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A la contra

Justicia poética

Por Jorge Nagore - Jueves, 18 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:12h

No tengo mayor inconveniente en reconocer que si hoy a la tarde después de recoger a los nietos y darles de merendar y dejárselos a su hijo y volverse a casa tras haberse levantando a las 6 de la mañana para cocinar y de ahí a trabajar en una empresa de limpieza industrial de edificios de 7 a 4 y malcomer en un cuartucho una señora de más de 60 años por qué no malagueña se cruza con Celia Villalobos y le suelta una hostia en toda la cara no seré yo quien sufra por ello. No lo aliento ni aplaudo, pero una simple hostia bien dada, así con toda la mano abierta, en todo el carrillo derecho, sin más consecuencia que un dolor de un par de días y una buena marca, no es mucho castigo para alguien que el martes dijo que “la jubilación puede ser con 70 años o con 82. Yo me quiero jubilar con 80 años. Tengo 68 y estoy divina de la muerte”, amén de comentar que “hay muchos pensionistas que llevan más tiempo cobrando la pensión que el tiempo que pasaron trabajando”. Que a una tiparraca así, por tanto, un ciudadano o ciudadana de los muchos millones que han tenido una vida deslomada para alcanzar una pensión cuasi infame, de los muchos que llevan más de 50 años trabajando como mulas, le arree una hostia si se la cruza mientras la turpopijaésta se va hacia el solárium antes de irse para el Congreso, donde lleva 29 años como diputada, podría ser considerado defensa propia, directamente. Porque sus declaraciones son violencia, lisa y llanamente, violencia verbal directa, dura y obvia contra millones de personas, que no tenemos por qué aguantar a esta mierda de personal. No tenemos por qué, no tenemos por qué avergonzarnos lo más mínimo de sentir un profundo desprecio hacia chusma de esta calaña, más extendida de lo que creemos, ni tampoco por tanto de esbozar una media sonrisa si una vecina salerosa le suelta una torta y luego se ajusta el delantal. Qué asco de gente.

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