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Una noche en el albergue

Cerca de 230 personas pasaron la noche en el albergue juvenil gracias a la colaboración desinteresada

Un reportaje de I. Fernandez - Lunes, 8 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:15h

todo se precipitó a eso de las diez de la noche. Numerosos vehículos se habían quedado atrapados en la Autovía A-1 a su paso por Alsasua. La carretera estaba cortada y no iban a poder salir de allí, al menos, hasta la mañana siguiente. Había que buscar una salida, y debía ser rápida. “A las diez y media me llaman de Protección Civil y me explican la situación. Así que decidimos habilitar primero el albergue juvenil, y después el Polideportivo y el Frontón. Ha sido una noche complicada”. Quien habla es Javi Ollo, alcalde de Alsasua, y responsable de coordinar un dispositivo que durante doce horas implicó al Gobierno de Navarra, a lo bomberos, a la Guardia Civil, la Policía Foral, la DYA y la Cruz Roja. A los que se sumaron más de un centenar de vecinos que de forma improvisada se iban acercando a los diferentes puntos de atención para facilitar su ayuda. Un operativo de los que a veces se ensayan pero que generalmente no se ponen en marcha. Y que afortunadamente la noche del 6 de enero salió a la perfección.

El albergue juvenil fue el punto de encuentro inicial. Para las 11 de la noche Javier Aguirrebengoa tenía ya preparado el local, con la calefacción encendida y 85 camas dispuestas para quienes las pudieran necesitar. “Estaba cenando con la familia y salí en cuanto me llamaron”, relataba ayer. Con él, cuatro empleados, que esa noche estaban de fiesta, se pegaron la noche en vela atendiendo a quienes se habían refugiado del temporal. “Incluso hubo una personas de baja dispuesta a trabajar. La disposición ha sido total”, destaca Josu Janices, responsable de infraestructuras del Instituto Navarro de Deporte y Juventud, y el encargado de coordinar las necesidades desde Pamplona.

Las primeras personas empezaron a llegar pasadas las once de la noche. Para entonces, el albergue había dispuesto ya de bebidas calientes y algo de comida con la que atender a quienes buscaban refugio tras varias horas en la carretera sin poder salir. Los primeros lo hacían en coches, desviados por la Guardia Civil y la Policía Foral para evitar que entraran en la ratonera en la que se había convertido la A-1.

“Con todo lo que se ha dicho de Alsasua, emociona ver la solidaridad de la gente”

Javier Aguirrebengoa

Trabajador del albergue juvenil

Sin embargo, otras más seguían todavía allí, dentro de un autobús o del coche, sin poderse mover. “A muchos los ha traído la gente del pueblo. Iban y venían con sus todoterrenos trayendo gente. Muchos de ellos jóvenes. Con todo lo que se ha dicho de Altsasu... emociona ver la solidaridad de la gente”, relataba.

230 personasEl albergue había sido el lugar prioritario elegido. Era la infraestructura mejor preparada, acogedora y con calefacción, por lo que se aprovechó al máximo. Llenas las 85 camas, se habilitaron una veintena de colchones, y después, los sillones. Incluso la pequeña oficina administrativa se cedió a los viajeros. Así, hasta acoger a 230, en su mayoría personas de origen portugués que volvían a Francia tras las Navidades. El resto, un autobús de ciudadanos magrebíes y varios vecinos guipuzcoanos.

Fue una noche larga, en la que ni Aguirrebengoa ni muchos de sus vecinos quisieron dormir. “Han seguido llegando prácticamente hasta las cinco de la mañana. Les hemos ido dando café y zumos, y cuando habían dormido pasaban a desayunar algo”, explicaba el responsable del albergue, que destacaba el buen ambiente que ha habido en todo momento.

Durante la noche sólo hubo un momento de tensión, cuando una persona mayor, con problemas de próstata, comenzó a palidecer y hubo que llamar a la asistencia médica. “La DYA llegó en un minuto. Además, tras atenderle, decidieron quedarse un rato por aquí, y eso tranquilizó mucho a la gente. Siempre da más seguridad”, destacó Aguirrebengoa, a quien por momentos se le entrecortaba la voz de la emoción. “Ha sido una noche larga, pero nos ha dejado una sensación muy buena. Me siento orgulloso de mi pueblo”, concluía ayer el responsable alsasuarra, que considera que esa es una sensación compartida por las personas que pasaron la noche en el albergue. “Se han ido muy agradecidos porque saben que hemos hecho todo lo que hemos podido”, subrayó.