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La ‘revolución de los jazmines’ se marchita

Manifestaciones opuestas en Túnez evidencian la fuerte fractura social

Los partidos de izquierda critican las políticas de austeridad del Gobierno

Javier Martín - Lunes, 15 de Enero de 2018 - Actualizado a las 07:05h

túnez- Miles de tunecinos conmemoraron ayer los siete años de la caída de la dictadura de Zinedin el Abedin Ben Ali con manifestaciones independientes que evidenciaron la fractura social. En la avenida Habib Bourguiba, corazón del movimiento que hizo florecer las ahora marchitas primaveras árabes, círculos progresistas y seguidores del partido islamista Ennahda marcharon en direcciones opuestas.

Los primeros, al grito de “los jóvenes quieren otra revolución”, se quejaron de la situación económica y social y exigieron al Gobierno abandonar las políticas de austeridad.

“He pedido trabajo y me dicen que no hay. He pedido un lugar donde podamos hacer cine o teatro y dicen que no. He salido a la calle para defender mis derechos”, explicó a Efe Hassan Jethri.

En el otro extremo del bulevar, los seguidores de Ennahda, con más medios y mejor organizados, disfrutaban con entusiasmo del espectáculo organizado por sus dirigentes, bajo un fuerte dispositivo policial.

“Somos los jóvenes de la revolución, los que pedimos la salida de Ben Ali. Esto es ya una tradición, celebrar la revolución que hicimos. A pesar de las dificultades y la situación económica, amamos nuestro país y nuestra revolución, y estamos orgullosos”, explicó Echrak Rhouma.

“En Túnez hay mucho chantaje, hay partidos políticos que sólo trabajan para arruinar el país. Ennahda, el partido con el que yo he venido a manifestarme, trabaja por el país. Conocemos la coyuntura económica, pero ellos, con la excusa del problema económico, dicen que el pueblo es pobre”, agregó.

Las manifestaciones, pacíficas durante el día, se tornaron violentas el martes después de que un hombre de 55 años muriera durante la represión de una marcha en la ciudad de Tebourna, a 40 kilómetros al oeste de la capital.

Desde entonces, más de 800 personas han sido detenidas, no solo vándalos y extremistas sino también activistas y periodistas, en una aparente campaña de intimidación denunciada por organizaciones de defensa de los derechos humanos.

“Ellos votaron la ley de finanzas y ahora salen a la calle para manifestarte en contra. Esto es hipocresía y chantaje. Puedes ver con quién está el pueblo”, insistió Rhouma.

“No han logrado terminar con el poder, ni con sangre, ni con el ejército, ni legalmente, así que tratan de hacerlo saliendo a la calle, pero incluso en la calle nosotros somos más fuertes”, afirmó entre gritos de “los jóvenes quieren Ennahda aquí”.

El partido islamista es uno de los menos interesados en que las protestas contra la austeridad prosigan y ganen su momento como en 2011, ya que podrían acabar con su estrategia política a medio plazo.

mapa políticoEnnahda, socio en la coalición de Gobierno, controla el Parlamento y aspira a ganar las elecciones municipales de mayo, las primeras desde el triunfo de la revuelta. Si gana, se colocaría en una posición de privilegio de cara a las presidenciales de 2019.

Tampoco está interesado el Gobierno, que al igual que la Unión Europea y países vecinos teme que las protestas puedan ser utilizadas por los movimientos yihadistas para tratar de desestabilizar el país.

Partidos como el Frente Popular, principal opción de izquierda, y movimientos sociales como Fesh nastanneu? (¿A qué esperamos?), reiteraron que seguirán movilizándose “hasta que estos injustos presupuestos sean anulados”.

En este ambiente, el Gobierno anunció el sábado que aumentará la ayuda estatal a los necesitados para tratar de apaciguar las calles y paliar los efectos de unos presupuestos restrictivos forzados por el Fondo Monetario Internacional.

El organismo concedió en 2016 al Estado un préstamo de unos 2.500 millones de euros, a devolver en cuatro años y a cambio de una política de reformas fiscales, despidos, recortes y estricta austeridad.

La receta no ha servido para resolver problemas como la corrupción y el paro, y ha acentuado la inflación y el empobrecimiento de gran parte de la población.

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