Noticias de NavarraDiario de Noticias de Navarra. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Períodico de Diario de Noticias de Navarra

UPN ratifica a Esparza y precipita una tensa y larga precampaña

El partido zanja por la vía rápida un proceso de primarias sin candidatos de peso alternativos
Los regionalistas aprietan las filas y piensan ya en 2019

Ibai Fernandez / Javier Bergasa - Lunes, 15 de Enero de 2018 - Actualizado a las 07:05h

El presidente de UPN, Javier Esparza, interviene en el Parlamento.

El presidente de UPN, Javier Esparza, interviene en el Parlamento. (Javier Bergasa)

Galería Noticia

El presidente de UPN, Javier Esparza, interviene en el Parlamento.

Pamplona- UPN ratificará este miércoles a Javier Esparza como su candidato para las elecciones autonómicas de mayo de 2019. Ese día finaliza el plazo habilitado para la presentación de candidaturas sin que se prevean aspirantes alternativos, lo que en la práctica supondrá el pistoletazo de salida para una precampaña electoral que UPN viene trabajando prácticamente desde que abandonó el Gobierno de Navarra, y que se prevé tan tensa y crispada, si no más, como lo ha sido la oposición en los dos años y medio precedentes.

El partido apenas ha habilitado una semana para un procedimiento exprés en el que no habrá sorpresas. Es posible que algún militante de segunda fila en busca de protagonismo pueda acabar inscribiéndose para forzar una elección que, en ese caso, motivaría una jornada de votación el 28 de enero. No obstante, las primarias no dejan de ser un destacado ejercicio de democrático inusual en la política española, en la medida en que el partido regionalista permite a cualquier militante pueda optar a la presidencia del Gobierno sin necesidad de avales.

Será, en cualquier de los dos casos, un proceso alejado de las tensiones internas que ha protagonizado el partido desde la elección de Yolanda Barcina en 2009, cuyo polémico liderazgo acabó fracturando el partido hasta perder el poder. Es posible que las disputas internas vengan después, cuando toque elegir los candidatos a la alcaldía de las principales localidades y la siempre complicada lista al Parlamento, en la que además habrá que reservar cinco puestos entre los primeros quince a un representante de cada merindad. Y fuera del Gobierno no hay muchos puestos más para repartir.

No le ha sido fácil a Javier Esparza asentarse al frente de UPN. Ha tenido que superar hasta tres votaciones internas, en dos de ellas con dura competencia. La de Alberto Catalán para la candidatura de 2015 y la de Amelia Salanueva para la presidencia del partido tras la derrota electoral. Y pese a todo, todavía hoy hay voces internas que dudan sobre su valía para encabezar un proyecto político que le permita retomar el poder a corto plazo. De hecho, se llegó a especular con la posible rivalidad del diputado Iñigo Alli, antiguo aliado y hoy distanciado del líder de UPN, que sin embargo parece haber descartado la posibilidad de dar batalla interna con el actual líder.

Ni él ni ningún otro dirigente con opciones van a dar batalla esta vez. De entrada porque los movimientos para buscar una alternativa, si los ha habido, no han llegado a cuajar. Forzar ahora un derrocamiento supondría además un desgaste añadido para un partido cuya principal prioridad es recuperar el poder cuanto antes. Y no está UPN sobrado de fuerza electoral.

la Travesía en la oposiciónPero sobre todo porque, más allá de los intereses personales, dentro del partido se entiende que el exalcalde de Aoiz merece una segunda oportunidad. La dolorosa derrota de 2015, el peor resultado electoral desde 1983, no se achaca a un dirigente que llegó a última hora y sin mayor protagonismo en las principales polémicas que más desgastaron a la sigla. De alguna forma, se asume que el proyecto de Esparza empezó tras el descalabro de 2015, y será en 2019 cuando se refrende ante los electores.

