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Mujeres y hombres feministas

Por Natxo Barberena - Viernes, 19 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:12h

Cada vez más hombres hemos iniciado el movimiento de liberación por la igualdad de género, un viaje sin retorno hacia el feminismo. Hombres conscientes de que estamos teniendo una serie muy importante de privilegios por el mero hecho de ser hombres. Privilegios a costa de las mujeres, de que ellas asuman responsabilidades de cargas que nosotros, amparados en la cultura y tradición, pasamos de asumir. Este viaje de cambio y transformación de la persona hombre es lento, paulatino, pero firme, guiado y de la mano de la(s) mujer(es) que tenemos al lado. Porque ellas son las que primero tomaron conciencia del sometimiento, de la falta de libertades, de oportunidades y cómo se tenían que hacer cargo de todas las tareas del hogar en exclusividad. El movimiento feminista ha aportado el empoderamiento de la mujer, la toma de conciencia de que cada una de ellas debe ser libre para decidir sobre su propia vida y sobre su propio cuerpo. Los hombres que hemos iniciado este maravilloso viaje estamos apoyando y haciendo nuestras las reivindicaciones de las mujeres por la igualdad.

En su proceso de liberación las mujeres han necesitado tener buenos compañeros de viaje, hombres que se alinearan con su sentir para poder acompañarlas y apoyarlas en esta ruptura social que se proponían. Pero para eso los hombres tenemos que reflexionar y ser conscientes del gran cambio que se avecina, de la revolución social que se está planteando y poniendo sobre la mesa. Una revolución que pretende cambiar las formas de relación entre las personas, entre los hombres y las mujeres. Pero no es una revolución clasista, de las clases medias acomodadas, sino que debe poner en valor: la equidad, el reparto justo de la riqueza, la ecología, las relaciones en igualdad, la solidaridad frente a la competitividad… En definitiva, cambios estructurales tanto en el ámbito público como en el privado, en sus diferentes dimensiones política, social y económica.

¿Qué es lo que pasa en realidad? Que los cambios profundos, bien sean en uno/a mismo/a o en la sociedad, asustan, dan miedo. Y por otro lado cuesta perder los privilegios y cuesta tomar las riendas de la vida sin que nadie nos la tenga que dirigir. Ante este temor a que nos compliquen la vida todavía demasiados hombres y muchas mujeres, o bien se dedican a desprestigiar al feminismo tachándolo de destructivo, de odiar a los hombres, de estar amargadas y enfadadas, de no tener sentido del humor…, o bien asumen el discurso teórico, lo hacen suyo, se lo aprenden pero no lo interiorizan, lo usurpan de manera que cara a la sociedad van de feministas y en lo privado siguen o con sus privilegios intactos en ellos o cargándose con todo en ellas o explotando a otras ellos y ellas.

Chimamanda Ngozi Adichie tiene escrito un libro magnífico titulado Todos deberíamos ser feministas y lo cierra así: “La definición que doy yo es que feminista es todo aquel hombre o mujer que dice: ‘Sí, hay un problema con la situación de género hoy en día y tenemos que solucionarlo, tenemos que mejorar las cosas. Y tenemos que mejorarlo entre todos, hombres y mujeres”. Está ocurriendo muy a menudo que nos dedicamos a resaltar las diferencias, a enfocar el problema desde la confrontación, y eso no nos deja ver las similitudes, lo que nos une a los hombres y a las mujeres que ya llevamos un buen trecho andado y conquistado.

Porque necesitamos a todas y a todos los que están por la labor de romper con el machismo y el patriarcado (forma de organización política, económica, religiosa y social basada en la idea de autoridad y liderazgo del varón, en la que se da el predominio de los hombres sobre las mujeres) y avanzar hacia nuevas formas de convivencia. Los hombres tenemos que dar el paso definitivo y las mujeres, desde su empoderamiento, deben de expresarse cada vez con más libertad y naturalidad. Ambas partes, mujeres y hombres feministas, debemos de reflexionar desde esta mirada transgresora y actuar de manera conjunta poniéndonos en valor frente a la constante manipulación del frentismo inmovilista y que solo se altera ante la violencia extrema.

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