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Juez de línea

Propuesta de mínimos

Por Félix Monreal - Lunes, 15 de Enero de 2018 - Actualizado a las 07:05h

Lillo arrolla en su salto a Pozo, que quedó lastimado.

Lillo arrolla en su salto a Pozo, que quedó lastimado. (Foto: Agencia LOF)

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Lillo arrolla en su salto a Pozo, que quedó lastimado.

La pregunta es: ¿Osasuna practica este fútbol tacaño y de segunda mano por que ahora mismo no lo puede hacer mejor o por un empeño de su entrenador? Si es por lo primero, habrá que aplaudir la eficacia de estos últimos partidos, en particular los perpetrados contra Lorca y Sevilla Atlético, colistas y candidatos aventajados para perder la categoría pero ante los que Osasuna ha acabado con el culo pegado a su portería, dando una imagen muy alejada de equipo capaz de competir por uno de los dos pases directos a Primera con la velocidad de ejecución del Huesca o la solidez adquirida por el Cádiz. Es de una racanería futbolística censurable, pero como está orientada a una conquista mayor las críticas suman menos que ese 3+3+3, última secuencia ganadora. Pasaba lo mismo cuando el entrenador ignoraba a canteranos como Unai García y Barja: ¿a quién le iba a importar la gente de Tajonar si en la hoja de servicios había, diez, once y hasta doce jornadas consecutivas sin perder? Hasta que, claro, el viento cambio, Osasuna perdía distancia con sus objetivos y hubo que echar mano de ese extremo, del número 30, para acallar a la masa y tratar de remontar al Valladolid. Ayer Barja jugó 90 minutos, algo que no era habitual en el Promesas. Si es por lo segundo, Diego Martínez ha abrazado la doctrina del unocerismo pero lo ha hecho desvistiendo de personalidad a su equipo;este Osasuna renuncia a pelear el mando del partido, juega a verlas venir, da alas al rival... No sé si han visto combates de Muhammad Ali (Cassius Clay);el mejor púgil de la historia utilizaba la táctica de cobijarse contra las cuerdas, cubrirse las zonas sensibles con guantes y codos, aguantar el chaparrón de golpes y dejar que ese esfuerzo a quien acabara desgastando fuera al adversario. Cuando el déficit de oxígeno afectaba a los músculos y al cerebro, Ali le mandaba de un puñetazo a la lona. Es cierto que Diego Martínez minimiza los riesgos cubriéndose con un portero que ofrece seguridad y un sistema defensivo que fuera de casa es menos vulnerable, sobre todo porque puedes meter nueve hombres atrás sin que tu afición te increpe por la falta de osadía. En El Sadar cuesta más hacerlo y quizá por eso a este equipo le cuesta más ganar como propietario.

Respondiendo a la pregunta del principio, encuentro que hay una relación directa entre ese fútbol plano, casi siempre en retirada y por tanto carente de agresividad, que practica Osasuna y la toma de decisiones de Diego Martínez. Ayer, los rojillos dejaron que la primera parte se consumiera viendo como el Sevilla Atlético trataba de elaborar alguna jugada coherente y buscando a ratos a Barja para que el chaval desequilibrara por la izquierda (lo que consiguió en un par de ocasiones). Pero como ocurrió en la segunda parte frente al Valladolid, el entrenador recolocó piezas en el descanso, descongestionó la defensa, abrió más el campo por la banda de Clerc, hubo más llegada, más balones con tensión en el área y apareció el gol. Y a partir de ahí a defender y buscar acciones de contragolpe que, pese a la ventaja, no se resolvieron bien.

No hay argumentos para sostener que Osasuna no ganó con justicia;sí los hay para censurar ese fútbol que empequeñece a un equipo y a una plantilla con más alta cualificación de la que viene mostrando en los últimos partidos aplicando una propuesta de mínimos. Es necesario atreverse. Ha pasado con Barja. Basta con dar un paso adelante.

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