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Alexis Ravelo escritor

“Gracias a que escribo las novelas de Eladio Monroy me ahorro salir a la calle pegando gritos”

El escritor canario ofrecerá hoy, a partir de las 12.00 horas, una clase magistral sobre la estructura y la composición novelística. Un buen plan criminal

Una entrevista de Ana Oliveira Lizarribar Fotografía Chiqui García - Sábado, 20 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:12h

Alex Ravelo.

Alex Ravelo. (Chiqui García)

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  • Alex Ravelo.

pamplona- Durante la conversación telefónica mantenida hace unos días, Ravelo (Las Palmas de Gran Canaria, 1971) insiste en que no es ningún maestro, pero reconoce que sí, que “sí que tengo ya una cierta experiencia, porque tengo unos cuantos libros publicados” y algo puede contar al público que se acerque hoy a escucharle. Y estalla en risas cuando la entrevistadora mete la pata y le llama por el nombre de su personaje fetiche, Eladio Monroy. “No es la primera vez que me pasa”, confiesa entre carcajadas.

¿Tiene ganas de volver al frío de Pamplona en enero?

-Tengo muchísimas ganas. Para mí ir a Pamplona siempre es un gustazo no solo porque la ciudad es maravilloso, sino por el personal que se mueve por ahí, que es encantador y siempre me trata como si estuviera en casa. Además, este año he encargado nieve, a ver si me la ponen por fin (ríe).

Viene a ofrecer una clase magistral sobre estructura novelística, ¿qué plan criminal pretende perpetrar sobre el escenario de Baluarte?

-Lo primero que pretendo es que la gente venga, por eso lo hemos llamadomaster class (ríe). Yo no soy ningún maestro, soy un artesano y como tal voy a explicar algunas de las técnicas que uso para trabajar. No creo en ese mito del escritor que espera a que llegue la inspiración. No creo en las musas, creo en las mesas, en las de trabajo, así que explicaré algunas de esas técnicas para forzar la inspiración, para crear argumentos a partir de cualquier anécdota. Y vamos a ver cómo se va creando un argumento, una sinopsis, una estructura, el pequeño armazón de una novela;cómo se eligen puntos de vista adecuados... Y espero que nos dé tiempo a la parte que considero más importante.

¿A saber?

-Para mí es la parte de la composición novelística;cómo a través de todos los materiales que utilizamos para la novela al final logramos que esa estructura no se vea (ríe). Cuando te pones a mover, a corregir, a eliminar capítulos de transición... Todas estas cosas hacen que la novela tenga un acabado y que el texto sea fácil de leer y difícil de entender en último término. Soy de los que creen que cuando un texto es difícil de leer es que se ha escrito muy fácilmente, y que cuando los textos se leen con mucha facilidad es porque tienen muchísimo trabajo detrás. Y ese trabajo cada uno lo hace a su manera. Yo no me considero ningún maestro, pero sí que tengo ya cierta experiencia porque he publicado unos cuantos libros (ríe). Lo que voy a mostrar es cómo funciono yo en la cocina para que luego el texto sea plato de buen gusto.

¿Y cómo es la cocina de Alexis Ravelo, ordenada, caótica...?

-Es muy caótica, pero, como tiendo a ser muy indisciplinado, lo que hago es ponerme unos ciertos horarios de trabajo. Y sí que me gusta planear el trabajo antes de ponerme a escribir. Me interesa mucho cómo surge una historia y las historias suelen surgir de pequeñas anécdotas que nos han sucedido a nosotros, a personas cercanas o incluso a alguien a quien no conocemos. En la clase veremos cómo de una pequeña noticia, uno de esos sueltos que aparecen en el periódico, puede surgir un buen argumento. Se trata de coger las anécdotas o esas pequeñas noticias y cruzarlas con ideas que nos formamos a través de los textos que leemos o de las cosas que pensamos sobre fenómenos menos pegados al tiempo y al espacio. Y despojarlas de sus coordenadas espacio temporales para ver qué tienen de universales, qué nos pueden contar sobre el mundo y sobre la condición humana.

Pues le diremos al público que vaya a Baluarte con ganas de proponerte ideas, temas...

