Patxi Goñi Lobera, 16 relatos de altura

Este año fue el Chogolisa pero llegarán más expediciones. En todas el vecino de Lumbier se lleva en el corazón a todo el pueblo y les regala un documental

M. Zozaya Elduayen - Viernes, 19 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:12h

Un sonriente Patxi Goñi posa en su calle de Lumbier, la Abadía, con el cartel de su último viaje y expedición al Chogolisa.

Un sonriente Patxi Goñi posa en su calle de Lumbier, la Abadía, con el cartel de su último viaje y expedición al Chogolisa. (M.ZOZAYA)

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Un sonriente Patxi Goñi posa en su calle de Lumbier, la Abadía, con el cartel de su último viaje y expedición al Chogolisa.

Lumbier- Patxi Goñi es el montañero de Lumbier, el que ha alcanzado las más altas cumbres, uno que va y vuelve para contarlo a su pueblo a través de sus maravillosos documentales con los que desde 1996 ha ido de un local a otro y en todos ha colgado el cartel de “completo”.

Eso de que “nadie es profeta en su tierra” no va con él. Este mendizale tímido tiene poder de convocatoria y no defrauda nunca a sus incondicionales -que viene a ser todo el pueblo-. El que acude a su cita, bien sea por su afición al monte, a la fotografía o a los relatos de su puño y letra, puede ver la muestra de un escritor cargado de sensibilidad que hace sus gestas aún más atractivas.

“Para mí la expedición es también eso, y no acaba hasta que comparto con mi pueblo mi experiencia y sensaciones entre la montaña y sus gentes”, expresa. Añade también que este sentimiento le ha acompañado siempre porque no concibe quedarse para él las maravillas que alcanzan sus ojos y otros no pueden ver. Antes tuvo que vencer su timidez para ponerse delante de todo la vecindad, que se convirtió en el motor para seguir grabando sus expediciones, convertidas ya en un clásico de la agenda cultural navideña, y en uno de los actos más esperados en la localidad.

La mariposa del Chogolisa,la experiencia vivida el pasado verano, ha sido su última y reciente entrega en el cine local, acompañado del grupo expedicionario y amigo, cuando ya no pensaba realizar más proyecciones. “Yo creía que mis vecinos se habían cansado del Karakórum, tres años consecutivos proyectando la cordillera por donde habían transcurrido mis últimas expediciones, me echaba un poco para atrás”. Ésta se la debe a su madre, Maribel Lobera, quién le aseguró: “No puedes dejar de hacerla porque hay mucha gente en el pueblo que la espera”. Y así fue.

ENTREGAAsegura Goñi que el pico Chogolisa es atractivo aunque no sea un ocho mil (7.665 metros) y esté a la sombra de otros colosos en la cordillera del Karakórum de Pakistán. Esto era para él también un estímulo. “Creía que gustaría, y además, siempre quiero ofrecer todo lo que veo, porque para mí no es solo hacer la montaña, si no poder reflejar los pueblos que atravieso y sus gentes, dar a conocer sus formas de vida sin cortapisas”, expresa.

Es la libertad total de compartir con los suyos un sentimiento que le acompaña en cada expedición desde los primeros momentos, cuando pasea la bandera de Lumbier o el pañuelo rojo por el campamento. “Yo lo vivo así como una filosofía de vida en las montañas, que va más allá de hacer cumbre, y me llevo a mi gente conmigo”.

Y es este sentimiento el que le lleva a grabar, con sus posibilidades y la dificultad que entraña escalar y filmar a la vez, para acercar sus retos y emociones de vida y de muerte a Lumbier, origen del que presume con humildad.

Los lejanos pueblos, las noches estrelladas, las altas cumbres, la misma montaña con distinta luz, el esfuerzo, la intimidad del reducido espacio, la suerte y la amistad llegaron el sábado de vuelta a casa con este narrador de su propia experiencia, acompañado de sus compañeros de expedición, “que ya son amigos”, compañeros de experiencias singulares como ver algo tan delicado como una mariposa a 6.500 metros de altura, un flash en la complicidad de la montaña y su magia.

Goñi se sintió pronto atraído por ella. Quien ha alcanzado el techo del mundo (Everest, 2001) y otras muchas montañas preciosas y grandes, tenía trece años cuando hizo su primera ascensión al Pirineo desde Lumbier, de la mano de quienes no olvida: Carmelo Burguete, Javier Burguete y José Luis Irigoyen. “Me abrieron las puertas del Pirineo”, reconoce, mientras asegura haberse sentido empujado por lo lejano y lo inalcanzable y entonces, se dijo a sí mismo: “Algún día subiré todas estas montañas que veo desde aquí”. Y con eso lleva 40 años, combinando su afición con su trabajo en la empresa Frenalsa, que le da de comer desde hace tres décadas y hace posible que viva todas esas aventuras en las montañas y sus cumbres. “También el Ayuntamiento de Lumbier, que me ha respaldado siempre de una forma u otra, y eso es de agradecer”, recalca.

Para él la montaña lo es todo y reconoce que el compromiso que él mismo ha establecido con su pueblo sería completo con la transmisión de esa gran afición entregándose a la práctica como quien tira del resto de deportes, bien sea fútbol o pelota. “Podría hacerlo, pero siento respeto y no me veo como guía, si no más bien como un eterno aprendiz de la montaña”.

En la trayectoria de quien tiene un importante palmarés de las cimas del mundo no pasan desapercibidos los inevitables grandes cambios en el tiempo, como el climático, “que hace muy complicado hacer cumbre en el Karakórum”, o la transformación de las expediciones, “que ya no son de cuadrillas de amigos si no de individuos que se juntan para hacer turismo de montaña”.

Él sabe bien lo que dice cuando afirma que “la amistad está por encima de cualquier cumbre”, y de ella se acompañará en su próxima aventura al Manaslu. Será en el otoño, con su amigo catalán Barraca. En Lumbier ya lo saben, y lo esperan: habrá película.