Mesa de Redacción

No echar aún en saco roto

Por Joseba Santamaria - Miércoles, 17 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:10h

la posibilidad de poner en marcha una banca pública o un sistema de financiación mixto con recursos públicos y privados me ha parecido desde el primer momento una de la apuestas más interesantes y arriesgadas como reto de futuro del programa político que sostiene al actual Gobierno de Navarra. Los dos estudios encargados para analizar las posibilidades, demandas y necesidades de poner en marcha un nuevo instrumento financiero que compita con la actual hegemonía del sector privado -la desaparición de Can aún pesa en la capacidad de financiación y de acceso al crédito a administraciones, empresas y familias- concluyen que Navarra tiene capacidad económica, al menos para la puesta en marcha inicial, y capacidad jurídica para abordar esa posibilidad, pero también señala que sólo una minoría de los 27 agentes consultados (finanzas, empresas, sindicatos, expertos y entidades sociales), lo considera como una necesidad. La situación vuelve al punto de inicio: se trata de una decisión política que el Gobierno debe abordar con el máximo consenso político posible, porque una decisión de tal calado e importancia financiera y presupuestaria no puede estar pendiente de mayorías y minorías. Adecuada a las posibilidades de sus capacidades presupuestarias, financieras y económicas a la hora de competir en el duro mercado del dinero. Con el interés general por encima de disputas políticas o partidistas y por encima de cualquier otra consideración. Y sin prisas. Sigo pensando que la posibilidad de que Navarra cuente con una banca o un instituto financiero de carácter público, que enlaza con una amplía tradición en el ámbito europeo desde Francia a Alemania, Italia, Suiza o los países escandinavos, y también tiene diferentes versiones en comunidades como Catalunya, Andalucía, Valencia o la CAV, puede ser una propuesta clave para asentar la nueva política económica que está sacando a Navarra del túnel de la crisis con empleo e impulso empresarial y de las políticas de recortes y austeridad. Por ahora, no la echaría en saco roto.