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Juan Mari Barasorda investigador de literatura de la época victoriana

“El universo ‘holmesiano’ es interminable”

El director de Bruma Negra se presentó como un caballero victoriano en la penúltima sesión de ‘El crimen a escena’, en la que repasó misterios más y menos célebres de la época

Ana Oliveira Lizarribar Patxi Cascante - Viernes, 19 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:12h

Juan Mari Barasorda, ayer en el hotel Tres Reyes.

Juan Mari Barasorda, ayer en el hotel Tres Reyes. (PATXI CASCANTE)

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  • Juan Mari Barasorda, ayer en el hotel Tres Reyes.

PAMPLONA- Funcionario de la Administración vasca desde hace cinco lustros, la auténtica pasión de Juan Mari Barasorda, que en 2015 recuperó la semana negra de su pueblo, Plentzia, desaparecida 22 años atrás, es la literatura victoriana. Y no solo la de Conan Doyle y celebridades semejantes, como demuestra en las reseñas e investigaciones que publica en revistas como La Balacera y Calibre 38. Sus conocimientos dan para muchas conversaciones. Esta es la que mantuvimos ayer antes de su participación en Pamplona Negra 2018.

¿De dónde surge su interés por los crímenes de la época victoriana?

-Pues es muy fácil, surge de leer a Edgar Allan Poe muy joven. La gente quizá no lo sabe, pero Poe solo tiene tres relatos propiamente detectivescos, que son los que protagoniza Auguste Dupin, y alguno más de investigación, como El escarabajo de oro, con sus claves, sus criptogramas... Porque el escritor era un apasionado de los enigmas y publicó libros y artículos sobre códigos. Claro, si empiezas, como yo, a leer esos textos con 15 años y luego te pones con Sherlock Holmes, pues el interés por la época victoriana se vuelve enorme. Sin olvidar al francés Boileau o a Wilkie Collins. La piedra lunarme enamoró de los misterios de aquel momento. Reconozco que se publicaban novelas muy sensacionalistas, todo era el misterio de tal o de cual, pero a mí me gustaban.

¿De qué fechas estamos hablando cuando nos referimos a la literatura victoriana?

-Oficialmente, la era victoriana comienza con la reina Victoria, en 1837, pero, claro, en esa época no había libros de detectives. La primera de Dupin es de 1842. Fue décadas más tarde cuando se produjo el gran boomde novelas de detectives que, por cierto, coincidió con el gran boom de crímenes, como los de Jack el Destripador, que comenzaron en 1888, justo un año después de la publicación de Estudio en Escarlata, la primera de Sherlock Holmes. En general, podemos decir que entre 1850 y 1900 se publicaron muchas novelas, algunas de autores apenas conocidos que dedicaron su imaginación a crear criminales y detectives. Más tarde ya llegó la Golden Age de la literatura de crímenes, con Chesterton y Agatha Christie, entre otros, pero ya era otra manera de escribir.

Muchos escritores iban, además, de la mano de los periódicos, que apostaron por los folletines.

-Eso fue más en Francia, donde se pasó de Dumas a Duval, que empezó a escribir sobre vampiros, asaltadores de caminos, damas misteriosas... Hasta que llega Bouileau, que es amigo de los policías de la rue Jérusalem, donde está la Comisaría Central de París, y empieza a pensar en crear la figura de un héroe policial. Lo que era un reto, porque ya se había encargado el ministro Fouché de que la Policía no fuera muy querida. Otro de los que apostó por esta vía, ya en Inglaterra, fue un periodista, Charles Dickens, que ya escribía artículos sobre lo fantásticos que eran para la sociedad los nuevos agentes de la división de investigación de Scotland Yard, creada en 1841. Estos son, ni más ni menos, los orígenes de los detectives policiales que pueblan las novelas de hoy, con policías nacionales, mossos d’esquadra, ertzainas...

Ha hablado de este momento en que escritores y criminales ‘trabajaban’ casi en paralelo. Ya estamos hablando de finales del XIX.

-Claro, pero los criminales al principio iban por delante, más que nada porque no había escritores de detectives. Los primeros crímenes aparecieron en el Newgate Calendar -subtitulado El sangrante registro de los malhechores- que era algo así como El Caso. Hasta que apareció un artículo, Del asesinato considerado como una de las bellas artes, de Thomas de Quincey, que recogió la historia de un criminal. A esto hay que sumarle que el pueblo estaba subyugado por el crimen.

Le horrorizaba, pero le fascinaba.

-Centenares de miles de personas iban a ver los ahorcamientos de los criminales. Daniel Defoe, por ejemplo, escribió dos biografías sobre dos criminales ajusticiados. Esas historias vendían y los escritores se dieron cuenta. Ahí es donde se puede decir que el criminal ayudó al nacimiento de un género. La escritora Dorothy L. Sayer, la gran rival de Agatha Christie, decía que si algo caracterizaba al pueblo anglosajón -y yo añado que a todos los pueblos- es que estaba abducido por el crimen. Es cierto que el morbo siempre ha sido un alimento de las clases bajas que no podían acceder a otro tipo de entretenimientos. Hoy esto nos produce un rechazo tremendo, pero es que en la actualidad también hay quien va a ver ajusticiar a alguien en la silla eléctrica en Estados Unidos.

