Vicente Garrido Psicólogo, criminólogo y escritor

“Hay asesinos que se libran por el azar y otras circunstancias, no por ser brillantes”

Autor de libros de divulgación y especialista en delincuentes sexuales, psicópatas y drogadictos, el experto ha trazado perfiles que han ayudado a capturar a asesinos

Ana Oliveira Lizarribar Patxi Cascante - Jueves, 18 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:13h

Vicente Garrido, psicólogo, criminólogo y escritor.

Vicente Garrido, psicólogo, criminólogo y escritor. (PATXI CASCANTE)

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Vicente Garrido, psicólogo, criminólogo y escritor.

pamplona- La literatura le llevó a la psicología y a la criminología y en 2012 cerró el círculo volviendo a ella. Ese año se publicó Crímenes exquisitos, la primera de las cuatro novelas que ha publicado con Nieves Abarca. Ambos forman un tándem singular en el mundo noir y los dos visitaron ayer Pamplona Negra. En su caso, Garrido (Valencia, 1958), protagonizó El crimen a escena con una sesión sobre el perfil.

¿Por qué cree que nos interesan tanto los crímenes?

-Hay varias razones. La más importante es que una historia de crímenes en la novela, el cine o la televisión tiene un gran contenido dramático, es decir, que genera fuertes emociones en el ser humano. Miedo, ira, venganza, pasión... Son aspectos esenciales de la vida. También contiene situaciones de conflicto ante las que el lector o espectador debe decidir qué haría, ya que están en juego su libertad y su vida. Todo esto provoca suspense, sorpresa... Y el ser humano se siente atraído por todo aquello que de alguna manera le puede enseñar cómo enfrentarse a los miedos de la vida. Esto forma parte de nuestra naturaleza. Por el mero hecho de nacer y de saber que vamos a morir toda nuestra existencia es un aprendizaje de supervivencia.

¿Qué pasa con los crímenes que suceden en la realidad, esos que nos cuentan los medios de comunicación? ¿Ahí nos mueve el instinto de supervivencia o el morbo?

-Estoy en contra de considerar que el interés por el crimen nace del morbo. Nace de la necesidad que tiene el ser humano de aprender viendo modelos externos a nosotros cómo debería enfrentarse y sentirse en dificultades. Se usa esa palabra, morbo, como algo rechazable, pero tiene todo el sentido del mundo que te intereses por la noticia de que ha desaparecido una joven en circunstancias extrañas o de que un matrimonio ha aparecido asesinado en su casa. Del mismo modo que si vas en el coche y ves ambulancias y policía giras la cabeza para mirar. Es un fenómeno universal. Tú sabes que ahí está sucediendo algo extraordinario que te podría pasar a ti.

¿Y cómo se interesó Vicente Garrido por los crímenes?

-Por la literatura. Soy un criminólogo atraído para la causa por la lectura. Pero eso es muy habitual, si leyeras la biografía de algunos criminalistas o incluso de algunos policías, verías que en casi todos ellos hay antecedentes literarios. Muchos han sentido un interés que primero han saciado con las novelas, luego han leído ensayos o textos más rigurosos y al final han trabajado en esto.

¿También percibe este origen literario entre sus alumnos?

-Sin duda. Lo que pasa es que, por desgracia, últimamente ese interés viene de las series de televisión. Así como hace treinta años el medio natural a través del cual uno se iniciaba eran los clásicos juveniles, hoy se ha perdido.

¿Por qué por desgracia, no le parecen rigurosas las series o las películas de género?

-No, no, me encantan, pero creo que hay que empezar por la literatura. La lectura te da un aprendizaje extraordinario. Te enseña a utilizar la imaginación y para los investigadores esta es una herramienta fundamental. Uno siempre tiene que imaginar alternativas o caminos por los cuales poder explicar qué tipo de crimen se ha cometido, quién puede ser el autor, etcétera. Yo soy muy cinéfilo y me gusta la televisión, pero creo que es mucho mejor empezar leyendo y luego adaptarte al arte audiovisual. Ambos medios proporcionan habilidades diferentes.

Como criminólogo le habrá tocado ver de todo, ¿cómo hace uno para lidiar con todo esa oscuridad a la que se asoma siquiera por un momento?

-Hacemos algo parecido a lo que hacen los médicos. Tengo amigos forenses y oncólogos y están todo el día con gente que ha muerto o que va a morir. La única forma es adoptar un registro técnico profesional que te permita establecer una barrera para no llegar a una lectura empática. El oncólogo tiene que dar un trato amable, por supuesto, pero más allá de eso no puede ir porque un paciente a lo mejor ya no está la semana que viene y él tiene que seguir adelante. Y por las noches tiene que poder leerles cuentos a sus hijos o salir a cenar. Esto no significa que, efectivamente, algunos casos sean más duros que otros. Por ejemplo, a los forenses les tiene que costar mucho enfrentarse a un cadáver de un niño de 3 años, pero lo superan y hacen su trabajo.

¿Hay que poner un poco de distancia?

