Editorial de diario de noticias

Propaganda y prepotencia sin compromisos

La visita exprés de De la Serna para confirmar la conexión con la ‘Y vasca’ sin plazos, costes y financiación 30 años después fue otra visita más de ministros del PP y PSOE a Navarra que mantiene la modernización del ferrocarril como una lejana quimera

Miércoles, 10 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:16h

el aterrizaje del ministro de Fomento Íñigo de la Serna en Pamplona para confirmar 30 años después que la conexión del la nueva red ferroviaria de Navarra con la Y vasca y Europa seguirá la ruta de Vitoria-Gasteiz volvió a ser un simple acto de propaganda partidista y prepotencia política que una vez más no dejó ningún compromiso concreto sobre plazos, costes y financiación. Un hecho objetivo que ni siquiera el intento de la consejera Arantza Tapia de poner en valor la conexión ferroviaria entre las cuatro capitales de Navarra y la CAV -algo que a día parece muy lejano- pudo poner en valor más allá de servir de excusa a la crítica política de UPN contra su presencia institucional Navarra. Con una desangelada presentación, De la Serna se esforzó por tratar de otorgar rendimientos políticos a UPN y PP en un acto en el que al margen de la conexión con Vitoria-Gasteiz -para colmo sin volver a descartar décadas después la alternativa de Ezkio- no hubo novedad alguna. En realidad, fue otro capítulo más de inconcreción, evasivas y escaqueo de compromisos del largo historial de visitas que ministros anteriores del PP y del PSOE han hecho a Navarra para poner plazos y cifras de inversión a un tren de alta velocidad que sigue siendo una quimera. De hecho, la última gran noticia es que se construirán tres kilómetros en los próximos cinco años en el tramo absurdo entre Castejón y Campanas. Un ritmo más bien lento para los estándares de alta velocidad del siglo XXI. Navarra sigue necesitando 30 años después de compromisos, fotos y convenios incumplidos un proyecto de ferrocarril adecuado a las necesidades y demandas del siglo XXI, pero no parece, por lo escuchado y visto ayer, que haya un cambio sustancial en los compromisos reales del Gobierno central respecto a todas las estafas anteriores. Al contrario, el paso exprés de De la Serna por Iruña tuvo como añadido feo un acto de prepotencia institucional para tratar de minusvalorar la capacidad política y el autogobierno de Navarra y dejar claro que el futuro tren será, cuando sea, el que decida e imponga Madrid. Otro error. En definitiva, un pobre acto político más con el que difícilmente puede el Estado ganar credibilidad sobre el cumplimiento de sus obligaciones con Navarra -y el ferrocarril, mientras no haya traspaso de competencias, es una de ellas-, y menos aún puede servir para convencer a los navarros y navarras que siguen desconfiando de esta infraestructura, de sus altos costes, de su utilidad social y de su viabilidad económica.

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