Mesa de Redacción

El enésimo fiasco y el tren de nuestros tataranietos

Por Joseba Santamaria - Domingo, 14 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:10h

La derecha navarra recupera, a falta de nada mejor para montar un discurso eficiente de oposición, el viejo comodín que vienen los vascos. Lo tenía guardado en el cajón, visto que había quedado desgastado por su exceso de uso y falta de interés para la sociedad navarra. Basta que pase por Pamplona una consejera del Gobierno de la CAV, Arantza Tapia, y hable de “las cuatro capitales vascas” en relación a la conexión del corredor navarro del ferrocarril con la Y vasca. La referencia de Tapia puede molestar a unos, gustar a otros y a algunos simplemente darles igual, pero que la vieja Iruña era una capital con un indudable componente vasco cuando ni siquiera existían como capitales San Sebastián, Vitoria o Bilbao es un hecho objetivo -basta repasar archivos y documentación histórica-, que sólo los fanáticos o los indocumentados pueden negar hoy en día. Y esa realidad -la misma de Baiona como otra capital vasca-, no tiene nada que ver con las diferentes realidades institucionales actuales. De perogrullo. Hacer de ello un argumento de debate y confrontación política, institucional y social sólo demuestra una vez más el bajo nivel de ese discurso político de las derechas navarras. Nada nuevo. UPN y PP siguen enfangados en una competencia patética por ver quién lanza el mayor exabrupto porque no tienen otra cosa que ofrecer a la sociedad navarra. De hecho, las declaraciones de Tapia han servido de cortina de humo para ocultar el enésimo fiasco con Navarra y la alta velocidad. De la Serna se presentó en Pamplona, evidentemente obligado por las necesidades de autopropaganda de Esparza y Beltrán, para no aportar ni una sola novedad a la conexión del corredor navarro con la Y vasca. Fue un paripé mediático más que sumar a las incontables visitas en 30 años de ministros del PP y PSOE a Navarra con la alta velocidad como argumento que acabaron en la más absoluta nada. De la Serna se volvió a Madrid dejando todo tal y como estaba antes de su viaje: sin conexión decidida, sin fecha de ejecución y sin proyecto. Por supuesto, ni UPN, ni PP, ni PSN, ni la Cámara de Comercio, ni la Confederación de Empresarios ni ninguno de los pintorescos miembros del foro Futuro para Navarra han dicho nada de este nuevo fiasco. En realidad, tampoco han dicho nada durante cada uno de los incumplimientos anteriores. Navarra necesita la modernización de su red de ferrocarril para enlazar las comunicaciones de personas y de mercancías con Europa, Madrid y el Mediterráneo, pero los partidos llevan 30 años debatiendo sobre qué tipo de tren -tenemos ya tres diferentes, TAV, TAP y Tren Social-, sin que haya un mínimo punto de encuentro. Es evidente la necesidad de un corredor que mejore los tiempos y las conexiones con esos enlace estratégicos a norte y sur y ello debería ser compatible con la planificación de una mejora de la red actual y su extensión comarcal. Pero mientras Navarra discute incansablemente si son galgos o podencos, el Estado sigue eludiendo su responsabilidad -tiene la competencia en exclusiva-, política y económica con la modernización de nuestra red de ferrocarril y el corredor navarro de alta velocidad sigue siendo una quimera en la que quizá algún día viajen nuestros tataranietos.