Noticias de NavarraDiario de Noticias de Navarra. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

El hombre discreto que convenció a Montoro

En poco más de dos años, Aranburu ha puesto en orden las cuentas públicas y ha mejorado la financiación de Navarra

Un reportaje de Ibai Fernandez - Domingo, 7 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:15h

Cristóbal Montoro y Mikel Aranburu firman la actualización del Convenio Económico. El consejero, con el bolígrafo que le regalaron en 1990.

Cristóbal Montoro y Mikel Aranburu firman la actualización del Convenio Económico. El consejero, con el bolígrafo que le regalaron en 1990.

Galería Noticia

  • Cristóbal Montoro y Mikel Aranburu firman la actualización del Convenio Económico. El consejero, con el bolígrafo que le regalaron en 1990.

Quedaba poco para partir hacia Madrid a firmar el acuerdo del Convenio Económico, pero Mikel Aranburu seguía todavía rebuscando en los cajones de casa. En alguno de ellos había dejado hacía ya bastante tiempo un bolígrafo muy especial, recuerdo de su larga carrera profesional en la Hacienda Foral de Navarra durante 34 años.

Porque Mikel Aranburu Urtasun (Pamplona, 1955) es como ese jugador de cantera que acaba siendo capitán del primer equipo. Ha sido jefe de la Inspección de Hacienda (1984-1986), director de la Gestión Tributaria (1987-1991), director de Tributos (1991-1996), director de Fiscalidad (1996-1999) y, desde 2000, nuevamente inspector de Tributos. Puesto del que le recuperó Uxue Barkos en 2015 para ponerlo al frente de una mermada Hacienda Foral.

Aranburu es hoy un pilar básico del Gobierno del cambio. Un perfil profesional que aporta sobriedad y seguridad. La garantía del experto en una materia en la que pocos se atreven a discutirle. Porque es difícil encontrar en Navarra un consejero de Hacienda más reconocido que Aranburu. No hay más que echar una vista atrás en el pasado reciente de un departamento demasiadas veces envuelto en la polémica política. Casi nadie duda hoy de las cifras que ofrece su departamento, ni cuestionan el interés personal de sus decisiones.

Sin embargo, como consejero también ha tomado decisiones arriesgadas. Como cuando hace un año decidió no abonar al Estado 83 millones en el último pago del ejercicio. La aportación se había disparado muy por encima de lo que debía según sus propios cálculos, y Aranburu, agarrado a un artículo poco conocido del Convenio Económico, dijo que ya era suficiente. Había que forzar la negociación.

Ha tardado un año en cerrar un acuerdo que en verano parecía ya cercano, pero que se ha resistido casi hasta el final. Y ahora que hay que hacer el ajuste, Montoro le va devolver los 83 de la discordia... y otros 30 más. Así que, de alguna forma, el tiempo le ha acabado dando la razón, y se la ha quitado a quienes como Javier Esparza denostaban su actuación con cierta prepotencia. “Es un técnico que se ha puesto a jugar a política”, se mofaba hace justo un año el líder de UPN.

Aranburu es como ese jugador de cantera que acaba siendo capitán del primer equipo, y un pilar básico del equipo de Barkos

Al otro lado de la mesa estaba Montoro, un hombre férreo y jacobino que sin embargo ha entendido que Navarra tenía razón

Pero el técnico ha resultado ser un experto en el sistema tributario foral de Navarra y en el Convenio Económico. Autor de estudios y análisis de referencia académica. Con autoridad intelectual y profesional en un departamento clave que todavía hoy sufre las hostilidades de la crisis, la deuda y los intereses heredados. Cifras que poco a poco empiezan a estabilizarse en un escenario de progresiva recuperación de los ingresos y de estabilidad presupuestaria. Gracias en parte también a una reforma fiscal que Aranburu, no sin polémica, ha conseguido acordar con cuatro partidos distintos, y que explica con la naturalidad de quien sabe que, para gastar, primero hay que ingresar.

Dantzari, txistulari y estudioso y divulgador de la cultura tradicional de Navarra, Aranburu es miembro de Eusko Ikaskuntza (Sociedad de Estudios Vascos), y fundador de la Asociación Ortzadar. Pero sobre todo es un hombre discreto, tranquilo y sonriente que parece disfrutar de su paso por la política como quien la mira desde la barrera. Ya sea desde una didáctica rueda de prensa para explicar los siempre complejos aspectos financieros de la comunidad, o en sesión parlamentaria, donde tira de fina ironía para evitar embarrarse en un debate político demasiadas veces salpicado por el tópico y, por qué no decirlo, también por el nivel de algunos portavoces.

Dicen quienes conocen la Administración por dentro que los técnicos de Hacienda son gente diferente. Persistentes, minuciosos y estrictos hasta el céntimo. Lo que da una idea de cómo han podido ser las negociaciones de estos dos últimos años entre Navarra y el Estado. Porque allí en frente, impertérrito y firme, ha estado todo este tiempo el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro.

Un hombre de Estado, jacobino y de derechas al que no le ha temblado la mano para intervenir el Ayuntamiento de Madrid, ni para sacar trapos sucios contra un compañero del Consejo de Ministros sospechoso de haber operado en paraísos fiscales. Suya es la célebre frase “Que caiga España que ya la levantaremos nosotros”en los tiempos de la implacable oposición del PP a Zapatero. Un hombre duro y firme, pero también justo en una negociación que ha requerido muchos viajes a Madrid que han acabado empatizando a las dos partes en liza, intercambiando documentos hasta el mismo día de la firma, oficializada el pasado miércoles.

Para entonces Aranburu ya había encontrado en un cajón de casa aquel viejo bolígrafo tan singular. El mismo que 27 años atrás le había regalado el Gobierno de Navarra con motivo de la ley del Convenio Económico que Josep Borrell y Gabriel Urralburu firmaron en 1990, y de cuya redacción participó como miembro de la comisión técnica asesora. Una ley todavía vigente, y que ha renovado ahora como capitán general de las huestes del Viejo Reino.

Con la jubilación a la vuelta de la esquina, tal vez sea esta su única legislatura al frente de la Hacienda Foral. Serán sin embargo cuatro años en los que habrá puesto en orden una caja que encontró llena de agujeros, y en los que habrá renovado la relación financiera bilateral con el Estado en unos términos que marcarán la senda para la próxima década. No fue fácil, pero al final Mikel Aranburu convenció a Cristóbal Montoro. Y Navarra se va a ahorrar 600 millones.

Herramientas de Contenido