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Villavesas y jóvenes

Alba Izaskun Rípodas Melero - Viernes, 12 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:15h

Me monto en la villavesa. Normalmente hago el viaje de pie, pero hoy no me encuentro nada bien y decido sentarme. Lo hago en la primera fila de asientos más cercana a la segunda puerta. Hay un asiento rojo más cerca de la ventanilla y otro verde en el lado del pasillo. Me acomodo en el verde. Empiezo a pensar en la lógica de colocar el asiento rojo para personas mayores, embarazadas, etcétera cerca de la ventanilla. Me parece correcto pero me siento un tanto ridícula en el asiento del pasillo. La gente, entre ella personas mayores, pasa rozándome y ninguno decide sentarse a mi lado, posiblemente por no molestarme. En un momento dado entra tanta gente que decido sentarme en el asiento rojo para dejar el otro lugar libre a una mujer. De repente sube un hombre de unos 70 años. Decide quedarse de pie, bien agarrado a una de las barras de la villavesa. Por supuesto, pienso en cederle mi sitio, pero al observarle veo que no parece estar a disgusto de pie. Pienso que incluso pueda llegar a molestarle que le pregunte si quiere sentarte. Estando en mis pensamientos, de la nada una mujer sentada detrás mía pero en el lado del pasillo, insiste en que el señor se siente en su asiento. El hombre responde entre risas: “No estoy tan mayor”. La mujer insiste excesivamente y murmura que es una vergüenza que los jóvenes nunca cedan sus asientos y que siempre pase lo mismo. No puedo evitar contestarle. Primero cedí mi asiento a otra persona, segundo pensé más que ella en ese hombre y tercero, una vez estuvo sentado le pregunté si habría querido sentarse en mi asiento y me volvió a confirmar que no me preocupase, que él estaba bien de pie.

Lo que intento transmitir es que, por supuesto, todo el mundo debe respetar a los mayores y cederles los asientos rojos de las villavesas. Pero, sobre todo, quiero hacer ver que éste es sólo un ejemplo más. La mayoría de los jóvenes no somos seres insensibles, irrespetuosos, ineptos y desconsiderados, como me hizo sentir esta señora. Muchas veces podemos tener en cuenta más detalles que muchos adultos. Finalmente, las opiniones pueden decirse de muchas maneras y con todo el respeto señora, creo que usted generalizó y exageró innecesariamente.

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