oposición, las fuerzas que ponen en jaque el proyecto de integración europeo, siguen suponiendo una amenaza.

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