Arte que vuelve a casa

Mario Pérez de Zabalza expone su obra por primera vez en Ororbia, su pueblo natal, con el objetivo de darse a conocer como profesional de las artes

Laura Garde | Iñaki Porto - Lunes, 15 de Enero de 2018 - Actualizado a las 07:05h

Mario Pérez de Zabalza, en el Concejo de Ororbia con una de sus esculturas.

Mario Pérez de Zabalza, en el Concejo de Ororbia con una de sus esculturas. (IÑAKI PORTO)

Galería Noticia

Mario Pérez de Zabalza, en el Concejo de Ororbia con una de sus esculturas.

“Hay que saber cuándo una obra ha madurado, cuándo no da más de sí”

ororbia- A los 9 años le pidió a su tía visitar el Museo Nacional del Prado y sus inmensas galerías quedaron grabadas a fuego. Para entonces, Mario Pérez de Zabalza ya era considerado en Ororbia, su pueblo natal, el artista. De hecho, le encantaba quedar con sus amigos para dibujar. “Siempre era yo el que hacía los dibujos y las caricaturas de los profesores en clase”, relata entre risas. Su vocación le llevó a Barcelona a estudiar Bellas Artes y ahora ha vuelto para que su tierra conozca su obra como profesional.

Novato en Navarra, ofrece así en el Concejo de Ororbia un abanico de creaciones como catálogo de su trabajo. Todas las tardes, de 17.00 a 20.30 horas abre las puertas al público con el objetivo de que sus pinturas y esculturas “no se vayan lejos”: “Había hecho otras exposiciones y ya era hora de venir y preparar una exhibición para mis vecinos”, asegura. Él, encargado de explicar su obra a los curiosos durante las visitas, está sorprendido por el feedback con ellos. Por ello, ha decidido alargar la muestra una semana más: “Iba a estar solo hasta el viernes 19, pero estoy muy contento con cómo está respondiendo la gente”, explica.

Aquí cuenta con un “equipo brutal”, su familia, y unas condiciones e infraestructuras que no imaginaba: “Tengo muchas más posibilidades de las que esperaba”, asevera. Tanto es así que se ha puesto manos a la obra para hacer “un campamento de base como Dios manda”. “Quiero un taller en el que poder trabajar. Me estoy acondicionado un espacio para hacerlo. Quiero construir un taller profesional”, añade.

Sin una hoja de ruta clara todavía, espera poder exponer en otros lugares de la Comarca de Pamplona: “Espero ir a Zizur o a Pamplona, entre otros lugares. Quiero moverme mucho en esta zona”. Además, declara que no le importaría recibir encargos institucionales: “Siempre son un impulso en este tipo de carreras. Es otra forma de visibilizar nuestro trabajo”.

Entre sus deseos está también hacer desaparecer el falso mito que describe el hecho de visitar un museo como una acción seria: “Parece que ir a una galería de arte significa mirar los cuadros a una distancia con la mano en la barbilla. Pero no. Yo cuando veo un cuadro que me gusta grito gol”.

Inspirado en artistas barrocos como Velázquez o El Greco, su paleta siempre está llena de colores terrosos. Crear no es un proceso fácil. Él opta por generar el caos para luego domarlo: “El artista se parece mucho a un pescador en el círculo polar. Cada día sierra el hierro para echar la caña, una extensión de sí mismo, en busca de quién sabe qué”. Mario realiza varias obras a la vez, esto le hace ser constante y no obcecarse en detalles que despistan sin sentido: “Aparentemente, el resultado es fruto del capricho, pero nunca es al azar. Me levanto y me pongo a trabajar, pocas veces con las ideas muy claras. Y poco a poco vas avanzando. Luego, cuando juntas todas las obras, ves que hay unos intereses y que siguen unos patrones comunes”.

Su pintura favorita, un retrato de su abuela. “Hay que estar atento y saber cuándo la obra ha madurado, cuándo no da más de sí. Estas son las buenas”, concluye el artista.