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Música

El violín y el piano se juntan

Por Teobaldos - Viernes, 19 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:12h

ciclo grandes intérpretes

Intérpretes: Eric Silberger, violín;Kwan Yi, piano. Programa: obras de Mozart, Grieg, Dvorak y Brahms. Programación: ciclo Grandes Intérpretes de la Fundación Gayarre. Fecha: 16 de enero de 2018. Lugar: Teatro Gayarre. Público: Más de media entrada, el habitual del abono.

Ocurre en los conciertos de música de cámara que tanto los intérpretes como lo espectadores han de hacerse a la acústica de la sala;o, más bien adecuar la formación camerística, cada una un mundo muy personal, al ambiente nuevo. De entrada hay que señalar que los dos jóvenes intérpretes que hoy nos ocupan, venidos de culturas y tierras lejanas, son dos buenos conocedores de sus respectivos instrumentos;y que, pasado el allegro moderato de la sonata mozartiana, que abría el concierto, encontraron el equilibrio sonoro entre el violín y el piano;un poco vencido, al principio, hacia el instrumento de teclado. Por eso, y por la propia composición de la sonata, en el movimiento lento, que es el corazón y el punto culminante de toda la obra, comenzamos a apreciar el sonido refinado del violinista, que, desde luego hizo un Mozart sin despeinarse, sirviendo impecablemente las notas, pero algo falto de gracia, o por lo menos con cierta fría estaticidad. Su compañero pianista. Con una digitación pulcrísima, le dio más vuelo a la cosa.

La Sonata número 2 de Grieg cambió a mejor el ambiente: fue equilibrada y poderosa, en ambos instrumentos, desde el principio. Creo que a ambos les va mejor el ir y venir de las sonoridades del romanticismo. Sonata de dedicatorias: Grieg se la dedicó al compositor noruego Svendsen;y el violinista a su profesor de la Juilliard School. Pianista y violinista demostraron siempre una articulación flexible, con una sonoridad cristalina, densa, si, pero no demasiado, aunque su color armónico sea bastante sombrío en su conjunto. Esa claridad en la exposición, fue la clave de un resultado francamente hermoso, con sus amplitudes rapsódicas en el violín, y una conclusión que da al dúo un carácter casi sinfónico.

El Romance de Dvorak que daba paso a la segunda parte, es una bonita trascripción de lo que, en un principio se escribió para violín y orquesta. Mantiene el extraordinario lirismo del violín;y Eric Silberger lo plasmó sin exagerar su calado romántico;quizás no nos hubiera importado un poco más de calor.

Y terminaron el recital con una obra fundamental del repertorio: la Sonata número tresde Brahms. De nuevo, pienso, que el dúo se mueve mejor en estas densidades. El equilibrio entre ambos instrumentos es magnífico, el protagonismo se comparte, la sonoridad es de plenitud, los matices son continuos, con unos tempi por los que transitan ambos con una total complicidad. Kwan Yi controla el piano asumiendo el protagonismo del violín cuando toma el tema. El violinista se arropa en el piano como si fuera la orquesta. Dos estupendos intérpretes. A Eric Silberger lo escuchamos el pasado año por estas fechas con Gergiev;nos gustó su Sarasate. Hoy, vuelve a demostrar la pulcritud de su virtuosismo en el movimiento perpetuo de Paganini -que dio de propina-. No hace falta propina después de Brahms, pero le gusta agradar;lo hizo también con la envolvente canción de Manuel Ponce.

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