Todos estos crímenes coincidieron en gran medida con la revolución industrial, con la emigración masiva a las ciudades, donde se crearon guetos y proliferaron la mendicidad, la prostitución, la delincuencia... El caldo de cultivo perfecto.

-Por ejemplo, Oliver Twist es un retrato perfecto de la marginalidad de Londres. En aquel momento, en el West End todo era riqueza, bailes, fiestas, clubes, mientras que en el East End convivían los ladrones, las prostitutas, los asesinos, los gangs, los chinos con sus fumaderos de opio... Ese clima favorecía, sin duda, el crimen, y en ese contexto se produjeron los asesinatos de Jack el Destripador. A todo esto hay que tener en cuenta que se estaban produciendo los atentados al Parlamento y la policía había descuidado totalmente la seguridad ciudadana.

Jack el Destripador. ¿Sigue siendo el asesino más famoso del mundo a pesar del paso del tiempo y de que hubo otros un poco y mucho después que mataron a más personas?

-Sin duda. Lo sigue siendo habiendo cometiendo cinco crímenes. Fíjate H.H. Holmes, que empezó un poco después que él en Chicago y confesó casi treinta asesinatos. Lo que pasa es que los periódicos potenciaron mucho la figura de Jack el Destripador. Se dice, incluso, que muchas de las cartas que se supone que envió a la prensa las escribieron los propios periodistas, que querían vender más ejemplares.

¿También ha trascendido porque nunca se supo oficialmente quién fue?

-Lo que hace tan peculiar este caso es la cantidad de sospechosos que generó. Desde los polacos, a la mafia rusa, la conspiración de la familia real, Lewis Carroll, el propio Conan Doyle, hasta el inspector Abberline, que estaba al frente de la investigación. Dicen que llegó a haber hasta doscientos sospechosos.

Todo, para no saber quién era, ¿o sí?

-Se han hecho muchas propuestas. Por ejemplo, la escritora Patricia Cornwell se gastó muchísimo dinero comprando cuadros del pintor Walter Sickert porque tenía obras tenebrosas entre las que había una que se titulaba La habitación de Jack. Pero la verdad es que no tenía pistas definitivas. También hay otras personas que han afirmado saber quién fue, pero es que encontrar pruebas de algo que sucedió en 1888 es muy complicado. Aparecen diarios secretos, pero cómo demuestras que es auténtico. Yo creo que no se podrá probar y que surgirán teorías eternamente.

¿Cuál es el candidato de Juan Mari Barasorda?

-Uy, creo que eso no se debe decir (ríe). Pienso que hay alguien que está entre los sospechosos oficiales y que se fue a Nueva York cuando finalizaron los crímenes que puede tener algo que ver, pero lo que parece razonable es que tenía que ser alguien que residía en Whitechapel. Todas las prostitutas eran asesinadas cuando cerraban los pubs. La teoría de la familia real tiene un fallo y es que si hubiera sido uno de ellos, habrían entregado a alguien como chivo expiatorio.

Jack el Destripador coincidió con Arthur Conan Doyle, ¿por qué cree que nunca enfrentó a Sherlock Holmes con este asesino?

-Es curioso, sí. De hecho, Conan Doyle fue un apasionado de esa investigación y colaboró con Scotland Yard. Pero no escribió sobre el tema. Hay una leyenda que dice que cuando el doctor Joseph Bell, mentor de Conan Doyle, entregó un papel a la policía donde figuraba el nombre de un amigo que le iba a ayudar a descubrir al asesino, de pronto los crímenes cesaron. Pero no está claro. En aquella época era muy arriesgado proponer un candidato sin pruebas, y Conan Doyle era demasiado inteligente para implicarse así. Prefirió centrarse en dar publicidad a sus trabajos.

Por un lado, el asesino real y, por otro, el detective de ficción. Nuevamente, el más famoso del mundo todavía hoy;porque de Sherlock Holmes han bebido y beben muchísimos autores.

-Está claro. Quizá hoy gusta menos el detective maestro de la deducción y los lectores y escritores prefieren las historias procedimentales, pero durante muchísimo tiempo esa figura del investigador que lo resuelve todo era maravillosa. En cada época atrae más un tipo de personaje, pero hoy en día Sherlock Holmes sigue vendiendo. Y mucho. Ahí están las series, las películas..., que lo hacen evolucionar y así lo mantienen vivo.

Y los ‘pastiches holmesianos’ que se siguen publicando, como, por ejemplo, el de Carmen Moreno, que el miércoles pasó por Pamplona Negra.

-Se escriben muchos, sí. Y los de Carmen me parecen apasionantes. Es que el universo holmesiano, que apenas está compuesto por cinco personajes, es interminable. Eso sí, es un personaje tan exigente, que o escribes bien los textos o el lector no te lo va a perdonar. Como curiosidad, Kareem Abdul Jabbar escribió una novela sobre Mycroft, el hermano de Sherlock.

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