A pie de obra

A toda pastilla

Por Paco Roda - Lunes, 15 de Enero de 2018 - Actualizado a las 07:05h

Alprazolam, Loracepam, Diacepam, no son una banda de hermanos, tampoco apellidos raros. Son arte y parte de nuestras biografías hechas jirones. Nos esperan ahí, en medio de la noche, cuando los demonios bailan en medio del sueño. O cuando al salir de casa sentimos que la vida es un montón de chatarra acumulada. Y es que sin esas partículas de benzodiacepinas de alta potencia, muchos no arrancaríamos el día. Porque pareciera que vivimos extraviados en nuestros propios laberintos. Y es que según datos del Observatorio de Salud Comunitaria de Navarra, nos dopamos mucho. O eso parece. Las mujeres navarras el doble que los hombres. De ellas, casi un 18% recurre a ansiolíticos mientras los hombres lo hacemos un 8%. Por otro lado, casi un 25% de las mujeres navarras sufre trastornos mentales en algún momento de su biografía. Dicho así, pareciera que esto es cosa de cada cual, de su desajuste privado, de sus neuras. Como si las relaciones sociales, de producción o de género;como si el paro, la precariedad, la exigente individualización de los deseos, las expectativas ante los proyectos de vida, los horarios salvajes, la inseguridad vital, la dualización social, la costosa conciliación, la autorresponsabilización o la autoinculpación por cada gesto involuntario fueran ajenos a ese malestar social y político pero individualizado y desocializado. Como si nuestras vidas, a veces muy jodidas, medicalizadas y psiquiatrizadas por orden de las multinacionales farmacéuticas y los discursos clínicos hegemónicos, fueran ajenas a la dominación poscapitalista que encuentra en la medicalización un excelente aliado para privatizar y despolitizar tanto dolor social.

Una vez le pregunté muy preocupado a mi psiquiatra por mi largo tiempo en el paro. Tu de momento, me dijo, sigue con los antidepresivos. Más adelante ya veremos. Pero yo no entendí aquel consuelo para un malestar tan común.