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Republicanismo

Primarias en UPN

Por Santiago Cervera - Domingo, 14 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:10h

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el congreso que llevó a Javier Esparza a la presidencia de su partido (septiembre de 2016) contó con las candidaturas alternativas de Amelia Salanueva y María Kutz. Apenas sirvió para otra cosa que para elegir un jefe, sin ningún atisbo de la reflexión que parecía obligada tras perder el poder, y perderlo de qué manera. Entonces, la única aportación interesante la hizo Salanueva, cuando postulaba que el presidente del partido no debía ser a la vez candidato al Gobierno de Navarra, en un modelo de separación de funciones inédito en Príncipe de Viana. No se tomó en cuenta aquello -57% para Esparza, 38% para Salanueva- y seguramente se desaprovechó la única opción cabal que hubiera permitido reflotar de su naufragio político a los navarristas. Porque parecía lógico que ante el desastre en el que devino el barcinismo -a su vez, epifenómeno del sanzismo-, se hacía necesario un capataz encargado principalmente de sacar los escombros y enlucir las paredes, antes que un protocandidato obsesionado por la lid electoral. UPN dejó de tener un proyecto sólido para Navarra hace años, incluso antes de que Sanz y Pepiño proclamaran fraternidad, pero la herencia de su última legislatura no pudo ser más deletérea. Esos tótems derrumbados cayeron a plomo sobre los que se decían sus principales guardianes. Tanta autosuficiencia político económica, que hizo aún más duros los efectos de la crisis. Aquella Caja, cívicamente expoliada por fantoches y dietistas. Ese prometido eterno bienestar emanado de Diputación, que se vio era de cartón piedra. Y sobre todo, el modo en el que se diluyó cualquier atisbo de liderazgo político para afrontar tiempos difíciles, amortizada al cuarto gintónic la entente socioregionalista por la que tanto habían trabajado las fuerzas vivas. Tres presupuestos prorrogados, la espantada de Barcina, y ahí quedó un Esparza de coyuntura que después de tanto tiempo retranqueado -algunos afirman que incluso llegó a ser consejero del Gobierno- protagonizó la caída final.

Ahora UPN convoca sus primarias para blindar al propio Esparza como candidato ante lo que va a ser un año duro, en el que apenas habrá un atisbo de esperanza electoral para los suyos ni encuesta alentadora. Tal vez el de Aoiz pretenda copiar ese modelo rajoyano de mantenerse a toda cosa y esperar a que la oportunidad llame a la puerta. Lo peor de todo, para ellos y para quienes merecerían una buena representación en el centro derecha navarrista, es creer que esa oportunidad puede aparecer sin que antes haya un profundo replanteamiento de los postulados que todavía se manejan. Durante toda su existencia, UPN se amalgamó como un partido en el que lo importante no era tanto prestar respuesta política a los retos sociales, sino actuar como contrafuerte de un muro que nos defendía de los invasores. Hete aquí que aquellos asaltantes llegaron al poder y se pusieron a hacer cosas, unas mejor que otras, y lo que es seguro es que cuando se convoquen las urnas Navarra seguirá estando en el mismo sitio y no habremos asistido al Armagedon. Pero no parece que una incontestable evidencia como esta, ese absoluto cambio en las bases apriorísticas de la política foral, esté haciendo reflexionar a los de Esparza sobre la propia razón de ser que tienen como partido, ni siquiera sobre el modo en el que hay que armar un nuevo discurso mínimamente regenerador. Ya no vale hablar de que hay que evitar que pase lo que ya ha pasado, ni que siguen al acecho las amenazas que el ciudadano ve que no son tales. Pero sorprendentemente esa sigue siendo la única raíz argumental que emana de sus huestes. No se atisba un reconocimiento de que se hicieron mal las cosas, de que todo ha cambiado;y sobre todo, de que hoy se necesita crear una propuesta política acorde con unas nuevas coordenadas. Sólo hay más Esparza, un candidato que sale a empatar el partido utilizando las mismas marrullerías por las que ya le expulsaron en anteriores contiendas. Por incapacidad, ni siquiera se les ve dispuestos a poner en su sitio a esa vergonzosa presidenta del Parlamento que insulta diariamente a quienes preside y a quienes la Cámara representa. Esa incompetente dedicada a exhibir sus conflictos personales y a constituirlos en praxis presidencial. La altiva acomplejada que dice celebrar “las fiestas de invierno”.