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Una batalla de medio siglo contra una enfermedad incurable

Tomás Belzunegui lleva 50 años luchando contra una dolencia ‘rara’ y acaba de publicar un libro en el que explica su ejemplo de superación

Lander Santamaría | Juan Mari Ondikol - Martes, 9 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:15h

La enfermedad sigue y ha llevado a Tomás Belzunegui a la silla de ruedas, pero después de más de medio siglo de lucha ejemplar contra ella.

La enfermedad sigue y ha llevado a Tomás Belzunegui a la silla de ruedas, pero después de más de medio siglo de lucha ejemplar contra ella. (JUAN MARI ONDIKOL)

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  • La enfermedad sigue y ha llevado a Tomás Belzunegui a la silla de ruedas, pero después de más de medio siglo de lucha ejemplar contra ella.

elizondo- En la plaza de Juego a Largo, antes de que fuera asfaltada y en un modesto campo de fútbol con las porterías delimitadas con jerséis o algún montón de piedras, a sus 14 o 15 años, sus amigos ya advertían que tropezaba con sus propios pies con más frecuencia de lo que se podía considerar normal. A pesar de que a esa edad suelen darse episodios de cierta crueldad, nadie le decía nada aunque casi siempre se preguntaban: ¿qué le pasa a Tomas? Y, probablemente, él se hacía la misma pregunta.

De manera un tanto increíble pero propia de un país en el que reglamentos y burocracias van por delante del sentido común, el caso es que a Tomás Belzunegui Arizmendi (Elizondo, 26 de abril de 1950) le llamaron a filas o como solía decirse, a hacer la mili, a pesar de que cualquier persona con un mínimo de criterio habría sido capaz de observar que se trataba de una convocatoria cuando menos necia e inútil y un incordio para el afectado. ¿Pero qué le ocurría a Tomás?

Su estancia en Araka, centro de reclutamiento próximo a Vitoria-Gasteiz, fue breve y determinante: no apto, licenciado y a casa. Una vez en Elizondo, don Eusebio Urrutia, médico de cabecera a quien en Pamplona atribuían un “ojo clínico” excepcional, le ausculta, le envía al especialista en neurología de la Clínica Virgen del Camino y mientras comen al regreso, Tomás Belzunegui padre le pone al corriente, porque “me ha dicho que tienes todo el derecho a saberlo”. Lo que sufre y califica de “dura sentencia” se define como Ataxia cerebelosa de Friedrich.

Bien, Tomás ya sabe cuál es el mal que padece y estudia sus características: una enfermedad neurodegenerativa que causa una pérdida progresiva e imparable de muchas de las funciones necesarias para una autonomía personal que se acaba perdiendo en su totalidad y que, en tiempo más o menos corto, le llevará a una silla de ruedas. Y tiene dos alternativas, conformarse y esperar o enfrentarse a la enfermedad y plantarle cara.

tomas belzunegui Enfermo de Ataxia

De forma que medio siglo después se revela ejemplar, la asume “con espíritu positivo, de querer recuperar la salud todo lo que sea posible” y de retardar sus efectos, algo que en apariencia (y está a la vista), ha conseguido. A su entrega y positiva disposición suma la “higiene vital y, más concretamente, ayunos, perseverando en una alimentación limpia y una vida sana al máximo. Considero muy importante hacer ejercicio y moverse todo lo posible, si bien reconozco que es difícil porque surgen problemas y situaciones adversas continuamente”.

una vida intensa Vivir y viajar parece su lema, vivirá “con la enfermedad” pero decidido a retrasar sus efectos con todos los medios a su alcance: yoga, acupuntura, regímenes alimenticios y otras clases de terapias “alternativas” pero, sobre todo, sin quedarse quieto. Viaja a India y a varias ciudades y lugares del Estado, siempre en busca de tratamientos que le ayuden a superar su situación y a vivir su realidad en toda su plenitud.

En lo que cabe, se reconoce con cierta suerte, disfruta de una situación económica ni de lejos lujosa pero bastante saneada, lo que ha sido una ayuda en comparación con gente que vive un caso similar al suyo: “Tal y como funciona la sanidad (y las ayudas sociales) es muy difícil, en efecto. Por desgracia la mayoría de afectados no dispone de medios económicos y todas las ayudas son necesarias”, afirma.

En medio siglo de victoria (parcial pero real) Tomás Belzunegui explica que se ha encontrado con presuntos médicos o curanderos y terapias que son un fraude o una auténtica superchería. “Rotundamente sí, pero hay que ser cuidadoso en este asunto. También hay curanderos buenos y positivos, aunque los menos”, dice.

En su estado, la distancia y alejamiento es el olvido, si bien Tomás asegura que no le ha afectado de forma muy negativa con sus amigos de siempre, porque “nunca me olvidé de ellos y además tuve la suerte de encontrarme con gente muy maja, buenos amigos, ningún aprovechategui;en general han sido experiencias satisfactorias”.

Lo pudo comprobar días pasados, al presentar el libro de su vivencia (El otro lado de la enfermedad. Un canto a la vida, Ediciones Eulate). La afluencia fue la mayor que se recuerda en un acto similar acompañado de su amigo y cuidador Elard, sus hermanas Rosa, Mirentxu y María José, con la sala abarrotada. La obra es un espejo, un testimonio precioso de un carácter irreductible frente a la enfermedad que ha presidido la vida de un gran tipo y de un gran amigo. Todo un ejemplo.

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