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Las rebajas

Por Javier Otazu Ojer - Domingo, 7 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:15h

comienzos de año, llegan las rebajas. Después de pasar unos días apurados comprando a última hora los regalos de Reyes, vuelta a nuestras tiendas preferidas para volver a consumir. Normal, hay chollos para todos. Ya se sabe: “mira, estaba a 50 euros y lo he comprado a 20”. “Pues mi traje estaba a 150 euros y solo he pagado 75”. En un caso, la bajada es del 60%, 30 euros en términos absolutos. En el segundo, la bajada es menor en términos relativos (un 50%) pero mayor en euros: en esta ocasión, el descuento es de 75 euros. ¿Qué tipo de bajada preferimos? ¿Qué es más atractivo? Quizás sea más efectivo dar la rebaja en términos relativos. Hay una forma muy sencilla de comprenderlo: si en una tienda una plancha vale 50 euros y en otra cuesta 25, estamos dispuestos a cambia de establecimiento para comprarla. Sin embargo, si un coche vale 12.000 euros en un concesionario y 11.975 en otro nos quedamos en el primer sitio. En términos económicos es absurdo ya que el ahorro es el mismo: 25 euros. Sin embargo, los seres humanos nos comportamos como nos comportamos.

Así, ¿qué podemos decir de las rebajas? Una idea muy sencilla. Simplemente, no existen. Es una trampa del lenguaje. ¡Cuidado! Que no se enfaden los comerciantes. No afirmo que las rebajas sean una estafa. Simplemente, de lo que se trata es de seguir las leyes de la oferta y de la demanda. Cuando hay mucha demanda, los precios son más altos. Cuando hay poca demanda, los precios son más bajos. Es lo que hacen los hoteleros para sacar más rendimiento a su negocio. Basta comparar los precios en verano y en el resto del año. En las épocas más tranquilas, se ofrecen paquetes atractivos para que todas las personas que lo deseen tengan un incentivo adicional para disfrutar de su tiempo de ocio en el hotel. Y eso es bueno. Ganan los que van de vacaciones, ya que disfrutan de precios asequibles y tranquilidad. Ganan los establecimientos, ya que obtienen ingresos adicionales. Y gana el Estado, que recauda más dinero vía impuestos (y es que si alguna actividad económica no generase impuestos el resto de la sociedad se enfadaría ya que por un lado, ¿por qué unos pagan y otros no? y por otro, se supone que dicha recaudación servirá para mejorar los servicios públicos). Es decir, las rebajas son buenas y positivas siempre que no lleven a un excesivo consumismo. Es una cuestión de equilibrio.

Hoy en día, cualquier época del año puede ser de rebajas. Muchos establecimientos están siempre con algunos precios, en teoría, menores que los habituales. Pero lo que antes era una excepción ahora es la regla.

¿Cuándo es la ropa más cara? En primavera: hay que ir a la nueva temporada. Lo mismo ocurre en el otoño. Incluso esta política de precios se puede ajustar todavía más.

Pensemos en la Bolsa: el precio de una acción no deja de oscilar a lo largo del día. Es el caso más extremo, pero hay muchas posibilidades. Existen supermercados japoneses que cobran diferentes precios por el mismo producto a lo largo del día. Así, se supone que antes de comer tenemos hambre y estamos dispuestos a pagar más dinero por los alimentos. Por otro lado, si un establecimiento de este estilo está abierto las 24 horas del día se supone que alguien que va a las 3 de la mañana tiene una gran necesidad de comprar el producto. Pues nada, a pagar más. El caso más extremo se dio en un atasco que duró más de un día en China. Como las personas no podían alejarse de su vehículo los vendedores iban a ofrecerles agua u otros bienes de primera necesidad a un precio estratosférico: se llegaba a multiplicar por cinco.

Las rebajas que todos queremos son las de la corrupción y la del paro. En el primer caso todavía hay mucho por hacer, y nos espera un año lleno resoluciones judiciales de casos que han llenado multitud de páginas de los periódicos. Respecto del paro la rebaja ha sido apreciable, aunque las condiciones de los trabajadores han menguado. Son los signos de los nuevos tiempos, y la regulación laboral debe estar atenta a ellos: los temas digitales, tecnológicos y de la economía colaborativa nos van a acompañar durante muchos años.

Hay más rebajas deseables: autoritarismo en muchos países, la concentración de carbono en la atmósfera, conflictos armados, oleadas de refugiados y tantas otras. Son las que siempre se piden cuando sacamos la copita de champán que brinda por los buenos deseos.

No obstante, ¿por qué no empezar por rebajas que se encuentran más a mano? Nuestro peso, el mal humor o las horas muertas delante de la televisión o de la tablet podrían ser sugerencias válidas.

El autor es profesor de Economía de la UNED de Tudela

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