Noticias de NavarraDiario de Noticias de Navarra. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Períodico de Diario de Noticias de Navarra

Ayuda humanitaria, la última esperanza de los rohinyás

Desde agosto, 650.000 personas de esta minoría étnica musulmana han buscado socorro en bangladesh ante la ola de violencia del gobierno birmano. Ahora, luchan por sobrevivir en las duras condiciones de los campos de refugiados

Un reportaje de Unai Yoldi Hualde - Domingo, 14 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:10h

Mónica Fernández rodeada de rohinyás en uno de los campos de refugiados de Bangladesh.

Mónica Fernández rodeada de rohinyás en uno de los campos de refugiados de Bangladesh.

Galería Noticia

Mónica Fernández rodeada de rohinyás en uno de los campos de refugiados de Bangladesh.

Myanmar, más conocido como Birmania, es un país ubicado en el extremo noroeste del Sudeste Asiático. En una extensión de 676.578 kilómetros cuadrados conviven una amalgama de culturas birmanas, chinas, indias y tailandesas, y la mayoría de sus habitantes profesan el budismo y en menor medida el islam y el cristianismo. Durante las últimas décadas, la minoría musulmana rohinyá ha sido muy perseguida por el Gobierno birmano, especialmente desde 2016 cuando se les atribuyó un ataque contra la Policía gubernamental. La última ola de violencia arrancó el agosto pasado cuando Myanmar, junto al ejército y a algunos grupos budistas extremistas, comenzó una limpieza étnica contra los rohinyás. Esta minoría se vio empujada a cruzar la frontera y buscar refugio en Bangladesh huyendo de la violencia y de la muerte que les aguardaban en Myanmar.

La agresión contra los rohinyás se agudizó tanto que, en la actualidad, ya son más de 650.000 personas las que han tenido que abandonar sus casas y emprender un largo viaje hacia el país vecino para sobrevivir, pero su tragedia no termina ahí. Tras ver cómo se les negaba la condición de ciudadanos, cómo ardían sus casas y como asesinaban a sus familias, se enfrentaron a semanas de huida hacia Bangladesh donde, ahora, en condiciones inhumanas, luchan día a día por sobrevivir en los campos de refugiados en los que habitan.

Hasta estos lugares, situados en la frontera entre Bangladesh y Myanmar, ha acudido Mónica Fernández Mutiloa, una enfermera navarra de 27 años que desde hace año y medio trabaja en la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF). Pese a su juventud, Mónica tiene una amplia experiencia como cooperante y ha trabajado en Sierra Leona con el Évola, en República Centro Africana con una epidemia de Sarampión y también realizó voluntariado en Latinoamérica en su época de estudiante.

“A Bangladesh llegué con el primer equipo de ayuda humanitaria de MSF. Empezamos trabajando en dos campos de refugiados de 40.000 y 75.000 personas cada uno”, relata la enfermera, que explica cómo lo primero que hicieron al llegar fue ayudar a los rohinyás a construir pozos y letrinas. “Las condiciones de agua y saneamiento eran verdaderamente infrahumanas”. Mónica cuenta que fueron los primeros actores en llegar y que durante los dos meses que ha estado allí el avance ha sido muy importante. “Las necesidades eran brutales, empezamos con dos o tres clínicas y ahora hay hospitales”.

condiciones infrahumanasLos rohinyás, que no han dejado de llegar a Bangladesh desde agosto, van abriéndose hueco en los campamentos como pueden. Construyen casas de plástico y bambú y dependen totalmente de la ayuda internacional para la manutención y la sanidad. A todo esto se suma el problema de que, tal y como cuenta Mónica, los rohinyás “no son considerados oficialmente refugiados”. “Es algo que tiene que partir de la ONU y que todavía no se ha hecho”, lamenta, y añade que “los conflictos en los que no hay detrás ningún interés político o económico parecen no existir”.

Mientras tanto, la difteria, el sarampión, las enfermedades respiratorias y diarréicas y la malnutrición van aflorando en los campamentos y afectando a una población que ya llega muy vulnerable. En concreto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y MSF han detectado 722 casos de difteria en los campos de refugiados entre el 12 de noviembre y el 11 de diciembre. Por otro lado, el 25% de los refugiados rohinyás menores de cinco años padecen malnutrición aguda, según la OMS, un porcentaje que supera con creces el límite del 15% que la organización considera como de emergencia. Además, casi la mitad de los menores sufren diarrea y el 60% infecciones respiratorias.

En estas condiciones, Mónica constata lo duro y lo difícil que es para una cooperante trabajar con personas “que lo han perdido todo”. “Han sido víctimas de muchísima violencia, han viajado durante más de un mes, han encontrado refugio y ahora tienen que hacer frente a infinidad de enfermedades”. Es un entorno de mucha desesperación y frustración, pero, aun así, te das cuenta que son gente muy fuerte pese a que no se ve una solución inminente al problema”, comenta. Para ella, la experiencia en Bangladesh ha sido de las más duras que le ha tocado vivir. “El Ébola para mí también fue muy difícil pero es una desgracia, en cierta parte, inevitable. Sin embargo, la situación de los rohinyás está provocada por el ser humano, son personas haciendo daño a otras personas”.

repatriaciónSiendo sincera, Mónica no cree que la vida de los refugiados vaya a solucionarse en el corto plazo, ni siquiera después de que el pasado 23 de noviembre Bangladesh y Myanmar firmaran un acuerdo para la repatriación de los rohinyás huidos. Concretamente, el Gobierno bangladesí envió al Ejecutivo birmano una primera lista con 100.000 personas, a las que no se perseguirá o penalizará salvo que haya supuestas “actividades terroristas. No obstante, Myanmar condiciona el regreso a la tenencia de documentos, una postura tramposa, ya que sus documentos de identidad han sido retirados o invalidados a lo largo de los años. “Llevan tanto tiempo perseguidos que se les han quitado todos los derechos de ciudadanos. No optaban a trabajos y casi todos ellos vivían sumidos en la pobreza”, insiste la enfermera, quien añade que, además, “casi nadie quiere volver, no tienen garantías de que no se vaya a volver a producir un ataque contra su pueblo”.

cronología

Estallido de la violencia. Durante las últimas décadas, los rohinyás han estado perseguidos por Myanmar pero, desde agosto del año pasado, comenzó una limpieza étnica contra ellos por parte del gobierno, junto al ejército y a algunos grupos de budistas extremistas.

Huida a Bangladesh. Tras la violencia desatada en Myanmar, miles de rohinyás están cruzando la frontera con Bangladesh en busca de refugio y seguridad.

Acuerdo con Myanmar. El pasado 23 de noviembre el gobierno bangladesí y el birmano llegaron a un acuerdo para la repatriación de 100.000 refugiados. No obstante, Myanmar condiciona el regreso a la tenencia de documentación, una posición tramposa cuando se les niega la condición de ciudadanos.

las cifras

650.000

refugiados. Desde el pasado agosto, se calcula que más de 650.000 rohinyás han cruzado la frontera hacia Bangladesh huyendo de la represión de Myanmar.

6.700

muertos. Médicos Sin Fronteras calcula que al menos 6.700 rohinyás han muerto en Myanmar desde que comenzó la represión, incluidos 730 niños.

40%

infecciones diarréicas. Según la OMS, el 40% de los refugiados menores de cinco años sufre infecciones diarréicas.