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Música

Modas que permanecerán

Por Javier Escorzo - Martes, 16 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:10h

Concierto de joe la reina

Fecha: 12/01/2018. Lugar: Txintxarri. Incidencias: Sala llena. Público mayoritariamente joven, con amigos de la banda y aficionados a su música.

La nueva gira de Joe La Reina tenía que pasar por Pamplona. Es una ciudad especial para ellos, pues aquí fue donde se conocieron en sus años universitarios y decidieron formar el grupo. Después llegó un primer disco (Bailamos por miedo) con el que captaron la atención de crítica y público. Cambios vitales que provocaron cambios en la formación, nuevas inquietudes musicales y, ya en 2017, un segundo álbum que ha sorprendido a propios y extraños por su original mezcla de referencias e influencias. Lo mejor que se puede decir de Esas nuevas modases que no se parece a ningún otro disco nacional publicado en los últimos tiempos. El abanico de estilos que lo compone es tan amplio que el resultado es absolutamente personal e intransferible. A nadie debería extrañarle que un grupo busque su propia manera de expresarse, un lenguaje propio que le defina y le distinga del resto. Pero, por desgracia, esto no es lo habitual. En una época en la que tantos grupos se dedican a repetir patrones y fórmulas, bandas como Joe La Reina no solo son necesarias, sino también imprescindibles.

El Txintxarri, uno de los locales con más solera y actividad musical de nuestra ciudad, se llenó para la ocasión. En los últimos días, Joe La Reina había actuado en San Sebastián y Madrid (justo la víspera), pero no había ni un atisbo de cansancio en sus rostros cuando salieron al escenario, y sí mucha compenetración entre ellos cuando comenzaron a tocar. Comenzaron saludando, algo que, según dijeron, nunca habían hecho antes, pero tenían muchos amigos entre el público. Ellos apenas cabían (son seis músicos, con guitarra, bajo, voz, teclados, batería, percusión), pero cada uno encontró su hueco y sin más dilación se pusieron a tejer los acordes de Nada me falta, de su último álbum, que contó con un arranque atmosférico para derivar posteriormente en algo más bailable. En una casa junto al mar, de su primer largo, fue el segundo tema que interpretaron y con el que terminaron de conectar con el respetable. A partir de ese momento, todo fue coser y, sobre todo, cantar. Y no fue Lucas el único que lo hizo, sino que contó con la ayuda de muchos asistentes, que corearon junto a él temas como Leonor u Otro día (a destacar el gran trabajo de las percusiones en este último). Alguien pidió Bailamos por miedo, y su solicitud fue inmediatamente atendida, explayándose la banda en la parte instrumental.

Hubo un momento especial con No me temas, en la que Lucas se quedó solo, cantando sobre ritmos electrónicos. Esa momentánea quietud encontró su contrapunto en la trepidante Neón, que fue bailada hasta la extenuación, haciendo honor a su letra (“todos bailan como raro”). Y como no podía ser de otra manera, también dejaron muestras de su acercamiento a las llamadas músicas urbanas, especialmente visibles en Nadie me representa y Soy uno más, en las que la interpretación estuvo cerca del rap. Si estas son sus nuevas modas, todo apunta a que permanecerán.

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