Mesa de Redacción

Ideas y mensajes de mierda

Por Joseba Santamaria - Sábado, 13 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:10h

No hay nada nuevo. Trump llama migrantes de mierda a las personas que llegan a EEUU procedentes de África, Haití, Honduras, El Salvador, etcétera. Y buena parte de la opinión pública, no sólo de EEUU, sino de gran parte del mundo, le aplaude convencido y enfervorizado. Es terrible, pero la descalificación y la persecución de las personas migrantes y de los refugiados forma parte esencial del nuevo discurso. Trump ganó con un discurso de ultraderecha que lleva a la práctica de cabo a rabo. El mismo discurso ultraderechista que se extiende por toda Europa, el Estado español incluido, con apariencia de normalidad democrática. Las derechas y algunos destacados demagogos habituales instalados en un falso progresismo saben que ésa es una vía segura de captación electoral y recurren de nuevo a los dos argumentos básicos que sostienen el discurso xenófobo tradicional: a la zanahoria de la seguridad ciudadana se le añade la inmigración como primer factor de inestabilidad. Esto es, la constante vinculación de inmigración y delincuencia para ofrecer luego como solución la tradicional vuelta a la mano dura con los demás que no piensan como ellos dicen que hay que pensar o que no son como ellos dicen que hay que ser. Inciden en los aspectos negativos (espacios de marginalidad generadores de delincuencia, efectos perturbadores sobre el empleo, los salarios y los derechos laborales o problemas de integración cultural o religiosa), obviando su aportación al crecimiento económico, la sostenibilidad de las pensiones o a la recaudación fiscal. Y de paso se ocultan los desafueros democráticos que suponen las nuevas legislaciones sobre inmigración, código penal, derechos laborales, recortes sociales, libertad de información y de opinión que se están imponiendo en este siglo XXI. La migración es el principal gancho de captación, pero también es la excusa para desmontar el entramado político, ético, económico, laboral y jurídico que sostiene el modelo democrático de convivencia. Trump no es más que la imagen más patética e histriónica del viejo fantasma que no ha dejado de recorrer el mundo. De momento, sin la parafernalia de correajes, banderolas y desfiles. Al tiempo.

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