-¡Claro! Yo no soy de hacer monólogos, aunque hablo mucho (ríe). En algunos momentos iré provocando la participación del público. Y como esa es la parte que improvisaremos, saldrá bien o mal, pero en todo caso será interesante. Lo que sí les pediría es que no fueran ya con ideas hechas, sino que se dejaran llevar durante la sesión.

Acaba de publicar la novela ‘El peor de los tiempos’, con la que recupera al emblemático Eladio Monroy. ¿Necesitaba dejarle descansar durante un tiempo para volver a él con más ganas, más fresco?

-Me había tomado unas vacaciones de Eladio Monroy. Muchos autores nos tomamos nuestra profesión como un proceso de aprendizaje y yo había dejado un poco a Eladio para poder aprender y hacer cosas nuevas. Aunque él siempre está ahí, como el tono y los personajes ya existen no me provoca grandes angustias formales, y al mismo tiempo me sirve para descargar mucha rabia y muchos cabreos cotidianos que me cojo con lo que está pasando en este país. Así que cada par de años necesito parar, volver a Eladio Monroy y descargarme (ríe). Me lo paso muy bien escribiendo estas novelas la verdad.

En ese sentido, dar vida a una nueva peripecia de Eladio es como una terapia para Alexis Ravelo.

-Es una terapia absoluta. Gracias a que escribo esas novelas, me ahorro salir a la calle pegando gritos.

Recuérdenos cómo nació este marinero retirado tan ajeno a los cánones de la novela negra.

-Lo cierto es que nació como una parodia del género. Estaba intentando escribir una novela desde hacía mucho tiempo, había publicado libros de relatos, pero no me salía una buena novela. Y un día me relajé y pensé en hacer una especie de parodia del género negro, por eso Eladio Monroy es tan cutre como Tony Romano, lleva libros en los bolsillos como Méndez, cocina, pero platos cutres, no como los que prefería Pepe Carvalho. Eladio hace unos calamares compuestos, una ropa vieja con pulpo, que son los que hago yo en mi casa (ríe). De alguna manera, tiene algo de todos esos personajes, y, además, como es esencialmente canario, no podía ser un detective legal (ríe). Trabaja en la economía sumergida y todo lo hace bajo cuerda. Por otro lado, es un hombre que pertenece a una ciudad de Las Palmas que ya está desapareciendo, la de esos tipos duros, bragados, pero a la vez tiernos. Eladio fue surgiendo así, a cachitos. Y, justamente, una de las cosas de las que vamos a hablar en Pamplona Negra es de que hay variables que no puedes controlar. Cuando escribí Tres funerales para Eladio Monroy, la planteé como una novela autoconclusiva, que se iba a quedar ahí. Sin embargo, el personaje tuvo incluso más éxito que la novela, y entonces me di cuenta de que era un personaje potentísimo y de que necesitaba seguir trabajando en él. Y ahí sigue. Ahora ya tiene vida propia, se ha abierto una cuenta de Facebook y me insulta desde ella (ríe).

¿Qué ha aprendido Alexis de Eladio durante estos años?

-Me gusta mucho la pregunta porque la gente normalmente me pregunta qué tiene Eladio de Alexis, cuando lo cierto es que no nos parecemos casi nada. Pero de Eladio Monroy yo sí he ido aprendiendo la tolerancia. En principio nació como uno de esos machos de antes que tenía las ideas muy claras, que no se iban a volver locos pensando más allá, pero a lo largo de la serie se va encontrando con realidades que no tienen nada que ver con la suya y que se le presentan a través de personas que son muy diferentes y que él acaba queriendo, comprendiendo y tolerando. Yo he aprendido mucho en ese sentido. Saber ponerse en el lugar de alguien muy distinto y comprenderlo y quererlo es algo que Eladio aprende a través de la saga y yo a través de Eladio. Quizá sea también una cosa de madurez.

En ‘El peor de los tiempos’, Eladio parte de una situación plácida, más o menos feliz, pero la amargura vuelve cuando un amigo le pide que busque a su hija y debe adentrarse en mundo sórdido, de abuso de poder...