-Hay que poner una gran distancia. Por ejemplo, yo no veo películas donde aparecen muchas vísceras. De hecho, me desagradan mucho. Sin embargo, cuando he tenido que ver una autopsia o unas fotos de un crimen, no digo que sienta placer, pero es mi trabajo y prescindo de que eso que estoy viendo es una cara partida o un cerebro que se está saliendo y me fijo en lo que me tengo que fijar. En definitiva, cuando se trata de problemas humanos muy dolorosos, de ver entrañas físicas o psíquicas, tú tienes que estar pendiente de tu trabajo;de lo contrario no lo podrías hacer bien.

¿Le siguen sorprendiendo los criminales a los que se enfrenta o sus motivaciones en el fondo son las mismas casi siempre?

-Las dos cosas. El ser humano no ha cambiado mucho desde que abandonamos África. Por supuesto, ha habido un gran desarrollo tecnológico, pero desde el punto de vista antropológico seguimos siendo personas mucho menos racionales de lo que nos gustaría pensar. Estamos muy sometidos a nuestras emociones y los grandes conflictos humanos son los mismos desde que tenemos noción de lo que es la cultura. Si esta empezó hace 5.000 años, piensa que solo han pasado 70 veces 70. Es muy poco tiempo. Los conflictos que encuentras en las tragedias griegas o en el mismo Hamlet de Shakespeare son los mismos que encuentras hoy. Por eso estas obras se podrán seguir interpretando durante toda la historia. Lo que sí es verdad es que cada ser humano es único y el proceso de llegar a hacer algo tiene aspectos propios de cada persona.

¿Por ejemplo?

-El caso de Diana Quer es, probablemente, uno de los crímenes más típicos. Si analizas a los psicópatas sexuales, que es en lo que parece que se iba a convertir José Enrique Abuín, el escenario y las circunstancias son las habituales en esta clase de crímenes. El caso de Tony King fue igual. Un asesino que encuentra a una chica sola de noche yendo a su casa fuera del pueblo... La mata, esconde el cuerpo... Lo que hemos visto con Diana Quer ya nos lo había enseñado Tony King. Y como este caso, muchos más. Por eso no me sorprenden este tipo de asesinos. De hecho, cuando quedó claro que Diana no había vuelto a casa aquella noche, porque en los primeros días había cierta confusión en torno a este punto, enseguida pensé que se había producido el escenario más clásico en este tipo de situaciones: un depredador de la zona se había fijado en ella esa misma noche y la había acechado o directamente fue un encuentro casual y la atacó.

¿Por qué tendemos a pensar que este tipo de criminales son especialmente inteligentes?

-Por el arte. Cuando escribes o haces una película el villano debe ser alguien interesante. Si creas a un asesino mediocre, le quitas fuerza al drama. Esa es la razón por la que el arte nos ha presentado una imagen distorsionada de la realidad.

En definitiva, que no son inteligentes en absoluto.

-La mayoría no lo son. Piensa que la gran ventaja de los psicópatas sexuales u homicidas suele ser que no tienen relación con las víctimas. La Policía tiene tres grandes formas de dar con el autor de un crimen. La más habitual es a través de la red de conocidos de la víctima;no en vano, la mayoría de los asesinos conocen a su víctima. En segundo lugar, a través de los testigos. Por ejemplo, el martes detuvieron al hombre que atropelló a una joven de 17 años en un pueblo de Madrid y se dio a la fuga porque una persona le oyó hablando por teléfono confesando lo que había hecho. Y el tercer supuesto es que el delincuente haya dejado indicios como huellas o ADN que ya estén en la base de datos. Si no se da ninguna de estas circunstancias, la investigación es un gran desafío. Piensa que aproximadamente un 10% de los homicidios de un año no se resuelven, que es un porcentaje bajo, pero esta cifra demuestra que hay criminales, algunos incluso seriales, que no son atrapados. Y no es porque sean brillantes, es por azar, por circunstancias... No hace falta ser un asesino inteligente para ser una amenaza formidable.

¿Cuál es la información más importante que necesita tener cuando empieza a perfilar?

-La escena del crimen. Es la que te enseña lo que el sujeto ha hecho, qué decisiones ha tomado;desde la selección de la víctima, en qué lugar la abordó, las armas que empleó, si hubo agresión sexual... Todo lo que el criminal hace es un reflejo de su personalidad. Y esto es tanto más verdad cuanto hablamos de violadores u homicidios seriales, porque si la escena es un capítulo de una historia que el asesino quiere relatar, cuantas más escenas haya, más elementos tienes para interpretar.

¿Por qué decidió escribir ficción?

-Porque empecé con la ficción. He cerrado el ciclo. Para mí tiene mucho sentido.

¿Y por qué a cuatro manos con Nieves Abarca?

-Nieves fue alumna en un curso mío de perfilación criminal y nos complementamos bien. Cada uno tenemos distintos puntos fuertes e ideas y gustos parecidos y, aunque por supuesto que a veces hay problemas, en general nos ha ido bien. Hemos podido escribir cinco novelas, que ya es mucho.

La quinta, de hecho, sale ya. Pero en esta ‘aparcan’ a sus personajes fetiche, la policía Valentina Negro y el criminólogo Javier Sanjuán.

-Sí. Con El beso de Tosca les hemos querido dar un descanso. También es un thriller, pero es diferente. Queríamos darles un respiro a Valentina y a Sanjuán, que lo han pasado muy mal en las cuatro primeras, y no sentirnos atados por la necesidad de tener que seguir con los mismos personajes, lo que nos ha dado más libertad.

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