El precio de la soberanía

Miguel A. Castro Catalán - Domingo, 21 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:11h

En nuestra Europa actual comienza a perfilarse el riesgo de que regiones que históricamente no han podido defender su soberanía se aprovechen de un escenario inédito, en el que la violencia ya no es una opción, para conseguir una independencia que les resulte económicamente rentable, por tratarse de regiones más ricas que la media regional del país bajo cuyo amparo han podido prosperar.

¿Es justo que se aprovechen de la buena voluntad pacifista a la que tendemos para acceder a una posición todavía más económicamente rentable? ¿Cómo puede Europa protegerse de fragmentaciones que, lejos de ser afines al espíritu europeísta, anteponen sus propios intereses a la gobernabilidad comunitaria?

Europa debe reaccionar a estas tendencias, y no con verborrea, sino con normas por escrito, que como mínimo desarmen el incentivo lucrativo de las que pretendan ser nuevas naciones. La voluntad secesionista debería pagar un precio si quiere continuar formando parte de la comunidad. Es preciso que los nuevos estados no solo queden fuera automáticamente de la UE, sino que su reincorporación suponga un aporte regular a los fondos de cohesión considerablemente superior a lo que dichas regiones aportaban a las naciones que las acogían.

Los nacionalismos son la guerra, y si quieren integrarse en nuestro mundo, qué menos que exigirles que paguen por lo menos con dinero la soberanía que nuestros antepasados pagaron con su sangre.