Un proyecto que ha podido perfilar sin oposición interna desde que asumió formalmente la presidencia en el congreso de abril de 2016, y sin que la promesa de “centrar” y “moderar” el partido se haya reflejado en el día a día político. En más, la oposición de UPN todo este tiempo, en prácticamente todas las instituciones, ha ido justo en la línea contraria.

Es habitual que los partidos en la oposición radicalicen sus posturas. Si al Gobierno de turno le interesa generar sensación de equilibrio y estabilidad, la oposición busca la tensión y el dramatismo como aglutinador electoral. Un camino que también ha seguido UPN de la mano de Javier Esparza, pero quizá llegando mucho más lejos de lo que cabía esperar de alguien que se había labrado un perfil moderado de gestor, y que en su etapa como alcalde no tuvo reparo en mantener la ikurriña junto a los símbolos oficiales de la localidad ni promocionar la educación en euskera.

Durante este tiempo sin embargo Esparza ha tenido que adaptarse a un escenario inédito para la derecha navarra, en la oposición por primera vez en 25 años y con un Gobierno de izquierdas de inclinación vasquista. Muchas de las medidas aprobada en este tiempo han sido asumidas por su base social como un agravio, cuando no como una agresión o una imposición. Lo que unido a la competencia electoral que por la derecha ejerce un PP que no tiene reparo en sacar de contexto y exagerar cualquier anécdota, ha llevado a la formación regionalista a exhibir formas y mensajes impropios de un partido que aspira a gobernar desde la centralidad. La imagen del pasado jueves de Esparza defendiendo las interrupciones y aspavientos ya habituales de Ana Beltrán y Sergio Sayas son un buen reflejo.

todo o nadaLa estrategia sin embargo ha servido para cerrar filas internas. La supuesta gravedad de las situación y la necesidad de responder ante un enemigo común hacen de la vuelta al poder un bien superior que ha evitado la disidencia interna. Y ha logrado acallar así las voces que veían en el actual líder un político débil incapaz de frente con firmeza al nacionalismo vasco.

El problema para UPN es que muchas veces lo que sirve en la oposición no sirve en el Gobierno, y gobernar “para todos” como proclama el nuevo lema del partido -por cierto, muy similar al de Geroa Bai-, supondrá asumir muchas de las cuestiones en materia lingüística aplicadas en las presente legislatura. Y anunciar que irá todo “a la basura” puede ser un mensaje de doble filo electoral para aquellos ciudadanos que no quieren cuatro años más de bronca política.

Creen sin embargo los estrategas de UPN que cuando llegue la hora de votar, el partido volverá a ser el referente de la alternativa al Gobierno actual. “O nosotros o los nacionalistas”, ha empezado ya a proclamar Esparza en una clara apelación al voto útil a las bases del PP y, sobre todo, a las del PSN, a quien en Navarrómetro mostraba ya un desgaste fruto de la polarización identitaria.

Queda por ver cómo logra Esparza convertir eso en una investidura que posiblemente requerirá la suma de cuatro fuerzas políticas. Y aunque Geroa Bai, EH Bildu, Podemos e I-E han demostrado que eso es posible, e incluso estable, no parece que UPN, PSN, PP y Ciudadanos vayan a encontrar la misma capacidad de cohesión y lealtad mutua en el caso de que el cuatripartito pierda su mayoría parlamentaria. Sobre todo por la parte socialista, que aspira a liderar un Gobierno alternativo y que ya ha avisado de que prefiere pactar con otras fuerzas políticas. Y que, llegado el caso, antes pedirá la presidencia del Ejecutivo que facilitársela a quien teóricamente es su antagonista político.

Es el principal problema del candidato de UPN, que es consciente de que no habrá una tercera oportunidad. Porque por muy bueno que sea el resultado, de nada servirá ganar las elecciones si la formación regionalista no recupera el poder en 2019. Si pierde, la rebelión interna será inevitable, y se llevará por delante al presidente del partido y a buena parte de quienes hoy le rodean.