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Juez de línea

El esperado

Por Félix Monreal - Lunes, 8 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:15h

Barja celebra el gol con dedicatoria para su madre.

Barja celebra el gol con dedicatoria para su madre. (Foto: Javier Bergasa/Mikel Saiz)

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  • Barja celebra el gol con dedicatoria para su madre.

P ocos jugadores de la cantera han sido tan esperados como Kike Barja. Pocos han generado tanta expectación y a la vez tanto debate entre los defensores a ultranza de la cantera y los que se conforman con cualquier cosa (siempre que Osasuna gane). Cuatro años en la plantilla del primer equipo, con sus correspondientes pretemporadas, con sus ilusiones, sus amagos de debut y, de nuevo, sus decepciones. Haciendo el camino de vuelta al Promesas una y otra vez. Le ha salido barba -y no es un juego de palabras- esperando el día de su estreno en El Sadar, ante la gente que reclamaba su presencia y ante la que siempre tiene dudas cuando aparece un chaval de la casa. Dispuesto a pasar ese examen que es siempre más exigente con los canteranos. Le ha costado llegar más que a otros de su edad, pero le ha sobrado con media hora para demostrar lo que tantas tardes ha exhibido con el Promesas: descaro en el uno contra uno, desborde, velocidad, instinto para el pase en los metros finales, disparo con las dos piernas y mucho feeling con el gol. Solo había que ponerlo, darle amplitud de minutos, confianza y pedirle, como única exigencia, que interpretara en el verde el fútbol que le inspira. Esta fórmula sirve también para otros que siguen condenados por el entrenador (y por una directiva pusilánime y desnortada) al ostracismo y al ninguneo. Hay un problema, sin embargo, en el caso del joven extremo;el estilo de Barja coquetea con la improvisación, inventa, imagina jugadas, amago por aquí y me voy por allí, y si me das medio metro de margen pongo la pelota en la escuadra;y esto es la antítesis del sistema mecanizado de Diego Martínez, el que sostiene la misma idea de lanzar balones a la espalda de los defensas rivales con 0-0, 1-0 y 1-2, que es lo que estaba pasando ayer contra el Valladolid. Hasta que llegó el chico de Noáin. El esperado.

Barja, además de sus virtudes como futbolista, es osasunista de cuna, de compromiso y de fidelidad familiar. Llegó con 8 años a Tajonar, avanzó en los equipos casi siempre por encima de su edad y cuando el Athletic le sedujo con 15 años mostrándole sus instalaciones y su proyecto con la cantera hasta hacerle dudar muy seriamente por donde continuar su carrera, la familia le recordó entonces que en el fútbol también hay que ser agradecido. Y firmó un contrato a largo plazo con Osasuna del que no digo que luego, mientras se desesperaba viendo jugar a futbolistas cedidos y a otros de ida y vuelta, no llegara alguna vez a arrepentirse. Incluso su desempeño en el segundo equipo llegó a verse afectado por esa confusión entre saber lo que uno quiero y no entender los planes que otros tienen para ti. Pero hasta ese largo ejercicio de paciencia le ha hecho más maduro, más futbolista, más osasunista.

Asoma Barja, por fin, como un estímulo para un Osasuna plano en su fútbol, bajó en su transmisión de sensaciones, sin acertar a descifrar si el principio de la recuperación pasa por jugar mejor o por seguir ganando, y sin que una cosa garantice la otra. Pero lo que no admite discusión es que la aparición de un canterano pone en pie a la grada y esa conexión es automática y beneficia, por extensión, a todo el equipo. Y a los hechos me remito.

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