-En realidad, la novela tiene un comienzo muy clásico: alguien te pide que busques a una chica que está perdida. El padre es un viejo amigo de Eladio y acepta el encargo, pero, claro, pronto se irá dando cuenta de que esa chica había caído en oficios muy viejos de este mundo y en muy viejas formas de opresión durante los mismos años en los que él estaba con su hija, la pareja de esta y su novia, Gloria, pensando que este país iba a cambiar, que otro mundo era posible. De ahí también el título del libro, en el momento en que él pensaba que nos dirigíamos hacia el mejor de los tiempos, se da cuenta de que no, de que estamos en el peor de los tiempos, de que hemos perdido muchísimas oportunidades. Esa es una reflexión muy amarga que hay en la novela. Quizá en la Edad Media se vivía peor, pero nosotros tenemos la oportunidad que el mundo sea mejor y estamos dejándola pasar.

La novela es un reflejo profundo de lo que ha sucedido en este país en los últimos años.

-Claro. Si piensas en el 15-M,en todas las ilusiones que teníamos... Creíamos que la democracia podía avanzar y que todo fuera más justo, más claro, más nítido;podíamos haber revisado el modelo... Y al final no lo hemos hecho o lo hemos hecho para peor. Esa transparencia y limpieza de las que hablábamos se han convertido en palabras vacías. Y eso genera amargura.

En ese sentido, esta y otras de sus novelas son, aunque desde la ficción, crónicas de nuestros tiempos.

-Sí, acaban convirtiéndose en crónicas. No me había dado cuenta, pero antes de escribir esta novela me releí las anteriores y me di cuenta de que iban contando este país. La primera, Los tres funerales de Eladio Monroy, se escribió en 2005 y entonces ya se hablaba de cómo se especulaba con el terreno, cómo íbamos a acabar creando una burbuja. Ya había muchos economistas que nos avisaban de lo que iba a ocurrir y ocurrió. En Los tipos duros no leenpoesía, que coincidió con los primeros casos gordos de corrupción, se hablaba de blanqueo de capitales y de financiación de partidos políticos, y Morir despacio(2012) acaba con Eladio Monroy metiéndose en una manifestación de yayoflautas. Decide salir de ese cinismo esencial tan suyo y a través de su hija, su nuera y su pareja se implica en esa lucha que luego, cuando le toque investigar dónde está la chica desaparecida de esta última novela, le hará sentirse bastante imbécil.

En esa búsqueda de justicia, Eladio cae de nuevo en la oscuridad.

-En toda buena historia siempre hay un descenso al infierno. Orfeo debe bajar para encontrar a Eurídice. En la búsqueda que emprende Eladio en este caso va a haber mucha oscuridad, muchísima tristeza y mucha violencia. Siempre digo que en mis novelas hay mucha violencia física, y no olvidemos que el lector la pide, pero toda esa violencia física no es más que una metáfora de la violencia estructural que recorre nuestra sociedad y nuestro sistema. Digamos que el personaje baja al infierno cuando a través de esa violencia física acaba viendo con claridad esa violencia estructural. Por eso creo que la violencia funciona como un cuchillo que rasga el velo de la ideología y nos permite ver lo que hay por debajo.

Hay violencia y oscuridad, pero siempre hay humor en esta saga.

-Siempre. Fue surgiendo por una necesidad de equilibrio con las tramas tan duras. En las novelas de Eladio están los malotes, que suelen ser personas privilegiadas y abusonas, y luego siempre están él y su entorno. Su entorno es el de los barrios populares donde yo mismo he vivido, con gente muy solidaria que hace cosas tan sencillas como llevarle un tupper a un vecino cuando le sobra comida. Es un entorno socarrón que está todo el día haciéndose bromas. Es mi realidad diaria en Las Palmas;allí estamos todo el día de guasa. Siempre suelto el chiste de la hiena para explicar cómo somos los canarios: “Come carroña, fornica una vez al año y nadie sabe de qué se ríe” (Ríe). Nuestro sentido del humor está ya en la obra de Galdós.

las claves

bibliografía

Novelas. Tres funerales para Eladio Monroy (2006), La noche de piedra (2007), Sólo los muertos (2008), Los días de mercurio (La iniquidad II),2010, Los tipos duros no leen poesía (2011), Morir despacio (2012), La estrategia del pequinés (2013),La última tumba(2013), Las flores no sangran (2015), La otra vida de Ned Blackbird (2016) y Los milagros prohibidos(2017).

“Cuando un texto es difícil de leer es que se ha escrito fácilmente, y cuando los textos se leen con facilidad es porque tienen mucho trabajo detrás”

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