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Lolita Chávez, la voz de los pueblos K’iche’s

La guatemalteca, exiliada en Bilbao tras ser amenazada de muerte, lucha contra empresas europeas para defender los derechos de los pueblos indígenas

Laura Garde | Iban Aguinaga - Miércoles, 10 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:16h

Lolita Chávez, que vive en Bilbao desde junio, posa antes de dar su charla en el ayuntamiento de Zizur Mayor.

Lolita Chávez, que vive en Bilbao desde junio, posa antes de dar su charla en el ayuntamiento de Zizur Mayor. (IBAN AGUINAGA)

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  • Lolita Chávez, que vive en Bilbao desde junio, posa antes de dar su charla en el ayuntamiento de Zizur Mayor.

pamplona- Lolita Chávez da las gracias a su familia, y en concreto a su madre y su hermana, por ser quien es. Guatemalteca y exiliada en Bilbao, a sus 45 años ha vivido guerras permanentes, saqueos por parte del Gobierno y una colonización de los pueblos indígenas por empresas europeas que todavía no ha acabado. Por ello, es cofundadora y responsable del Consejo de Pueblos K’iche’s por la Defensa de la Vida, Madre Naturaleza, Tierra y Territorio (CPK). “Mi familia participa desde la década de los 90 en movimientos de lucha contra estas causas. Mi pueblo no ha dejado de estar tomado por militares y mi madre ha sido perseguida. Fue mi hermana quien me inició en grupos de mujeres donde me enseñaron cuáles son nuestros derechos”, explica orgullosa.

Así, hasta poner en marcha el CPK, poco a poco entró a formar parte de grupos como la Iniciativa Mesoamericana de Mujeres Defensoras de Derechos Humanos o de la Red de Sanadoras Ancestrales del Feminismo Comunitario. Todo con un mismo objetivo: la defensa de los territorios indígenas. “Hemos demandado al Estado de Guatemala, a empresas (sobre todo, mineras), hemos pedido medidas constitucionales, luchado contra violadores sexuales...”, asegura. Ahora, a través del CPK busca la liberación colectiva: “Otros pueblos de Guatemala viven lo mismo que nosotros. Cuando mi pueblo me dio un cargo de autoridad, supe que tenía que dar un paso más allá. Quiero defender el territorio, sanarlo y caminar junto al resto”.

La lucha contra los delitos medioambientales de las multinacionales es una de sus batallas más reconocidas. Las poblaciones indígenas -que conforman, según Chávez, más del 60% de los guatemaltecos;no el 40%, como indican fuentes del Gobierno- viven en contacto con la naturaleza. “Es nuestro modo de vida y lo rompen sin reparo, de una forma muy violenta”, sentencia. Para ella, quien propicia esta situación es el Gobierno: “Ellos les ceden kilómetros y kilómetros de territorio para que lleven a cabo su actividad. Terminan dejándonos sin agua y sin recursos”.

Con el paso del tiempo, el feminismo se ha integrado en los fines y las disputas del CPK. Hasta hace no mucho, este concepto no existía en los pueblos K’iche’s. Tras vivir la violencia impuesta por el Estado, encontraron otros caminos en las propuestas emancipatorias de los indígenas: “Nos habían excluido y marginado más que a los hombres. Las mujeres nos dimos cuenta de que nuestros conocimientos son una aportación más. Y no hablamos solo de feminismo, sino de feminismos plurales, comunitarios. No queremos que se vea a la tierra solo como una dadora de vida, que solo genera hijos e hijas”, aclara Chávez.

exilioPor su labor, la activista ha sido perseguida. Durante mucho tiempo, las amenazas de muerte no cesaron y su familia y algunos integrantes del CPK han sido atacados a mano armada. Por eso, en junio, se vio obligada a venir a España: “En casa me enseñaron a no agachar la cabeza. Tuve que resguardarme en la montaña durante un tiempo. Después, gracias a la ayuda internacional, pude llegar hasta aquí”.

En diciembre, el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, pidió al gobierno de Guatemala que proteja a la líder indígena. Pero esta vez “de verdad”. En 2005 le concedieron unas medidas cautelares: el Ejecutivo le ponía seguridad. No obstante, la tenía que pagar: “Les daba parte de mi sueldo. Además, me asaltaban igual. En un viaje en autobús con guardaespaldas, me atacaron tres veces”, relata Lolita.

Su lucha desde aquí se materializa en charlas. Recorre ciudades para contar su historia, cómo viven los pueblos indígenas y cuál es el trabajo del CPK. Ayer acogió una de sus ponencias el Ayuntamiento de Zizur Mayor: “Hemos luchado mucho y nuestra situación merece, por lo menos, ser conocida”.

Casada y madre de dos hijos, el exilio le ha supuesto el desarraigo: “Tuve que despedirme de mi hogar. Me duele mucho. Echo de menos los ríos y las montañas, y, sobre todo, el espíritu con el que vivíamos”. Sin embargo, cree haber ganado otras cosas. “Estar aquí me permite generar contactos y crear redes que cooperen con nosotros desde aquí”, añade.

esperanzaA los gobiernos europeos les pide un cambio de mentalidad por su “idea equivocada” de Estado. “Somos comunidad, somos pueblo y vamos a seguir defendiéndonos”, asevera. Lolita no se olvida de la financiación de Europa: “Son ellos los que aportan armamento. El modelo colonizador que debía haberse extinguido sigue latente”. Para justificarlo pone de ejemplo su llegada a Estrasburgo: “Fui la única pasajera del vuelo en ser sometida a control por la Policía francesa”.

La esperanza es el motor de Lolita, finalista en 2017 del Premio Sájarov que entrega el Parlamento Europeo para distinguir a los líderes que batallan por los derechos humanos y la libertad de conciencia. Mientras las ganas de que su tierra natal pueda seguir organizándose para continuar con la lucha y defender sus derechos no se apaguen, su voz tampoco lo hará.

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