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Editorial de DIARIO DE NOTICIAS

Persecución ideológica, purga laboral

Iberia despide a Patxi Zamora, portavoz de Kontuz!, después de que como auxiliar de vuelo la Guardia Civil le privase de la tarjeta aeroportuaria. La ausencia de motivación de la retirada apunta a una maniobra política

Sábado, 20 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:11h

Patxi Zamora, la figura más reconocida de la asociación Kontuz! que lideró las denuncias judiciales por el proceso de demolición de Caja Navarra, ha sido despedido por Iberia tras más de treinta años de trabajo como auxiliar de vuelo ante la retirada por la Guardia Civil de la tarjeta aeroportuaria, imprescindible para su desempeño profesional. Según acreditó ayer el que fuera también candidato al Senado por la plataforma Cambio-Aldaketa, la declaración de “no apto” para privarle de la credencial carece de cualquier expediente que fundamente el cambio de criterio pese a la insistencia en que se motivase al no haber mediado ninguna modificación relevante de las circunstancias laborales y personales. Hasta el punto de que Iberia lo mantuvo durante dos meses en nómina aun cuando no podía volar durante ese tiempo. Zamora, arropado ayer por miembros de Kontuz!, dijo sentirse víctima de una persecución ideológica materializada en una purga con un impulso netamente político, una hipótesis tan verosímil como que ya ha buscado el amparo de los tribunales, tanto en lo que atañe al contencioso laboral como a través de una demanda contra el Ministerio del Interior por vulneración de derechos fundamentales. Ciertamente, la arbitrariedad de la que ha sido objeto Zamora, víctima además de una clamorosa indefensión, apunta a una maniobra de la peor ralea ejecutada desde las más altas instancias del Estado pero previsiblemente instigada desde Navarra con un manifiesto abuso de poder. Además de por la imposibilidad fáctica de revertir el proceso antes de concretarse el despido, porque Zamora y Kontuz! se ven ahora obligados a pleitear, con recursos económicos privados y en consecuencia limitados, contra unas estructuras poderosas e influyentes. La trascendencia de este caso excede como resulta obvio las penalidades de Zamora como individuo, pues se trata de responder al hostigamiento al discrepante, a cualquier viso de acoso a quien se enfrenta al poder político y financiero con los medios lícitos a su alcance, al margen de que se compartan o no los argumentos esgrimidos. Tras este turbio asunto cabe vislumbrar asimismo un impacto ejemplarizante para quienes en el futuro pretendan situar bajo el foco comportamientos poco edificantes desde la perspectiva ética o directamente delictivos aun en grado de presunción, un afán perverso al que debe responderse con firmeza también desde la política, llegado el caso hasta con la intervención de las instituciones.

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