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ainara ondarra, encargada del supermercado eroski de Altsasu

“Abrimos cuatro veces, la última a las cuatro y media para dejar el desayuno”

Martes, 9 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:15h

Ainara Ondarra, en la sección de lácteos, básicos esa noche

Ainara Ondarra, en la sección de lácteos, básicos esa noche

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Ainara Ondarra, en la sección de lácteos, básicos esa noche

altsasu- Además de ofrecer cobijo a las personas atrapadas en la A-1 por el temporal de nieve la noche del sábado al domingo, era preciso darles alimento y bebida. Así, se pensó en pedir ayuda al supermercado Eroski. Su encargada, Ainara Ondarra, recibió una llamada pasada la medianoche de SOS Navarra y otra del alcalde de la villa, Javier Ollo, para que abriera el supermercado con el fin de ofrecer algo que llevarse a la boca a las personas que iban llegando a Altsasu, primero al albergue Santo Cristo de Otadia y después al polideportivo Zelandi y frontón Burunda, el primero propiedad del Instituto Navarro del Deporte y Juventud y los otros municipales, disposición de estas personas que se vieron obligadas a pernoctar en Altsasu.

“Estoy muy orgullosa de lo que hicimos. Era increíble la de personas voluntarias que había esa noche dispuestas a colaborar en lo que fuera”

Ainara Ondarra tampoco se lo pensó dos veces. “La primera vez vino un grupo de DYA con un vehículo para llevar alimentos de primera necesidad. No sabían lo que había que llevar y cogieron lo que les pareció: leche, agua, cacao en polvo, café, galletas, pan de molde y embutidos entre otros alimentos” recordaba ayer Ondarra. Luego hubo tres viajes más, con más comida y también con otros artículos como pañales, toallitas o compresas. “La última vez que venimos fue a las 4.30 horas, ya para dejar preparado el desayuno”, recordaba ayer. En total fueron 168 litros de leche, 33 packs de cuatro paquetes de galletas, 40 kilogramos de jamón York, 44 paquetes de pan de molde y 62 litros de caldo, entre otros alimentos.

“La gente daba mucha pena. Ayudamos a una mujer mayor, de cerca de 80 años, a ir al polideportivo, con los pies chirriados y dolores de espalda después de permanecer horas dentro del coche” recordaba ayer sin poder disimular un trancazo, la factura que le ha pasado esa madrugada de actividad. “No me importa. Estoy muy orgullosa de lo que hicimos. Era increíble la de personas voluntarias que había”, aseguró. - N.M.