la carta del día

Cosas que deben decirse

Por Javier Corres Bengoetxea - Lunes, 15 de Enero de 2018 - Actualizado a las 07:05h

al final no he tenido muchas opciones mi querida. Uno va aprendiendo a no creer en nada con el paso de los años. Uno cree desde la atalaya de un presente ilusorio, que tiene el futuro -capciosa entelequia- rendido a sus pies. Algo así como una autopista intransitada donde es posible volar, donde es plausible deslizarse indemne con la lección de la vida bien aprendida si es que algo puede aprenderse. Existe un aprendizaje de la vida que acontece a pesar de uno, por pura presencia o por mera existencia. También se existe a pesar de uno y éste es un asunto de condición mayor. Me adhiero a ese tiempo imperativo solo porque vivo dominado por la inercia y, ya se sabe que no hay nada que pueda oponerse a la inercia. Nada que contenga una suficiente consistencia al menos. Solo tú no has sido inercia y no lo digo porque si lo dijera qué sería de mí.

Existe un modo descoyuntado de parálisis, Renata, que siempre me ha servido en mi penosa pelea con la enfermedad y te lo digo en

esta misiva porque solo tú sabes de qué pasta está hecha esta parada que puede contener y que contiene. Quisiera no haber enfermado de esta manera pero si yo no enfermara no sería un ser humano y ser otra cosa parece poco probable. Solo la imaginación hace lo imposible posible pero uno ya no tiene imaginación, mi querida, qué le vamos a hacer. Así van siendo las cosas y no de otra manera. No cabe una soterrada transmisión hacia otra cosa que se quisiera al menos más amable. Más amable al menos. También yo me pregunto qué ha ocurrido. Siendo un qué acentuado su contenido debe ser esencial. No puede albergar nada baladí, nada de condición menor y menos de condición adjunta o subrepticia.

Ha ocurrido que mi cuerpo se ha cansado. Está casi agotado y aquí, en este derrumbe inevitable ha estallado la enfermedad. Un cuerpo que no reconozco y que supura por todas partes. A esto he llegado y está bien que así sea porque lo inevitable tiene dominio propio y no se argumenta. No diré lo que mi mente ha sufrido y sufre en una desesperada acción de contrapeso que no va a conseguir que mi cuerpo regrese porque se ha ido para siempre, quién sabe a qué lugar y todo, mi cuerpo y mi mente como un único desecho han terminado aquí, en este hospital donde abundan los bacilos y sólo -únicamente- tu mirada, Renata, redime.