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Juez de línea

Coitus interruptus

Por Félix Monreal - Viernes, 19 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:12h

Rober Ibáñez lamenta un remate que mandó el balón a la grada.

Rober Ibáñez lamenta un remate que mandó el balón a la grada.

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  • Rober Ibáñez lamenta un remate que mandó el balón a la grada.

“Como el orgasmo, el gol es cada vez menos frecuente en la vida moderna”, escribió Eduardo Galeano en una de sus incursiones literarias en el mundo del fútbol. Hay días en los que un equipo se siente seductor, despliega todos sus encantos, le pone mucha pasión al juego pero no termina por alcanzar el éxtasis. Otras noches, con mucho menos, sin ponerse bonito, más tosco que cariñoso, acaba consumando. La afirmación de Galeano retrata con genio creativo la frustración de Osasuna pero, en el mismo contexto, no sirve para describir la conquista del Nàstic, entre otras cosas porque la literatura tiene herramientas para fabular con el fútbol, para convertirlo en metáforas de amor y de guerra, de vida y de muerte, pero no hay un Premio Cervantes que pueda competir con esa sentencia en cuatro palabras que define el partido de ayer: “El fútbol es así”. Porque la secuencia de lo que le ha pasado a Osasuna en cinco días es un déjà vuy alimenta el debate nunca resuelto entre quienes defienden el efecto práctico de jugar mal y ganar y los que sostienen que la excelencia llega jugando bien aunque el camino quede sembrado de derrotas. Tras las críticas por la pobre exposición futbolística del equipo en Sevilla, Diego Martínez resolvió en la víspera la controversia con esta sentencia: “Haremos lo necesario para ganar”. El enunciado, en sí mismo, parecía prometer una reedición del equipo plano, resultadista y mecanizado. Pero no fue así;lo que Osasuna hizo para intentar ganar fue ponerle ímpetu y ritmo al partido desde el inicio, buscar al rival en su campo, meter muchos balones al área y fabricar tres situaciones claras de gol en media hora. Osasuna lo intentó mil veces por fuera con Clerc (poco atinado en los centros) y en la segunda parte por el costado de Barja. Conforme pasaban los minutos, el entrenador trató de romper por dentro con Lasso la muralla tarraconense. Cuando aparecía el hueco, entonces se agigantaba la figura del portero Dimitrievski. No sé si se puede hacer algo más para intentar ganar o no perder, de lo que estoy seguro es de que mandando en los partidos, disputando con codicia la posesión y acorralando al rival en su área Osasuna puede sufrir algún coitus interruptus, pero con esa actitud llega al orgasmo del ascenso, vaya si llega.

¿En tu casa o en la mía?.- Este Osasuna es un equipo golfo: está más cómodo haciendo lo que quiere fuera de casa que en su papel doméstico, vigilado y exigido por su gente. Los números son irrefutables: el mejor equipo visitante en puntos conseguidos y menos goles recibidos, solo ha ganado cuatro partidos de once disputados en su estadio. En la temporada del ascenso, también con un comportamiento errático como propietario, en esta misma jornada sumaba cinco puntos más en El Sadar. Como el Nàstic -y como Osasuna en Lorca o Sevilla- los equipo se resguardan, esperan la oportunidad y si la consiguen tocan a retirada. Un clásico de la categoría.

Sobreexcitación.- En fin, que Osasuna tuvo un gatillazo en el peor momento, cuando tocaba con sus manos el tercer puesto. Más que prisas, la excitación no se vio acompañada del acierto. Le pasó a Sergio Herrera en los dos goles, a Fran Mérida en los pases filtrados, a David Rodríguez en remates que pegaban en el palo, en un defensa o iban a las manos del portero, a Roberto Torres en su enfado tras ser sustituido... Una sensación rara entre lo que pudo ser y no fue. Galeano también lo describe así: “Me quedo con esa melancolía irremediable que todos sentimos después del amor y al final del partido”.

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