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Sayas y Beltrán: educación se tiene o no se tiene

ainhoa aznárez expulsó a la presidenta del ppn, que se negó a abandonar el pleno y forzó una interrupción de 7 minutos

Un reportaje de A. Irisarri. Fotografía Javier Bergasa - Viernes, 12 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:15h

Gesto malhumorado de Beltrán, a la que observan Sayas y Aznárez. Foto: JAVIER BERGASAVER VÍDEOReproducir img

Gesto malhumorado de Beltrán, a la que observan Sayas y Aznárez. Foto: JAVIER BERGASA

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  • Gesto malhumorado de Beltrán, a la que observan Sayas y Aznárez. Foto: JAVIER BERGASAReproducir
  • Ainhoa Aznárez (i) discute con Ana Beltrán (de espaldas), que no quiso abandonar el pleno pese a que fue expulsada por sus interrupciones.

No se sabe si Sergio Sayas (UPN) y Ana Beltrán (PP) introdujeron entre sus propósitos para 2018 el bajar un punto el histerismo y griterío de su oposición. Pero en caso de que lo hubiesen hecho, hasta el 11 de enero les han durado las buenas intenciones. El primer pleno del año en el Parlamento volvió a dejar claro que el parqué del hemiciclo, sobre todo en la bancada de la oposición, sigue tan enfangado como en 2017.

Todo comenzó sobre las 11.30 horas. Fue entonces cuando el parlamentario Sergio Sayas, haciendo seguidismo de la única web que se hizo eco de un “colapso” en el ambulatorio la tarde del domingo 31 de diciembre, pidió explicaciones al consejero de Salud. Fernando Domínguez se remitió al comunicado que hizo la coordinadora del área pediátrica del centro de salud, negó que existiese una situación de urgencia generalizada y dio la enhorabuena a los trabajadores sanitarios por su trabajo. Además, facilitó datos: de las 133 atenciones de aquel día, ninguna tuvo la consideración de urgencia inmediata según el baremo médico que aplica la sanidad navarra;quince actuaciones tuvieron prioridad media (la atención al paciente puede demorarse hasta 60 minutos);y las 118 restantes se identificaron como de escasa gravedad.

Por eso, Domínguez reprochó a Sayas que hubiese utilizado a los niños como pretexto para crear alarma social y atacar, de paso, a la sanidad pública. De hecho, Domínguez admitió haber sentido una “profunda decepción” no porque Sayas utilizase “argumentos falaces a sabiendas”, sino porque “otros u otras” representantes de UPN hubiesen sido “cómplices de la mentira”, y además concluyó: “¿Por qué usted y UPN están empeñados en dañar la imagen de la sanidad pública navarra? ¿Qué interés les mueve? Actitudes como esta evidencian por qué están en la oposición, y por qué estoy convencido de que la ciudadanía volverá a dejarles ahí en 2019”. Por descontado, a Sayas no le gustaron ni los datos ni el rapapolvos del consejero, así que para detener el chorreo se dedicó a interrumpir al consejero en sus respuestas, recibiendo por ello dos apercibimientos de una Ainhoa Aznárez a la que los regionalistas sacaron de sus casillas con sus risas e interrupciones, pintando una escena cada vez más infantil. Pero entonces entró en escena Ana Beltrán. La presidenta de los populares olió sangre, vio el río revuelto y se lanzó con una de las suyas. Aznárez introdujo la siguiente pregunta advirtiendo a los populares que lo haría en euskera, siguiendo la tónica de alternancia entre ambas lenguas y “para que luego no se diga”. Beltrán, no contenta con no ponerse los cascos (la Cámara cuenta con un sistema de traducción simultánea), volvió a reprochar que se utilice “tanto” el euskera y desafió a la presidenta con que lo denunciará “las veces que haga falta”.

El ambiente, caldeado por las faltas de respeto de Sayas, ya había puesto nerviosa a Ainhoa Aznárez, que en un arrebato expulsó directamente a Beltrán. Se precipitó Aznárez, porque sólo le había dado un apercibimiento de los tres que hacen falta para expulsar a un parlamentario. Eso lo vio la presidenta popular, que se enrocó en su escaño y se negó a salir, provocando una situación todavía más surrealista. Aznárez, superada, ordenó un receso hasta que Beltrán se decidiese a abandonar el pleno, cosa que no hizo en parte porque Esparza se encargó de consultar a los letrados si esa decisión se acogía al reglamento, haciendo el trabajo sucio y dando carta de naturaleza a eso que decía Beltrán el lunes: que ella es la lideresa de la oposición. La presidenta de la Cámara tendría que haber adoptado el procedimiento metralleta que estilaba Alberto Catalán cuando estaba al frente de la Cámara: expulsión en tiempo récord, con tres apercibimientos en tres segundos. Que se lo digan al exparlamentario Víctor Rubio.

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