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A Osasuna le ponen el freno en su escalada

DERROTA EN CASA | El Nàstic se lleva los puntos de El Sadar en un encuentro con efectividad y fortuna letales y ayudado por la falta de acierto de los rojillos, que asfixiaron a su rival en el segundo tiempo

Javier Saldise - Patxi Cascante/Mikel Saiz - Viernes, 19 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:12h

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Xisco busca el remate entre defensas del Nàstic y David Rodríguez, a la izquierda.

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  • Xisco busca el remate entre defensas del Nàstic y David Rodríguez, a la izquierda.

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  • Los tarraconenses se inspiraron en la zaga, defendiéndose con uñas y dientes de las acometidas 'rojillas'
  • Los tarraconenses se inspiraron en la zaga, defendiéndose con uñas y dientes de las acometidas 'rojillas'
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Pamplona- Osasuna mejoró su puesta en acción de anteriores encuentros, se mostró intenso y esforzado a la hora de atacar sin desmayo la portería del Nàstic, pero fue su rival quien se llevó los tres puntos. Así de cruel resultó la historia del encuentro aplazado por la nieve. En un partido más que afortunado por parte del equipo catalán, que disparó entre los tres palos en dos ocasiones y firmó los dos goles de la contienda, a los rojillos le echaron el freno en su escalada hacia la zona alta de la clasificación y le emborronaron sus previsiones. Otro disgusto en esta campaña con las miras más altas.

Será difícil encontrar un partido con semejante caudal ofensivo y tal dominio abrumador como el ejercido en la segunda parte frente al Nàstic, y también un encuentro en el que todo lo que se tire a puerta por parte del contrincante se vaya al fondo de la portería. La falta de acierto por parte de Osasuna en los últimos metros -la claridad en la antesala del gol- quizás sea el asunto principal para la explicación de la derrota en este encuentro aplazado en el que se habían puesto muchas esperanzas para sumar por añadidura y que se ha ido por el sumidero sin efectos en la clasificación.

Más allá del desarrollo intenso y conclusión amarga del partido, en la película general de la temporada, Osasuna volvió a pintar una mueca desasosegante en su estadio, en donde no importan los rivales que lleguen porque, del modo que sea, se atraviesan en el final feliz, lo enturbian y van socavando así las posibilidades del equipo, porque se marchan los puntos, se mantienen las dudas y se sufren las distancias. Los aficionados deberán agarrarse a los minutos a fuego de ese Osasuna con bríos y abnegado, al que sólo le faltó marcar, para continuar con la ilusión en esta temporada montada sólo para el ascenso. Quedan un montón de partidos en esta recién iniciada segunda vuelta y a los rojillos les corresponde de todos modos mejorar mucho sus prestaciones en El Sadar, porque fuera se está rindiendo de sobra. Conocidos y a menudo previsibles, el fútbol físico de la Segunda sabe cómo poner remedio a lo que se ofrece en la casa de los rojillos.

El encuentro de las cuentas pendientes por la suspensión y aplazamiento no resultó un añadido en forma de puntos suplementarios. Al contrario, ya el primer tiempo, como lo fue a la postre el balance general del partido, resultó tremendamente injusto para Osasuna que, sin mucho juego, se había puesto las medallas de las ocasiones más claras y de las oportunidades evidentes para haber estado por delante en el marcador. Un disparo al palo de David Rodríguez y un testarazo de Unai García le habían otorgado a Osasuna un aspecto fiero, de equipo próximo a dar el primero un zarpazo. El conjunto de Diego Martínez, sin embargo, no acaba de encontrar el candado de su estadio y en una de sus tradicionales pérdidas de sitio halló el máximo de los castigos. Una lacra que viene penalizando a Osasuna y que se está convirtiendo en un problema sin solución.

A la zaga ya le habían buscado las cosquillas en una jugada con el balón filtrado entre los centrales, en la que también Sergio Herrera anduvo justo en salida y que no se terminó con remate porque no encontró terreno suficiente el atacante del Nàstic para recomponer postura y buscar puerta. A la media hora, las circunstancias sí estaban alineadas a la perfección para el conjunto catalán y, en un calco de la anterior acción, marcar. Osasuna fue sorprendido por otra pelota entre los centrales, al meta también le pillaron fuera de su mejor ubicación y Manu Barreiro, el receptor del balonazo de Kakabadze, firmó un gol intachable.

El castigo impensable espoleó a los hombres de Diego Martínez que atacaron con ímpetu hasta el descanso, firmando muchos centros, acciones por las bandas, pero tornándose a veces también muy previsibles.

En la segunda mitad, Osasuna fue mejorando con los cambios -el debutante Borja Lasso y Rober Ibáñez animaron el despliegue que se estaba montando- y los rojillos protagonizaron uno de los asedios más intensos y exagerados de la historia reciente. Cerca de medio centenar de centros sobre el área y fútbol en una franja de treinta metros, en donde acampó Osasuna y se atrincheró en Nàstic, fue el guión de los 45 minutos. No abundaron las ocasiones -la más clara la tuvo Xisco-, pero sí hicieron lo suficiente los rojillos como para haber marcado más de una vez. Las paradojas del fútbol, la fortuna y el riesgo, hicieron que en el único remate, en el tiempo suplementario, el Nàstic volviera a ver puerta. Un resultado increíble, un frenazo en la escalada, otra piedra en el camino.

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