Hurtos y huertos baldíos

Ilia Galán - Viernes, 12 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:15h

Le parecía salir de la librería con algún ejemplar que no había pagado, como si lo tomase prestado, y estudiaba conmigo en la misma universidad. No era pobre, sino de clase media, más bien acomodada, en una rica región del mapa. En aquella época se justificaban algunos con verborrea marxista de hacergorda la vista cuando raptaban algo de los comercios capitalistas, poco importaba que se tratara de una multinacional, donde por supuesto era lícito -para ellos- el robo, como si de una virtud revolucionaria se tratase, o un pequeño comercio de libros, licores o lo que fuere. ¿Egoísmo? El capitalismo era el culpable, aunque yo se lo reprochase: ¡ladrón infame!

Muchos no roban por temor a ser atrapados, pero fácilmente lo justifican, y luego acusan a nuestros políticos y empresarios de ladrones. Si llegaran a tales puestos lo harían, sin duda alguna, como quienes se benefician ilegalmente de lucrativas actividades. En resumen, la sociedad nuestra es la que requiere un examen de conciencia, pues son demasiados los pecadores y temo que hasta estas letras me birlen.

El ambiente es tan confuso moralmente que unas empleadas, despedidas por ser grabadas robando o ayudando al hurto, en Barcelona, acudieron a la corte internacional, en Estrasburgo, para reclamar ese despido como improcedente. Vergüenza española, y catalana, que muestra su desvergüenza y la proclama. El tribunal dictaminó que no se puede grabar secretamente en el puesto de trabajo a los empleados, desestimando la vuelta al empleo, pero, a cambio, ¡obliga a una indemnización de 4.500 euros para cada ratera campante! ¡Rufianes!

En resumen, se paga al ladrón que reclama: ¡Me pillaste, me miraste y así me ultrajaste! El malo no es el ladrón sino quien lo descubre.

Tampoco ayuda mucho que el Tribunal Supremo hispánico haya tumbado la reforma del código penal para enviar a prisión a los reincidentes sino exceden de cuatrocientos euros en su hurto. Conozco algún poeta que recibe menos de pensión. Si le roban esa cantidad le dejan en la más extrema miseria. El caco, en cambio, se iría a su casa tan campante. Señalan que no habría proporción con otros robos;entonces habría que alargar las restantes penas o cambiar de criterio. Es un escándalo hallar a violadoresreinsertados en la calle y fácilmente reincidentes, ladrones que campan sin impedimento para atacar a los honrados trabajadores. Las leyes, según hoy están concebidas, protegen, sobre todo, a los malhechores.

El huerto labrado de nuestra patria queda desolado y abandonado porque otros se llevan los frutos de nuestro trabajo, baldío universo de inmorales ideas sostenido, todo parece derrumbarse en torno nuestro, aunque seguimos cultivando.