‘Desplasticar’ nuestros hábitos de consumo

Por Julen Rekondo - Domingo, 14 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:10h

Las bolsas de plástico tienen los días contados. Quedarán prohibidas en el Estado español a partir del 1 de enero de 2020, y por tanto, en Navarra. Mientras tanto, suponen un gran problema para el medio ambiente, pero también otros muchos plásticos, de los que hablaremos en este artículo. Pero siguiendo con las bolsas de plástico, solo el 30% de ellas se deposita en los contenedores amarillos para su reciclaje y, por sí solas, tardan hasta 500 años en descomponerse. Además, tienden a dispersarse como basura transportada por el aire y cuando se fragmentan son ingeridas por gran cantidad de animales. Solo un dato: plásticos que llegan al mar están matando a más de un millón de aves marinas y unos 100.000 mamíferos y tortugas marinas cada año. El material plástico afecta a la fauna de dos maneras importantes: cuando las criaturas se enredan en él y cuando lo ingieren.

La bolsa de plástico debe ser eliminada de nuestro consumo habitual. Pero, ¿qué debemos hacer con el resto de los plásticos? Desde su expansión a principios del siglo pasado, el plástico se ha convertido en un material que puede utilizarse de muchas maneras diferentes. Actualmente, se usa en gran cantidad para fabricar y envolver muchos de los productos que compramos y consumimos. Se ha hablado en muchas ocasiones de sus grandes ventajas, por sus características (flexibilidad, resistente, durabilidad, ligereza, bajo precio, etcétera), pero no de sus grandes inconvenientes. Y, sin embargo, es el reflejo de la cultura de usar y tirar, ya que gran parte del plástico se emplea para fabricar una gran variedad de envases que tienen una vida muy corta (bolsas de plástico, envolturas de alimentos y envases, botellas o vasos de plásticos, cubiertos y cucharillas de plástico, pajitas, etcétera).

Su bajo precio hace que uno se deshaga rápidamente de él, y su larga existencia hace que perdure en el medio ambiente durante largos periodos de tiempo, en los que puede causar grandes daños. Ya que no puede descomponerse y se necesita una alta energía de rayos ultravioleta para acabar con él, la cantidad de plástico que se desperdicia en los océanos está aumentando considerablemente. Pero, igualmente, pasa en nuestros campos, donde los envases de plástico, sean botellas u otros envases, pueden permanecer muchos años en descomponerse. ¿Cuánto? Depende de varios factores, entre los que se encuentran el tipo de plástico y las condiciones ambientales. Muchos plásticos no se biodegradan en grado significativo, independientemente de las condiciones ambientales, mientras que otros lo hacen muy lentamente si están expuestos a determinadas condiciones de aire, agua y luz.

La Unión Europea tiene un papel muy importante en la industria del plástico. Es el segundo productor del mundo, después de China, con unos 50 millones de toneladas al año. El mayor consumo de plásticos va destinado a la fabricación de envases, lo que supone el 40% de toda la demanda europea. En los que respecta a Navarra, los datos no difieren de los europeos.

Por otra parte, se habla mucho del reciclaje de plásticos de una forma muy interesada por parte de sus fabricantes para dar una imagen medioambientalista. Pero no es así. Los plásticos tienen unos índices de reciclaje muy bajos, y no digamos de reutilización, incrementando de esa manera el volumen de basura producida y permaneciendo en el ambiente durante siglos. También hay que decir que no todos los plásticos son iguales, encontrándonos con muchas familias de plásticos -más de 100 tipos-, y algunos de ellos no se pueden reciclar o el material obtenido es muy malo y no lo quiere nadie. En 2016, en Europa solo el 30% del plástico que llegó a los sistemas de gestión de residuos fue reciclado, el 40% se incineró y el 30% acabó en vertederos. Estos datos solo corresponden a los residuos depositados en el contenedor amarillo u otros sistemas de recogida de residuos, pero, al margen de estas cifras, millones de envases de plásticos son abandonados diariamente en el entorno.

Sin duda, la problemática de los plásticos encierra un gran reto a nivel mundial. Sabemos que el plástico tiene algunas ventajas, pero hay que poner un límite. Hay respuestas parciales como la reglamentación restrictiva y de prohibición de las bolsas de plástico en algunos países, algunas propuestas tecnológicas para su recuperación... Pero el tiempo de las posibles soluciones van a un ritmo más lento al del incremento del problema. La solución al problema de la contaminación por plástico requiere transformaciones de mayor calado que tengan en cuenta cambios estructurales. Por un lado, el papel de las personas más concienciadas y de la ciudadanía en general será de gran importancia para posibilitar la presión hacia adopción de políticas públicas sostenibles y saludables. Por otro lado, adoptar medidas de gestión de residuos que tengan en cuenta el aumento de los años de garantías de los productos, la penalización al sobreenvasado, la promoción de la venta al granel, o la decidida puesta en marcha del Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR), como se apuntaba en un anterior escrito en estas páginas de Opinión, y que tanto el Plan de Residuos de Navarra como el proyecto de Ley de Residuos lo contemplan. En conclusión, hay que desplasticar nuestros hábitos de consumo.

El autor es experto en temas ambientales y Premio Nacional de Medio Ambiente