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Osasuna gana otra vez en casa

REMONTADA | Un segundo tiempo de acierto con tres goles reedita un triunfo en El Sadar tras varios meses

Javier Saldise - Javier Bergasa/Mikel Saiz - Lunes, 8 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:15h

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Kike Barja es aclamado por sus compañeros tras marcar el gol que certificó la victoria rojilla.

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  • Kike Barja celebra su gol, el cuarto de su equipo, ante Xisco.

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pamplona- En un partido raro, al hilo de estas jornadas de nieve, suspensión y aplazamiento, casi imposible de arreglar al descanso, Osasuna se llevó los tres puntos con mucho sufrimiento, gracias a una segunda parte con tres goles, plena de acierto rematador, también con su cuota de protagonismo para un chico de la cantera, alguno de los que quedan. Los aficionados de Osasuna, por si no lo sabían tras esta primera vuelta de rendimiento desigual, deberán acostumbrarse a partidos como el de ayer, en el que un marcador final con victoria debe validar cualquier actuación, por desdibujada que haya sido.

Así vivió Osasuna una victoria en El Sadar que se venía resistiendo desde hace demasiado tiempo, meses, allá por octubre. La remontada ante el Valladolid, con goles de todos los modos, queda casi para consideraciones menores, para adornar un poquito la historia porque, que a nadie se le olvide, sólo vale reaccionar y ganar.

El Valladolid, un buen equipo con defensa de cristal, con un 9 que es un depredador, ofreció una imagen excelente durante un puñado de minutos, se puso por delante en el marcador con un gol en el descuento del primer tiempo y, en la reanudación, se dejó llevar por los acontecimientos de forma sorprendente, con algunos cambios poco afortunados como la salida del campo de Hervías, errores de bulto como la concesión del penalti a Osasuna, y una entrega de metros que redundó al final en su derrota abultada ante un equipo rojillo muy efectivo, también a veces gris. Tanto lo llegó a ser ayer, que la afición se atrevió a desaprobar algunas acciones de los suyos, que la paciencia infinita en el fútbol es mucho pedir.

A Kike Barja le tocó poner la guinda de una increíble abultada victoria en este partido extraño. El canterano salió al campo cuando su equipo iba perdiendo y no encontraba el camino de la portería rival, y el chaval disfrutó del grueso reto con su participación en la jugada del gol de la remontada -el de David Rodríguez tras su centro al área- y la firma del cuarto tanto, robando la pelota a un rival, quebrando a otro y chutando raso. Los más melancólicos ya tienen para rescatar la felicidad de un futbolista de aquí. Algo del calor del hogar en este año frío, calculado. De chequera y para adelante.

Fue un matinée extraña, porque Osasuna empezó el partido mucho mejor que el Valladolid, aunque el correoso Hervías no acababa de entrar en esta ambientación. Más intenso y atento en las disputas y en las segundas jugadas, el equipo de Diego Martínez entró en el partido a una velocidad superior que se tradujo en el primer gol, a los cinco minutos. Osasuna despachó la jugada con un desplazamiento largo que superó defensas y halló en el desmarque de David Rodríguez el trámite único para encontrar la red. Este parecía el plan para el partido, nada de burocracia y búsquedas en largo eludiendo un terreno de juego en dudosas condiciones.

Los rojillos aprovecharon este favorable viento tempranero para continuar sumando minutos de tranquilidad y mando, sin apuros por parte del paralizado Valladolid, que estaba preparando una buena. Los pucelanos acabaron de rearmarse mediado el primer tiempo y como a Hervías no había nadie que le echara el lazo, el exosasunista prosiguió con sus andanzas para armar la jugada del gol del empate. Mata, más que un gigantón rematador, cazó con la cabeza un centro y puso el empate pasada la media hora. El Valladolid mandó hasta el descanso y, en el tiempo añadido, redondeó esos minutos felices con otro gol de su tanque de referencia.

Osasuna se marchó a los vestuarios tan desdibujado que se presumía un panorama horrendo en la reanudación. De hecho, no hubo cambios en la determinación tras el descanso y los primeros minutos fueron de parálisis. Diego Martínez, que presentó el mismo once que venció en el último partido del año en Lorca, sí fue agitando la escena de los suyos con los cambios. Quique y Barja relevaron a los dos hombres de las bandas, Torres y Coris, que ayer no tuvieron un buen día.

El primer acelerador de la reacción, sin embargo, estaba en el campo. Fran Mérida, castigado con otra amarilla por su fútbol nervioso de ayudas en todas partes, se fabricó él solito la acción del gol. Provocó un torpe penalti de un defensa que le salió al paso con la barredora y se encargó también de marcarlo y empatar. Osasuna se había colocado en la antesala de la reacción y de la remontada ante un Valladolid que estaba cediendo metros de forma sorprendente. Kike Barja tuvo sus fiascos en sus intentonas por la banda derecha hasta que, por fin, coló un centro alto, imposible para los defensas, que llevó a la tierra Quique y remató a la red David Rodríguez, ayer en su mejor versión. No sufrió Osasuna tras la remontada porque el Valladolid, con su poderío olvidado arriba, siguió favoreciendo la victoria de los rojillos. Kike Barja lo hizo todo en la diana del marcador final y puso un final feliz a un partido torcido durante muchos minutos. Con tres puntos más, todo se perdona. Casi.

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